La inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar que va más allá de las tareas escolares, laborales o de búsqueda de información. En México, 18 por ciento de los jóvenes de la Generación Z considera a la IA como una “amiga”, con la que puede mantener conversaciones casuales o buscar apoyo emocional, de acuerdo con un estudio de Kaspersky.
El dato forma parte de una investigación realizada en marzo de 2026 por el centro de investigación de mercados de la empresa de ciberseguridad, con 7 mil 200 participantes de 18 países, entre ellos México, Brasil y Colombia. A escala global, 27 por ciento de los integrantes de la Generación Z encuestados dijo utilizar la IA como una amiga, mientras que en América Latina la proporción fue de 22 por ciento.
En México, esta relación también se refleja en el tipo de conversaciones que mantienen los jóvenes con estas herramientas: 21 por ciento señaló que recurre a la IA para plantear preguntas o hablar de asuntos que preferiría no compartir con otras personas.
El resultado apunta a un cambio en la forma en que algunos jóvenes se relacionan con los sistemas conversacionales: dejan de ser únicamente herramientas para obtener información o realizar una tarea y comienzan a convertirse en espacios de conversación, compañía o apoyo.
La IA ya forma parte de la rutina
La relación cotidiana con estas tecnologías también es cada vez más frecuente.
Según el estudio, 30 por ciento de los jóvenes mexicanos de la Generación Z utiliza inteligencia artificial todos los días o casi todos los días.
Los principales usos siguen siendo funcionales. El 58 por ciento recurre a ella para buscar información; 50 por ciento, para estudiar; 46 por ciento, para generar ideas, y 39 por ciento, para actividades relacionadas con el trabajo, como analizar información, escribir o preparar reportes.
A escala internacional, la Generación Z es el grupo que utiliza con mayor frecuencia estas herramientas: 47 por ciento de los jóvenes encuestados por Kaspersky dijo utilizar IA diariamente o casi todos los días. Sus principales usos fueron buscar información, estudiar, generar ideas y trabajar.
La diferencia entre los usos prácticos y los personales resulta significativa. Mientras una consulta para encontrar información o generar un texto mantiene una relación relativamente instrumental con la tecnología, recurrir a ella para hablar de asuntos que no se compartirían con otras personas introduce una dimensión de confianza y privacidad.
La confianza crece más rápido que la protección
El estudio encontró, sin embargo, que la adopción de estas herramientas no está acompañada por hábitos constantes de seguridad digital.
En México, sólo 41 por ciento de los jóvenes afirma que siempre toma medidas de protección cuando utiliza servicios de IA, como verificar las respuestas con otras fuentes confiables o evitar compartir información confidencial o sensible.
Otro 54 por ciento dijo que adopta esas precauciones sólo algunas veces, mientras que 5 por ciento reconoció que nunca lo hace.
Para Kaspersky, esta diferencia adquiere mayor importancia conforme la inteligencia artificial se incorpora a decisiones personales y conversaciones cada vez más íntimas.
Una interacción que comienza como una conversación informal puede terminar incluyendo documentos personales, contraseñas, información financiera, datos relacionados con la salud o mensajes privados. También existe el riesgo de confiar en una respuesta incorrecta o de utilizar aplicaciones falsas que imitan servicios legítimos de inteligencia artificial.
“El riesgo no está únicamente en revelar un dato sensible, sino también en confiar demasiado en una respuesta, tomar decisiones sin verificarla”, señaló María Isabel Manjarrez, investigadora sénior de Seguridad para América Latina del Equipo Global de Investigación y Análisis de Kaspersky.
Cuando una herramienta comienza a sentirse como una persona
El fenómeno plantea un desafío que va más allá de la ciberseguridad.
Los sistemas conversacionales están diseñados para responder de manera natural, mantener el contexto de una conversación y adaptar sus respuestas a las preguntas del usuario. Esa interacción puede generar una sensación de cercanía que hace más fácil olvidar que del otro lado no existe una persona, sino un servicio tecnológico.
Kaspersky advierte que la familiaridad puede llevar a reducir las precauciones justo cuando aumenta la cantidad y sensibilidad de la información compartida. Por ello, recomienda verificar las respuestas de la IA, evitar proporcionar datos confidenciales y mantener protegidos los dispositivos utilizados para acceder a estos servicios.
El estudio muestra así una transformación en curso: la inteligencia artificial ya no sólo está entrando en la escuela y el trabajo; para una parte de los jóvenes también está entrando en el espacio de las relaciones personales.
El dato mexicano —18 por ciento de la Generación Z que considera a la IA una “amiga”— todavía representa a una minoría. Pero combinado con el uso cotidiano de estas herramientas y con la disposición de algunos jóvenes a compartir información que no contarían a otras personas, muestra que la relación entre humanos e inteligencia artificial está adquiriendo una dimensión que hasta hace pocos años era difícil de imaginar.



