Estados Unidos conmemora 25 años del 11-S, un ataque que transformó al mundo

Estados Unidos conmemoró este viernes el 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con ceremonias en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania para recordar a las casi 3,000 personas que murieron aquel día y a quienes fallecieron posteriormente por enfermedades relacionadas con los ataques.

En Nueva York, la ceremonia se realizó en el Memorial del 11-S, en el lugar donde se levantaban las Torres Gemelas. Como cada año, familiares de las víctimas participaron en la lectura de los nombres de los fallecidos, acompañados por momentos de silencio que marcaron las distintas etapas de los ataques. Este año se incorporó por primera vez un momento dedicado a quienes murieron en los 25 años posteriores por lesiones o enfermedades vinculadas con el 11-S.

La ceremonia reunió a los expresidentes Joe Biden, Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton, además del vicepresidente JD Vance y autoridades de Nueva York. El presidente Donald Trump no acudió a la Zona Cero y encabezó la conmemoración en el Pentágono, donde fueron recordadas las 184 personas que murieron cuando el vuelo 77 de American Airlines impactó contra el edificio.

En Nueva York, los protagonistas fueron las familias. Los políticos presentes no ofrecieron discursos, mientras los familiares leyeron los nombres y, en algunos casos, compartieron mensajes personales. Algunos aprovecharon el espacio para reclamar una mayor transparencia sobre el papel de Arabia Saudita en los atentados y cuestionar la relación de Washington con ese país.

Los cuatro aviones y una mañana que cambió a Estados Unidos

El 11 de septiembre de 2001, 19 integrantes de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas en Nueva York; un tercero impactó contra el Pentágono, cerca de Washington, y el cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.

El primer impacto ocurrió a las 8:46 de la mañana, cuando el vuelo 11 de American Airlines golpeó la Torre Norte del World Trade Center. A las 9:03, el vuelo 175 de United Airlines impactó la Torre Sur. A las 9:37, el vuelo 77 golpeó el Pentágono y, a las 10:03, el vuelo 93 cayó cerca de Shanksville, Pensilvania.

Las Torres Gemelas se derrumbaron menos de dos horas después de los primeros impactos. En total, murieron 2,977 personas, sin contar a los 19 secuestradores.

Pero las consecuencias de aquella jornada fueron mucho más amplias que el número de víctimas.

Del 11-S a la “guerra contra el terrorismo”

Los atentados modificaron las prioridades de seguridad de Estados Unidos y dieron paso a una etapa marcada por la llamada “guerra contra el terrorismo”.

La respuesta comenzó con la invasión de Afganistán en octubre de 2001, dirigida contra el régimen talibán que había dado refugio a Al Qaeda. Dos años después, Estados Unidos invadió Irak, aunque el régimen de Saddam Hussein no estuvo involucrado en los atentados del 11-S.

La estrategia antiterrorista también transformó las instituciones estadounidenses. Se fortalecieron los servicios de inteligencia, se creó el Departamento de Seguridad Nacional y se ampliaron las capacidades de vigilancia y cooperación entre agencias. La legislación estadounidense, particularmente a través del Patriot Act, otorgó al Gobierno nuevas facultades para investigar y detectar posibles amenazas terroristas.

La transformación alcanzó también a la aviación. Los controles de seguridad en los aeropuertos se endurecieron y se creó la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), mientras el intercambio de información entre agencias y países se convirtió en una pieza central de las políticas antiterroristas.

Un costo que se extendió mucho más allá de Estados Unidos

Un cuarto de siglo después, el impacto de las guerras iniciadas tras el 11-S sigue siendo objeto de debate.

El proyecto Costs of War, de la Universidad Brown, estima que las guerras y operaciones militares posteriores a los atentados han provocado más de 900,000 muertes directas y desplazado a por lo menos 38 millones de personas, mientras que el costo para el Gobierno estadounidense superó los 8 billones de dólares hasta 2021.

La guerra de Afganistán terminó oficialmente para Estados Unidos en 2021 con la retirada de sus tropas y el regreso de los talibanes al poder. La experiencia dejó una revisión profunda sobre los límites de la intervención militar estadounidense y sobre los resultados de dos décadas de operaciones contra organizaciones terroristas.

En Irak, la invasión y la posterior inestabilidad contribuyeron a una transformación del equilibrio de poder en Medio Oriente y a la aparición de nuevas organizaciones armadas, entre ellas el Estado Islámico.

El mundo de 2026 ya no es el de 2001

Los atentados también modificaron el escenario internacional. En 2001, Estados Unidos se encontraba en el punto culminante de su poder después del fin de la Guerra Fría. La principal amenaza que enfrentaba no provenía de otro Estado, sino de una organización terrorista capaz de atacar el territorio estadounidense.

Veinticinco años después, el terrorismo sigue siendo una amenaza, pero dejó de ocupar el centro de la agenda estratégica internacional. La competencia entre grandes potencias, particularmente entre Estados Unidos y China, el regreso de Rusia como actor militar relevante y las guerras en Europa y Medio Oriente han desplazado la lucha contra Al Qaeda del primer plano de la política internacional.

Sin embargo, muchas de las herramientas creadas después del 11-S permanecen: vigilancia electrónica, intercambio de inteligencia, controles fronterizos, cooperación antiterrorista, operaciones especiales y sistemas de seguridad desarrollados para impedir otro ataque de características similares.

El cambio también alcanzó a las sociedades. El 11-S modificó la percepción sobre la seguridad, la migración y las comunidades musulmanas en Estados Unidos y otros países occidentales, al tiempo que alimentó episodios de islamofobia y debates sobre los límites entre seguridad nacional y libertades civiles.

Mantener viva la memoria

A 25 años de los atentados, uno de los desafíos centrales ya no es solamente recordar lo ocurrido, sino transmitirlo a una generación que no lo vivió.

El 9/11 Memorial & Museum señala que alrededor de un tercio de la población estadounidense es demasiado joven para tener recuerdos personales de aquel día. Por ello, el museo ha reforzado sus programas educativos y de memoria histórica.

La conmemoración de este viernes volvió a colocar a las familias en el centro de ese esfuerzo. La lectura de los nombres, los silencios y los testimonios personales sustituyeron a los discursos políticos en la Zona Cero.

En el cielo de Nueva York, además, 2,977 drones recrearon esta semana las siluetas de las Torres Gemelas, una imagen efímera que convirtió la tecnología en otra forma de memoria. Cada luz representó a una de las personas que murió en los atentados.

Veinticinco años después, las Torres Gemelas ya no forman parte del paisaje de Manhattan, pero su ausencia sigue definiéndolo. Y el 11-S continúa presente no solo en los nombres inscritos en el Memorial, sino también en las guerras, las políticas de seguridad y las transformaciones geopolíticas que siguieron a aquella mañana de septiembre.

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