“2 de octubre no se olvida”, afirmó la presidenta Claudia Sheinbaum al recordar la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, ocurrida el 2 de octubre de 1968.
Al inicio de la conferencia matutina, la presidenta señaló que se trata de uno de los episodios más dolorosos de la historia de México y recordó que, al comenzar su gobierno, el Estado mexicano emitió un reconocimiento formal sobre la responsabilidad gubernamental en aquellos hechos.
Sheinbaum recordó que el 2 de octubre de 2024, al inicio de su administración, se publicó en el Diario Oficial de la Federación un acuerdo mediante el cual el Estado mexicano reconoció políticamente que los actos de violencia gubernamental perpetrados contra integrantes del movimiento estudiantil el 2 de octubre de 1968 constituyeron un crimen de lesa humanidad.
El acuerdo señala como responsable principal al entonces presidente de la República y comandante supremo de las Fuerzas Armadas, Gustavo Díaz Ordaz, quien durante su quinto Informe de Gobierno asumió la responsabilidad por las decisiones tomadas por su gobierno en relación con los acontecimientos de 1968.
“Hoy es 2 de octubre, 2 de octubre no se olvida, recordamos uno de los episodios más dolorosos de la historia de México, la represión a un movimiento estudiantil en la plaza de Tlatelolco”, expresó Sheinbaum.
Reconocimiento como crimen de lesa humanidad
El acuerdo publicado en 2024 establece que, en nombre y representación del Estado mexicano, se reconoce políticamente que los actos de violencia gubernamental perpetrados el 2 de octubre de 1968 contra integrantes del movimiento estudiantil fueron constitutivos de un crimen de lesa humanidad.
El documento retoma la declaración de Díaz Ordaz durante su quinto Informe de Gobierno:
“Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad: personal, ética, social, jurídica, política histórica, por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado.”
El reconocimiento oficial también señala que la matanza fue resultado del uso de las fuerzas del Estado contra un sector de la población y que formó parte de una política represiva y contrainsurgente implementada durante varias décadas.
Disculpa pública y compromiso de no repetición
El acuerdo instruyó a la Secretaría de Gobernación a ofrecer, en nombre y representación del Estado mexicano, una disculpa pública a las víctimas, sus familiares y a la sociedad mexicana por los hechos.
Asimismo, el Ejecutivo federal asumió el compromiso de garantizar la no repetición de actos de represión, privación ilegal de la libertad, uso de las Fuerzas Armadas contra la población, desapariciones forzadas, tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.
El documento establece además que quedan a salvo los derechos que legalmente corresponden a las víctimas y sus familiares y que el reconocimiento político servirá para impulsar acciones de justicia, preservar la memoria histórica y evitar la repetición de los hechos.
Como parte de este compromiso, el acuerdo establece que, en su calidad de Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, la presidenta asume el compromiso de que sus estructuras y elementos “nunca más sean utilizados para atacar o reprimir al Pueblo de México”, además de fortalecer su formación en derechos humanos y construcción de paz.
“Nunca más” una represión del Estado
Al recordar los acontecimientos de 1968, Sheinbaum expresó su solidaridad con quienes vivieron aquel episodio y con sus familiares.
“Nuestra solidaridad siempre a quienes vivieron ese momento, a sus familiares y nunca más, nunca más una represión del Estado a un movimiento social”, afirmó.
La presidenta señaló que el reconocimiento realizado hace dos años forma parte de las acciones para preservar la memoria histórica y asumir, desde el Estado, el compromiso de que hechos como los ocurridos en Tlatelolco no vuelvan a repetirse.
A 58 años de la matanza, el 2 de octubre permanece como una fecha de memoria nacional y como referencia de la lucha por la democracia y las libertades en México. El propio acuerdo presidencial reconoce al movimiento estudiantil y popular de 1968 como precursor del proceso de democratización y de la expansión de las libertades democráticas en el país.



