Juan Gabriel Vásquez advierte sobre los riesgos de la inteligencia artificial, el poder de las tecnooligarquías y la urgencia de establecer límites democráticos al desarrollo tecnológico.
La humanidad enfrenta una paradoja histórica: nunca había tenido tanta capacidad científica y tecnológica para transformar el mundo y, al mismo tiempo, había estado tan expuesta a los riesgos de sus propios avances.
Esta fue una de las principales reflexiones del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez durante su intervención en el foro World in Progress Barcelona, organizado por el Grupo PRISA, EL PAÍS y la Cadena SER, donde llamó la atención sobre los peligros que representa el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA), particularmente cuando avanza sin suficiente supervisión pública, regulación democrática y responsabilidad social.
En su intervención, Vásquez recurrió al Reloj del Fin del Mundo, creado en 1947 por científicos vinculados al Proyecto Manhattan para representar simbólicamente la proximidad de una catástrofe global. Actualmente, sus manecillas se encuentran a 85 segundos de la medianoche, el punto que representa la destrucción de la humanidad.
El indicador considera cuatro grandes amenazas: las guerras, el cambio climático, las tecnologías disruptivas y el crecimiento de los gobiernos autocráticos. Para el escritor, estas amenazas no pueden entenderse de manera aislada. El autoritarismo, sostuvo, atraviesa y agrava todas las demás, al debilitar la ciencia, obstaculizar la cooperación internacional y favorecer el desarrollo tecnológico sin controles.
Uno de los puntos centrales de su reflexión fue la inteligencia artificial. Vásquez advirtió que la velocidad con la que se desarrolla esta tecnología contrasta con la limitada capacidad de las sociedades para comprender sus consecuencias y anticipar escenarios de riesgo.
La preocupación no se limita a la transformación del empleo o a los cambios en la producción de conocimiento. El debate alcanza escenarios mucho más delicados: la posibilidad de que sistemas avanzados de IA sean utilizados para desarrollar armas biológicas, facilitar ciberataques, vulnerar mecanismos de seguridad o actuar de maneras que sus propios creadores no puedan controlar.
El escritor recordó las advertencias de investigadores y especialistas en inteligencia artificial, entre ellos Geoffrey Hinton, considerado uno de los pioneros de esta disciplina, quienes han expresado su preocupación por los riesgos existenciales que podría representar el desarrollo de sistemas cada vez más poderosos.
También cuestionó que las decisiones fundamentales sobre el rumbo de estas tecnologías permanezcan concentradas en un reducido grupo de empresas y dirigentes tecnológicos, lejos de la supervisión de los Estados y de los mecanismos de deliberación de las sociedades democráticas.
El problema no es solamente tecnológico, también es político.
Vásquez planteó que detrás del desarrollo de la inteligencia artificial existe una disputa por el poder, la información y el control de la conversación pública. En ese contexto, señaló los riesgos de las redes sociales, cuyos modelos de negocio pueden favorecer la polarización, amplificar los discursos de odio y debilitar la construcción de una realidad compartida.
Su crítica también alcanzó a las grandes corporaciones tecnológicas y a su relación con los gobiernos, particularmente ante la posibilidad de que la desregulación se convierta en una condición para expandir sus negocios, incluso cuando están en juego derechos, libertades y la seguridad colectiva.
En este escenario, la autorregulación de las empresas resulta insuficiente. El escritor recuperó las advertencias de Bill Gates sobre los riesgos de esperar a que ocurra una catástrofe para establecer mecanismos de vigilancia y protección.
La pregunta, entonces, es si los gobiernos y las sociedades tendrán la capacidad de establecer reglas antes de que los daños sean irreversibles.
Para explicar la dificultad de imaginar las consecuencias de esta transformación, Vásquez recuperó una reflexión del escritor francés Paul Valéry: “El futuro carece de imagen. La historia le da los medios para ser pensado”.
A partir de esta idea, sostuvo que la humanidad enfrenta un desafío inédito: no cuenta con experiencias históricas suficientes para dimensionar lo que podría ocurrir cuando la inteligencia artificial alcance niveles de autonomía y capacidad que superen los mecanismos de control existentes.
Como antecedente, evocó el desarrollo de la energía nuclear y el periodo previo a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Antes de que la bomba atómica demostrara su capacidad destructiva, sus consecuencias parecían para buena parte de la sociedad un escenario teórico. Hoy, advirtió, existe el riesgo de repetir esa falta de previsión frente a la inteligencia artificial.
Hacia el cierre de su intervención, el escritor recurrió a la novela Los sonámbulos, de Hermann Broch, para describir a las sociedades que avanzan hacia una transformación histórica sin comprender plenamente sus consecuencias.
Su advertencia es que los ciudadanos de 2026 podrían estar caminando hacia una nueva catástrofe sin reconocer la dimensión de los peligros que tienen enfrente.
Sin embargo, su mensaje no fue de resignación. Vásquez recordó que la movilización ciudadana y la presión social también fueron determinantes para impulsar cambios históricos, como el final de la Guerra Fría.
De ahí su llamado a recuperar la capacidad colectiva de exigir decisiones políticas, establecer límites y construir mecanismos de gobernanza para las tecnologías emergentes.
El desafío no consiste en frenar los avances científicos ni renunciar a los beneficios de la inteligencia artificial. Consiste en garantizar que el desarrollo tecnológico esté al servicio de la humanidad y no quede subordinado exclusivamente a los intereses económicos, políticos o de poder de unos cuantos.
La pregunta de fondo es quién decide el futuro de la inteligencia artificial, bajo qué reglas y en beneficio de quién.
La innovación necesita ciencia, inversión y conocimiento, pero también instituciones sólidas, transparencia, regulación y participación ciudadana. Sin estos contrapesos, la humanidad corre el riesgo de desarrollar capacidades extraordinarias sin contar con la madurez política necesaria para administrarlas.
La advertencia de Juan Gabriel Vásquez coloca sobre la mesa una discusión indispensable: el futuro tecnológico no está predeterminado. Todavía existe la posibilidad de construirlo con responsabilidad, antes de que los riesgos dejen de ser advertencias y se conviertan en una realidad irreversible.
Crédito y fuente: Texto elaborado para Alcanzando el Conocimiento a partir de la intervención de Juan Gabriel Vásquez en el foro World in Progress Barcelona. La transcripción y publicación original corresponden a EL PAÍS, bajo el título: «El escritor Juan Gabriel Vásquez despide la primera sesión del World in Progress reflexionando sobre los riesgos que afronta la humanidad, como la inteligencia artificial», publicado el 2 de noviembre de 2026.




