Cultura como derecho, educación y paz: los avances de la política cultural de Claudia Sheinbaum

A dos años del inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, la política cultural federal busca ampliar el acceso a la cultura y, al mismo tiempo, fortalecer la educación artística, la protección del patrimonio, el apoyo a creadores y el papel de las actividades culturales como herramienta de cohesión social.

Durante la conferencia matutina de este 2 de octubre, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, presentó un balance de los principales resultados alcanzados en los primeros dos años de la administración.

Uno de los ejes centrales ha sido la descentralización de la oferta cultural. De acuerdo con el informe presentado, en este periodo se realizaron 520 mil actividades en las 32 entidades del país, con un incremento de 32 por ciento en la oferta cultural y un aumento de 13 por ciento en el público asistente, que alcanzó alrededor de 50 millones de personas.

La estrategia oficial plantea que el acceso a la cultura no debe concentrarse en los grandes recintos de las principales ciudades, sino llegar también a comunidades y territorios donde históricamente la oferta cultural ha sido menor.

Una apuesta por la educación artística

Uno de los proyectos de mayor inversión ha sido la renovación de las escuelas de educación artística.

La Secretaría de Cultura reportó una inversión cercana a mil 850 millones de pesos para intervenir planteles del INBAL, INAH y del Centro de Capacitación Cinematográfica, con trabajos de infraestructura, mantenimiento, laboratorios, salones y equipamiento. El programa también contempla la gratuidad de las inscripciones.

La dependencia había informado previamente que la primera etapa del plan integral de renovación contemplaba 37 planteles y que la estrategia combina infraestructura, equipamiento, gratuidad y actualización académica.

Durante la conferencia, estudiantes de distintas instituciones hablaron sobre el impacto de las remodelaciones en su formación. Para quienes cursan carreras de danza, música, artes visuales y otras disciplinas, contar con espacios adecuados forma parte de su proceso profesional.

El mensaje de fondo es relevante: la política cultural no solamente busca llevar espectáculos a los públicos, sino también formar a las nuevas generaciones de artistas.

Más recursos para la creación

Otro de los componentes del balance fue el incremento de los apoyos destinados a creadoras y creadores.

La Secretaría reportó un aumento de 45 por ciento en los recursos destinados a estímulos y convocatorias, con una bolsa que pasó, según lo presentado en la conferencia, de mil 840 a 2 mil 658 millones de pesos, con un impacto directo en más de 180 mil artistas.

También se destacó el fortalecimiento de programas estatales y comunitarios, con una mayor presencia territorial.

Esta orientación coincide con el Programa Sectorial de Cultura 2025-2030, que plantea ampliar la participación de la población en la vida cultural, fortalecer la formación artística, proteger los derechos de las personas creadoras y preservar el patrimonio cultural y la diversidad lingüística.

Cine y economía creativa

El cine y el audiovisual también forman parte de esta estrategia.

Durante el balance se destacó el fortalecimiento de los estímulos para la producción cinematográfica, incluido el incremento de recursos para Eficine y la creación de Efica, un nuevo incentivo destinado a atraer inversión y generar empleo en el sector.

La Secretaría también reportó que 695 obras cinematográficas mexicanas apoyadas por estos mecanismos fueron reconocidas en festivales nacionales e internacionales.

La apuesta revela otra dimensión de la política cultural: la cultura también es una actividad económica, capaz de generar empleos, inversión, circulación de bienes y servicios y presencia internacional para las industrias creativas mexicanas.

Patrimonio: recuperación y acceso

La protección del patrimonio arqueológico e histórico constituye otro de los pilares.

En los dos primeros años del gobierno de Sheinbaum se reportó la restitución de 5 mil 686 piezas patrimoniales, en colaboración con la Secretaría de Relaciones Exteriores.

La cifra se suma a las piezas recuperadas durante la administración anterior. En julio pasado, la Secretaría de Cultura informó que desde el inicio de la llamada Cuarta Transformación se habían repatriado 17 mil 878 bienes culturales, de los cuales 3 mil 716 correspondían al periodo de la actual administración hasta esa fecha.

También se informó de inversiones para la conservación y mejoramiento de zonas arqueológicas y museos.

El objetivo no es únicamente recuperar piezas que se encuentran fuera del país, sino fortalecer los espacios donde el patrimonio puede ser investigado, conservado y conocido por la población.

De hecho, la Secretaría reportó previamente un aumento de 18 por ciento en las visitas a museos y zonas arqueológicas, al pasar de 20 a 24 millones de visitantes entre 2025 y 2026.

Artesanías y culturas comunitarias

La política cultural también ha buscado ampliar el respaldo a las comunidades artesanales.

Durante la conferencia se informó que 127 mil 830 artesanas y artesanos fueron acompañados mediante distintos programas, con una estrategia concentrada en territorios como la región Purépecha de Michoacán, la Mixteca oaxaqueña, la región Amuzga de Guerrero y Oaxaca, la Sierra Norte de Puebla, la Montaña de Guerrero y la región Rarámuri de Chihuahua.

Además, las tiendas Fonart pasaron de tres a 13 puntos de venta en seis entidades.

La lógica planteada es que la política cultural no se limite a preservar las expresiones tradicionales como piezas de museo, sino que contribuya a generar ingresos para las comunidades y abrir nuevos mercados para su producción.

Cultura para construir paz

Uno de los rasgos distintivos de la actual política cultural es su incorporación a la estrategia de atención a las causas de la violencia.

La Secretaría de Cultura informó que sus programas de cultura de paz alcanzaron a 2.5 millones de personas, mediante alrededor de 2 mil 600 actividades, con presencia en 92 por ciento de los llamados territorios de paz.

También se destacó el Circuito Nacional de Festivales por la Paz, integrado por 183 festivales gratuitos, con una atención estimada de 7.8 millones de jóvenes.

Esta orientación no es nueva dentro de la planeación del sector. El Programa Sectorial de Cultura establece explícitamente la cultura de paz y la participación comunitaria como componentes de la política cultural, particularmente en territorios afectados por condiciones de violencia y desigualdad.

República Lectora

El otro gran eje presentado fue el de República Lectora.

Entre las acciones anunciadas se encuentra una propuesta de tasa cero para librerías dentro del Paquete Económico 2027, así como una convocatoria de 50 millones de pesos para la adquisición de libros destinados a la Red Nacional de Bibliotecas.

La red de clubes y salas de lectura alcanza, según el informe, 26 mil espacios y 250 mil participantes.

También se anunció una colección de autoras mexicanas de prosa, poesía y ensayo, con un tiraje de un millón de ejemplares que serán distribuidos gratuitamente.

La cultura como política pública

Más allá de las cifras, el balance presentado plantea un cambio en la manera de entender la política cultural.

La cultura aparece vinculada a educación, derechos, patrimonio, economía creativa, desarrollo comunitario y prevención de la violencia.

El reto para los siguientes años será convertir esta ampliación de infraestructura, programas y recursos en resultados sostenibles: mejores condiciones para quienes viven de la creación artística, mayor acceso fuera de los grandes centros urbanos, fortalecimiento de las industrias culturales y una participación efectiva de las comunidades en la definición de sus propias políticas culturales.

En ese sentido, el segundo tramo de la administración tendrá una tarea central: demostrar que la cultura puede dejar de ser considerada solamente un sector de entretenimiento o de preservación patrimonial para convertirse en una política pública transversal, capaz de incidir en la educación, la economía, la identidad y la construcción de comunidad.

La apuesta está planteada. Ahora el desafío será medir cuánto de esta expansión logra convertirse en derechos culturales efectivos y oportunidades permanentes para la población.

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