El papa León XIV llamó a colocar la dignidad humana en el centro de la educación, la ciencia, la cultura y el desarrollo tecnológico, al advertir sobre los riesgos de una sociedad que mida a las personas por su productividad y delegue cada vez más capacidades humanas en sistemas tecnológicos.
Durante su visita a la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en París, el Pontífice planteó una pregunta que, dijo, sigue siendo fundamental en el siglo XXI: “¿Qué significa ser humano?”.
Ante representantes de los Estados miembros, del mundo académico y de la sociedad civil, León XIV sostuvo que la educación no puede limitarse a transmitir conocimientos, sino que debe abordar también la cuestión del sentido y ayudar a las personas a “ser” más, no únicamente a “tener” más.
El Papa señaló que la humanidad comparte desde el nacimiento una condición de vulnerabilidad y dependencia, por lo que la vida debe entenderse como un don y como una responsabilidad, y no como un producto susceptible de explotación.
“Olvidar las circunstancias de nuestro nacimiento oscurece la idea misma de la vida humana”, afirmó, al advertir que cuando la vida se separa de la historia compartida por todos, corre el riesgo de dejar de entenderse como un don y convertirse en un producto.
Ciencia, tecnología e inteligencia artificial
León XIV dedicó una parte importante de su intervención a los desafíos derivados de las nuevas tecnologías.
Sostuvo que los avances tecnológicos deben permanecer al servicio de las personas y no convertirse en instrumentos de dominación o injusticia. En particular, llamó la atención sobre la paradoja de que a determinados sistemas informáticos se les haya dado el nombre de “inteligencia”, mientras que, al mismo tiempo, las personas pueden ser valoradas cada vez más de acuerdo con criterios de eficiencia y productividad.
El Pontífice también abordó directamente la inteligencia artificial. Señaló que estos sistemas pueden correlacionar grandes cantidades de datos, pero no pueden responder por sí mismos a las preguntas sobre el sentido de la vida humana, porque este tiene sus raíces en la experiencia vivida.
“La inteligencia artificial amplifica este problema”, sostuvo, al advertir que la abundancia de información no equivale necesariamente a sabiduría. Por ello, consideró que la búsqueda de la verdad debe entenderse también como una cuestión de justicia social y equidad histórica.
En este contexto, reconoció el trabajo de la UNESCO mediante su programa de Alfabetización Mediática e Informacional (AMI), orientado al uso responsable de los medios y las herramientas digitales.
También pidió prestar especial atención a la protección de niños y jóvenes en la era digital. Advirtió que su vulnerabilidad no debe convertirse en una oportunidad para la explotación y llamó a utilizar las nuevas tecnologías para favorecer su crecimiento, educación y relaciones, preservando su capacidad de pensar y discernir.
La ciencia al servicio de la paz
El discurso también vinculó el desarrollo científico con los conflictos armados.
León XIV afirmó que la guerra es la más terrible de las “obras humanas”, porque en ella la ciencia puede quedar al servicio de una voluntad de destrucción y muerte.
Retomó así uno de los principios fundacionales de la UNESCO: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”.
A partir de esta idea, sostuvo que el progreso científico separado de la sabiduría puede convertirse en un arma de destrucción; la cultura sometida a una ideología puede degenerar en propaganda, y la educación alejada de la verdad puede utilizarse para manipular conciencias.
Para el Papa, los tratados y acuerdos internacionales son necesarios, pero no suficientes para construir una paz duradera. Consideró que también se requiere una cultura de paz y una voluntad orientada a reconocer en el otro a una persona con la misma dignidad.
De Babel a Pentecostés
Para explicar su visión de la convivencia entre pueblos y culturas, León XIV recurrió a dos imágenes bíblicas: la Torre de Babel y la plaza pública de Pentecostés.
Presentó Babel como una representación de una unidad impuesta mediante la dominación. En su interpretación, esa tentación aparece actualmente en una globalización sin fraternidad, en formas de neocolonialismo, imposiciones ideológicas y relaciones que reducen la vida humana al comercio.
También advirtió que la ciencia puede perder su sentido cuando se reduce a una técnica de poder y deja de contribuir al desarrollo de las personas.
En contraste, planteó Pentecostés como una imagen de una unidad que no elimina las diferencias, sino que permite que la diversidad conviva en armonía.
En ese punto, destacó que los medios actuales permiten conectar instantáneamente a personas y continentes, pero no necesariamente han producido una comunicación más verdadera. La información, dijo, es abundante, pero no es sinónimo de sabiduría; sin un fundamento ético compartido, los canales de comunicación pueden multiplicar la información falsa y obstaculizar el diálogo.
Niños, jóvenes, migrantes y personas vulnerables
El Pontífice también señaló como referencia para evaluar el compromiso con la dignidad humana el trato que reciben quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Mencionó a los niños, incluidos los que están en el vientre de sus madres; las personas que viven escenarios de guerra; quienes tienen discapacidades físicas o intelectuales; los adultos mayores; migrantes y refugiados, así como quienes son considerados improductivos y quedan excluidos.
Según León XIV, estas personas constituyen una prueba de las afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana. Vinculó además esta protección con el cuidado de la creación y sostuvo que la crisis ecológica es también una crisis antropológica.
Confianza en las instituciones internacionales
León XIV reconoció que las instituciones internacionales enfrentan una crisis de eficacia y sostuvo que existe el riesgo de considerar el diálogo como un obstáculo para actuar, en lugar de entenderlo como un recurso para alcanzar la paz.
Frente a ello, llamó a recuperar la confianza: confianza en que las diferencias no necesariamente representan una amenaza y en que el diálogo sincero puede producir un bien mayor que el que cada nación podría alcanzar por separado.
En este sentido, afirmó que la UNESCO puede contribuir a promover el entendimiento entre las naciones mediante el diálogo entre culturas, la educación y la ciencia.
La visita tuvo además un significado histórico para la relación entre la Santa Sede y la UNESCO. León XIV recordó que en 2027 se cumplirán 75 años de la presencia de la Santa Sede en la organización, iniciada en 1952.
Cuarenta y seis años después de que Juan Pablo II visitara la UNESCO, el actual Pontífice renovó el compromiso de colaboración con el organismo y cerró su intervención dirigiéndose especialmente a las nuevas generaciones, a las que pidió mantener viva la conciencia de pertenecer a una sola familia humana.



