En México, 44.3% de la población en edad productiva no participa en el mercado laboral. De este porcentaje, 42.8% permanece fuera del empleo sin buscar trabajo y 1.5% intenta incorporarse a una actividad remunerada, de acuerdo con el estudio Retos de la inserción y reinserción laboral, elaborado por el Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD) de IPADE Business School y Afore SURA.
La brecha entre hombres y mujeres es considerable: alrededor de 70% de los hombres tiene un trabajo remunerado, frente a 43% de las mujeres. La maternidad también influye en las oportunidades de empleo: 45.2% de las mujeres con hijos está ocupada, mientras que entre quienes no tienen hijos la proporción es de 38.3%.
El número de hijos es otro factor. Entre las mujeres con uno o dos hijos, la participación en el mercado laboral supera ligeramente a la proporción de quienes no trabajan ni buscan empleo; sin embargo, a partir de tres hijos predomina la población femenina fuera del mercado laboral.
El estudio identifica que las mujeres con hijos que buscan reincorporarse al trabajo cuentan, en mayor proporción, con experiencia profesional previa: 67% ha trabajado anteriormente, frente a 55% de los hombres y 22% de las mujeres sin hijos.
Entre los principales obstáculos para regresar al empleo se encuentran las interrupciones profesionales, la percepción de las empresas de que las competencias de las candidatas están desactualizadas, la falta de flexibilidad laboral y la pérdida de confianza en sus propias capacidades.
Yvette Mucharraz y Cano, directora del CIMAD y profesora del área de Dirección de Personal de IPADE, explicó que la falta de esquemas públicos y privados de apoyo para las responsabilidades de cuidado representa 54.5% de las razones adicionales por las que las mujeres con hijos no buscan empleo.
Estas barreras se presentan en un mercado laboral con desafíos estructurales. El estudio Trabajo decente en México, 2005-2026: Análisis comparativo por sexo, elaborado también por el CIMAD en alianza con Afore SURA, señala que la relación empleo-población se ha mantenido prácticamente sin cambios durante dos décadas y se ubicó en 57.2% en 2026.
La informalidad laboral constituye otro problema: durante el periodo analizado promedió 57.1%, con una incidencia de 57.7% entre las mujeres y 56.8% entre los hombres.
En cuanto a la pobreza laboral de las personas ocupadas, el promedio fue de 35.4%, aunque la proporción fue mayor entre los hombres, con 37.6%, frente a 31.8% de las mujeres.
Las desigualdades en la participación y permanencia en el empleo también tienen consecuencias para el retiro. El análisis estima que una persona que cotizara durante 50 años, bajo las condiciones actuales, acumularía en promedio 10.7 años de aportaciones, equivalentes a 555 semanas.
La diferencia por sexo es significativa: los hombres alcanzarían 685 semanas de cotización, mientras que las mujeres acumularían 441.
Aunque la brecha entre ambos grupos se ha reducido en las últimas dos décadas, continúa siendo amplia. La relación entre los años esperados de cotización de hombres y mujeres pasó de 1.95 en 2005 a 1.55 en 2026.
La investigación identifica que la menor participación femenina en el mercado laboral es el principal factor que explica esta diferencia, por encima de las desigualdades de cobertura entre las personas que sí cuentan con empleo.
Emilio Bertrán, director general de Afore SURA, señaló que las oportunidades de participación, permanencia y reinserción laboral tienen un impacto directo en el bienestar financiero de largo plazo y en las posibilidades de acceder a una pensión.
Ambos estudios plantean la necesidad de que las organizaciones faciliten la reincorporación de las mujeres mediante el reconocimiento de su experiencia, la actualización de competencias y esquemas de trabajo que permitan conciliar las responsabilidades laborales y de cuidado.




