En el marco del Día Internacional de la Neuralgia, las nuevas recomendaciones de la American Academy of Neurology y la American Headache Society ponen el foco en la prevención de la migraña y en la necesidad de individualizar el tratamiento para cada paciente.
La migraña no es simplemente un dolor de cabeza intenso. Para millones de personas representa una enfermedad neurológica que puede interferir de manera importante con el trabajo, la vida familiar, el descanso y la calidad de vida. Y cuando las crisis son frecuentes, la estrategia médica puede ir más allá de tratar el dolor cuando aparece: también es posible prevenirlo.
En sus nuevas guías sobre tratamiento farmacológico preventivo de la migraña en adultos, la American Academy of Neurology (AAN) y la American Headache Society (AHS) actualizan las recomendaciones sobre los medicamentos que han demostrado reducir la frecuencia de las crisis y mejorar la calidad de vida.
Uno de los puntos centrales es que la prevención debe individualizarse. La decisión de iniciar un tratamiento depende de factores como la frecuencia y gravedad de las crisis, los síntomas asociados, el grado de discapacidad, las enfermedades que acompañan al paciente, los posibles efectos adversos y, de manera fundamental, sus preferencias.
Las guías sugieren considerar el inicio de un tratamiento preventivo cuando una persona presenta más de cuatro días de migraña al mes o más de cuatro episodios moderados a graves mensuales.
Nuevas opciones para prevenir las crisis
Entre los tratamientos que muestran mayor eficacia para la migraña episódica se encuentran atogepant, eptinezumab, erenumab, fremanezumab, galcanezumab, propranolol, topiramato y valproato.
Para la migraña crónica, las recomendaciones incluyen atogepant, eptinezumab, erenumab, fremanezumab, galcanezumab, topiramato y valproato.
Un aspecto relevante es que las nuevas recomendaciones no se enfocan únicamente en qué medicamento funciona mejor. También consideran qué tratamiento es mejor tolerado, cuál puede utilizarse a largo plazo y cuál resulta económicamente accesible para cada paciente.
En este sentido, los anticuerpos monoclonales dirigidos contra el péptido relacionado con el gen de la calcitonina, conocido como CGRP, así como algunos medicamentos que actúan sobre esta vía, han ampliado las alternativas disponibles para la prevención de la migraña.
Para pacientes que priorizan la tolerabilidad, las guías destacan varios de estos tratamientos y, en el caso de la migraña crónica, también consideran la toxina botulínica tipo A.
Cuando el tratamiento debe mantenerse durante años
La prevención también plantea una pregunta importante: ¿cuánto tiempo debe mantenerse un tratamiento que funciona?
Las nuevas recomendaciones señalan que existe evidencia limitada sobre lo que ocurre con la frecuencia de las crisis después de suspender un tratamiento preventivo, particularmente después de seis meses.
Por ello, la decisión de reducir o suspender la medicación debe analizarse de manera individual y considerando los posibles riesgos de que las crisis vuelvan a aumentar.
Embarazo: un escenario que requiere especial cuidado
Uno de los apartados que adquiere especial relevancia para las mujeres en edad reproductiva es el embarazo.
Las guías recomiendan evitar medicamentos potencialmente teratogénicos, entre ellos topiramato y valproato, en mujeres embarazadas o que planean un embarazo.
En estos casos, las estrategias no farmacológicas cobran especial importancia: ejercicio, intervenciones conductuales, identificación y manejo de los factores que desencadenan las crisis y otras alternativas terapéuticas.
También pueden considerarse determinados medicamentos, como nifedipino, metoprolol, propranolol o amitriptilina, dependiendo de las características de cada paciente. En casos seleccionados de migraña crónica puede valorarse incluso la toxina botulínica, siempre mediante una evaluación individual de riesgos y beneficios.
En adultos mayores, menos puede ser más
La edad también modifica la estrategia terapéutica.
En los adultos mayores deben considerarse factores como la función renal y hepática, el riesgo vascular y las posibles interacciones entre los medicamentos utilizados para controlar la migraña y aquellos prescritos para otras enfermedades.
Por ello, cuando un tratamiento pueda provocar sedación o disminución de la presión arterial, las guías sugieren comenzar con dosis bajas y realizar una titulación cuidadosa.
Prevenir también cuando existe sobreuso de medicamentos
Otro punto relevante es el llamado sobreuso de medicamentos para tratar las crisis de migraña.
El uso frecuente de medicamentos abortivos puede contribuir a mantener o agravar el problema. Las nuevas recomendaciones contemplan, en estos pacientes, tratamientos preventivos como los anticuerpos monoclonales dirigidos contra CGRP, atogepant, toxina botulínica tipo A y topiramato.
Esto refleja un cambio importante en la manera de abordar la migraña: no se trata únicamente de apagar el dolor cuando aparece, sino de romper el ciclo de las crisis recurrentes cuando el paciente lo necesita.
Neuralgia y migraña: no son lo mismo
En el Día Internacional de la Neuralgia, también es importante hacer una distinción.
La neuralgia se refiere al dolor que aparece a lo largo del trayecto de un nervio y que puede tener características muy diferentes a las de la migraña. La migraña, por su parte, es un trastorno neurológico complejo que puede producir dolor pulsátil, náuseas, sensibilidad a la luz y al sonido y, en algunos casos, aura.
Ambas condiciones tienen algo en común: el dolor no debe normalizarse cuando es recurrente, incapacitante o altera la vida cotidiana.
Las nuevas guías de la AAN y la AHS refuerzan precisamente esta idea: existen alternativas preventivas eficaces y la elección del tratamiento debe construirse junto con el paciente.
La prevención de la migraña avanza hacia un modelo cada vez más personalizado, en el que eficacia, seguridad, tolerabilidad, costo, edad, embarazo, enfermedades concomitantes y preferencias personales forman parte de la decisión terapéutica.
Porque tratar una enfermedad neurológica no significa solamente conseguir que duela menos. En muchos casos, significa recuperar días de vida que antes estaban marcados por el dolor.
Con información de: Medscape



