A cuatro años de que se cumpla el plazo para alcanzar las metas globales de biodiversidad, representantes de gobiernos, pueblos indígenas, comunidades locales, mujeres, jóvenes y otros sectores reconocieron en China que el mundo no está actuando a la velocidad ni a la escala necesarias para frenar la pérdida de biodiversidad.
La alerta surgió en el Diálogo de Kunming, realizado del 7 al 9 de septiembre en China, como antesala de la COP 17 de Biodiversidad, que se celebrará del 19 al 30 de octubre en Ereván, Armenia.
El encuentro tuvo un objetivo central: identificar qué está impidiendo que los países cumplan el Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal, adoptado en 2022 y que establece metas para detener y revertir la pérdida de biodiversidad hacia 2030.
El problema es que el planeta ya se encuentra a mitad del camino y el avance no corresponde con la magnitud del desafío.
Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, advirtió que colectivamente el mundo no se está moviendo con la escala ni el ritmo necesarios.
Por ello, el llamado surgido de Kunming es acelerar la acción y cerrar las brechas que todavía separan los compromisos internacionales de las políticas y acciones concretas.
No es sólo un problema ambiental
Uno de los puntos centrales del diálogo fue reconocer que la pérdida de biodiversidad no puede enfrentarse únicamente desde los ministerios de medio ambiente.
La transformación debe involucrar a todo el gobierno y a toda la sociedad.
Entre los principales obstáculos identificados están la falta de cobertura de las acciones nacionales, la lentitud en la implementación, la insuficiencia de recursos financieros, las limitaciones tecnológicas y de capacidades, así como la falta de datos y conocimiento para medir adecuadamente los avances.
En otras palabras, el mundo tiene objetivos, pero todavía existen enormes dificultades para convertirlos en resultados medibles.
El diálogo planteó que, de aquí a 2030, los países deberían concentrarse particularmente en las metas que presentan mayores rezagos y en aquellas relacionadas con las causas indirectas de la pérdida de biodiversidad.
El dinero también es parte del problema
Uno de los puntos más sensibles fue el financiamiento.
Los participantes reconocieron que los recursos destinados a implementar el Marco Mundial de Biodiversidad todavía están lejos de la escala necesaria.
Además, la dependencia de financiamiento de corto plazo dificulta que gobiernos y comunidades puedan diseñar estrategias de largo alcance.
Por ello, el encuentro planteó la necesidad de movilizar más recursos públicos y privados, así como fortalecer capacidades y facilitar el acceso a tecnología.
También se puso sobre la mesa una medida particularmente relevante: reformar los subsidios que resultan perjudiciales para la biodiversidad.
La lógica es sencilla: no basta con aumentar el dinero destinado a proteger la naturaleza si, al mismo tiempo, existen políticas económicas que continúan incentivando actividades que degradan ecosistemas.
La naturaleza también necesita un caso de negocio
Otro de los planteamientos del diálogo fue fortalecer el llamado “caso de negocio” de la biodiversidad.
Esto significa demostrar con mayor claridad que proteger los ecosistemas no es únicamente una obligación ambiental, sino también una decisión económica.
Los bosques, océanos, suelos, polinizadores y otros ecosistemas sostienen actividades productivas, alimentos, agua y múltiples servicios indispensables para las sociedades.
Por ello, una de las tareas pendientes es traducir los conceptos del Marco Mundial de Biodiversidad a un lenguaje que puedan comprender y utilizar gobiernos, empresas y ciudadanos.
De Kunming a Ereván
Las conclusiones del diálogo serán incorporadas al proceso que culminará en la COP 17, donde los países realizarán la primera revisión global del avance colectivo hacia las metas de 2030.
La reunión tendrá lugar en Ereván bajo el lema “Taking Action for Nature”, y buscará convertir la revisión de los avances en una oportunidad para acelerar la implementación.
El ministro de Medio Ambiente de Armenia y presidente designado de la COP 17, Hambardzum Matevosyan, resumió el desafío con una idea central: el camino de Kunming a Ereván debe ser un camino del compromiso a la implementación.
Y esa transición será determinante.
Porque la cuenta regresiva hacia 2030 ya está en marcha.
El mundo tiene un marco internacional, metas y compromisos. Lo que ahora falta es convertirlos, a una velocidad mucho mayor, en políticas, financiamiento y acciones capaces de detener la pérdida de biodiversidad.
La COP 17 será, por ello, algo más que otra reunión internacional: será una prueba para determinar si los compromisos asumidos para proteger la naturaleza pueden convertirse finalmente en resultados concretos.



