Un colapso glaciar y un flujo de escombros desencadenaron las inundaciones y deslizamientos que devastaron zonas de Nepal y el Tíbet, mientras científicos investigan cómo el calentamiento del planeta puede aumentar el riesgo de este tipo de fenómenos en el Himalaya.
Los primeros reportes apuntaron a un posible terremoto como detonante del desastre. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) revisó posteriormente los datos sísmicos y las imágenes satelitales y concluyó que no ocurrió un terremoto, sino un colapso glaciar seguido de un flujo de escombros que provocó impactos catastróficos aguas abajo.
La avalancha de agua, lodo, hielo y rocas golpeó comunidades en la región de Nuwakot y alcanzó el río Trishuli, además de provocar crecidas en los ríos Bhote Koshi y Narayani. Las imágenes muestran edificios, carreteras y vehículos cubiertos por toneladas de lodo y escombros.
El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas advirtió que podrían registrarse nuevas inundaciones en los próximos días debido a los escombros que fueron arrastrados hacia los sistemas fluviales. Las autoridades y científicos continúan evaluando el tamaño, ubicación y estabilidad de posibles bloqueos en los ríos.
¿Qué papel tiene el cambio climático?
Aunque todavía se estudia la secuencia exacta que produjo el colapso, los científicos señalan que el cambio climático podría aumentar la probabilidad de este tipo de desastres.
El calentamiento está acelerando el derretimiento de los glaciares en la región del Hindu Kush-Himalaya. Además, el aumento de las temperaturas está afectando al permafrost, el suelo permanentemente congelado que contribuye a mantener estables algunas laderas de las montañas.
Simon Cook, especialista en glaciología de la Universidad de Dundee, explicó que el calentamiento y degradación del permafrost puede favorecer un mayor número de deslizamientos de tierra.
Una de las hipótesis que deberán analizar los investigadores es que el agua procedente de las lluvias o del deshielo haya desestabilizado el terreno o el hielo, provocando una reacción en cadena.
Para determinar qué ocurrió exactamente, los científicos analizarán imágenes satelitales, información sobre las precipitaciones recientes y posibles cambios en los lagos glaciares y los cauces de los ríos.
El riesgo de nuevas inundaciones
Los especialistas advierten que el peligro no terminó con la primera inundación. Los deslizamientos pueden bloquear temporalmente los ríos y formar lagos o acumulaciones de agua que, si colapsan, generan nuevas crecidas repentinas.
Por ello, los expertos consideran fundamentales los sistemas de alerta temprana, capaces de detectar cambios en glaciares, lagos y ríos y dar tiempo para evacuar a las poblaciones.
También consideran necesaria una mayor cooperación entre Nepal y China, debido a que algunos de estos fenómenos pueden originarse en zonas remotas del Tíbet y afectar posteriormente territorio nepalí.
Más de 350 muertos y cientos de desaparecidos
La cifra de víctimas continúa actualizándose. La policía de Nepal reportó más de 350 personas fallecidas, mientras que la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres informó que 910 personas permanecían desaparecidas, entre ellas más de 517 turistas extranjeros.
En el lado chino, la televisión estatal CCTV reportó 558 desaparecidos en el distrito tibetano de Gyirong y tres fallecidos. Las autoridades aún no han podido determinar si existe algún registro duplicado entre las cifras de ambos países.
El desastre deja así una advertencia para una región particularmente vulnerable: el calentamiento del planeta no necesariamente provoca por sí mismo cada uno de estos fenómenos, pero puede alterar las condiciones de los glaciares, el permafrost, las lluvias y las montañas, aumentando el riesgo de que distintos procesos naturales se encadenen y produzcan inundaciones de gran magnitud.



