Ciencia mexicana e inteligencia artificial para transformar el sistema de salud: el reto de llevar los medicamentos hasta los pacientes

El Gobierno de México convoca a especialistas de universidades públicas y jóvenes formados en inteligencia artificial para diseñar un sistema que permita optimizar la distribución de medicamentos e insumos médicos. El primer plan de trabajo se presentará el 23 de noviembre y la meta es comenzar su implementación en enero de 2027.

La transformación digital del sistema de salud plantea un desafío que va más allá de la compra de medicamentos: garantizar que cada insumo llegue al lugar donde se necesita, en el momento oportuno y en la cantidad adecuada.

Con ese objetivo, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación del Consejo Asesor para la Transformación Digital del Sector Salud, un equipo interdisciplinario integrado por especialistas en investigación de operaciones, logística, ingeniería de sistemas, matemáticas e inteligencia artificial, así como jóvenes de la Fábrica de Inteligencia Artificial de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones y egresados del Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial.

La iniciativa busca desarrollar capacidades tecnológicas propias del Estado mexicano para atender uno de los problemas operativos más complejos de las instituciones públicas: la gestión y distribución de medicamentos, material médico e insumos hospitalarios.

Del abastecimiento a la trazabilidad: el problema que se busca resolver

Durante la conferencia matutina del 23 de octubre, la presidenta explicó que la compra de medicamentos no garantiza, por sí misma, su disponibilidad efectiva en los hospitales y centros de salud.

Puede haber medicamentos adquiridos y almacenados que no lleguen oportunamente a las farmacias hospitalarias o a las unidades médicas que los requieren. Estas fallas de comunicación, inventario y distribución generan retrasos que pueden comprometer la continuidad de los tratamientos y la atención de los pacientes.

El proyecto pretende construir un sistema capaz de dar seguimiento a cada medicamento desde el proveedor hasta su entrega al paciente, con información sobre existencias, ubicación, consumo y necesidades de cada unidad médica.

La propuesta contempla tres líneas prioritarias:

  • Gestión de necesidades en tiempo real. Establecer mecanismos para identificar y atender oportunamente los requerimientos de médicos, enfermeras, pacientes y personal de salud.
  • Control de almacenes e inventarios. Integrar información sobre existencias, entradas, salidas y consumo para anticipar faltantes y mejorar el uso de los recursos públicos.
  • Optimización de la distribución. Diseñar rutas logísticas y mecanismos de asignación que permitan reducir tiempos y costos, priorizando los lugares donde se requieren medicamentos e insumos.

De acuerdo con Eduardo Clark, subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, el sistema deberá procesar información de una operación de enorme escala: alrededor de tres mil millones de piezas de medicamentos e insumos médicos al año, destinadas a más de mil hospitales y cerca de 15 mil centros de salud y unidades médicas de primer nivel.

La magnitud de esta red exige combinar información clínica, inventarios, ubicación geográfica, capacidad de almacenamiento y patrones de consumo. La inteligencia artificial y los modelos matemáticos pueden ayudar a encontrar soluciones, anticipar la demanda y mejorar la toma de decisiones.

Investigación de operaciones: la ciencia aplicada a los problemas públicos

Uno de los aspectos más relevantes de esta iniciativa es la incorporación de especialistas cuya experiencia se encuentra precisamente en la resolución de problemas complejos de distribución, asignación de recursos y diseño de redes logísticas.

El consejo asesor está integrado por cuatro especialistas vinculados con instituciones académicas públicas: Saida Estefanía Larcón Bernal, de la UNAM; Cuauhtémoc Sánchez Ramírez, del Tecnológico Nacional de México; Jonás Velasco Álvarez, investigador del Centro de Investigación en Matemáticas (CIMAT), y Rolando Menchaca Méndez, del Instituto Politécnico Nacional.

A ellos se suma un equipo de jóvenes de la Fábrica de Inteligencia Artificial de la Agencia de Transformación Digital, con experiencia en programación, análisis de datos, modelación matemática, aprendizaje automático y desarrollo de sistemas.

La participación de estos perfiles permite abordar el problema desde distintas disciplinas. La investigación de operaciones, por ejemplo, estudia cómo asignar recursos limitados de la manera más eficiente posible. En el sector salud, esto puede traducirse en determinar dónde conviene almacenar determinados medicamentos, cómo distribuirlos, qué rutas utilizar y cómo responder cuando cambia la demanda de una región.

El reto consiste en convertir ese conocimiento científico en herramientas funcionales para las instituciones, con resultados medibles en la operación diaria.

Una apuesta por las capacidades tecnológicas del Estado

La presidenta Sheinbaum destacó que el Gobierno decidió convocar a especialistas mexicanos en lugar de encargar el desarrollo integral del sistema a una empresa privada.

La decisión tiene implicaciones que van más allá del costo inicial. Desarrollar tecnología desde las capacidades públicas puede contribuir a reducir la dependencia de proveedores externos, fortalecer el conocimiento institucional y mantener mayor control sobre los sistemas que sostienen servicios esenciales.

Clark señaló que los proyectos de logística y desarrollo tecnológico de esta naturaleza pueden implicar costos de cientos de millones de pesos, tanto en diseño como en implementación. Sin embargo, todavía no se ha presentado un presupuesto específico para el nuevo sistema.

La apuesta también plantea una pregunta fundamental: ¿cómo garantizar que la tecnología responda a las condiciones reales de cada hospital y centro de salud?

El equipo deberá analizar información, conocer los procedimientos actuales, identificar cuellos de botella y validar sus propuestas con las instituciones que operan diariamente los servicios médicos. A partir de ese diagnóstico se definirán los cambios tecnológicos, logísticos y operativos necesarios.

El desafío de la implementación

La meta anunciada es presentar el primer plan de trabajo alrededor del 23 de noviembre y comenzar a implementar las primeras soluciones en enero de 2027, con énfasis inicial en el IMSS y el IMSS-Bienestar, sin excluir la articulación con el resto del sector público.

La presidenta reconoció que el desarrollo tecnológico es sólo una parte del proceso. La implementación requerirá capacitación, sistemas fáciles de utilizar, conectividad suficiente, infraestructura eléctrica adecuada y coordinación entre almacenes, centros de distribución, hospitales y farmacias.

En paralelo, el Gobierno informó que trabaja con la Comisión Federal de Electricidad y la Agencia de Transformación Digital para mejorar la conectividad y las condiciones del servicio eléctrico en unidades médicas.

También continuará con las Rutas de la Salud y los mecanismos de distribución existentes mientras se desarrolla la nueva plataforma. El sistema no sustituirá de inmediato estas acciones, sino que busca hacerlas más eficientes.

La tecnología no sustituye la política de salud, pero puede cambiar sus resultados

La iniciativa representa una oportunidad para demostrar cómo la ciencia, las matemáticas y la inteligencia artificial pueden contribuir a resolver problemas concretos de la administración pública.

Sin embargo, su éxito no deberá medirse únicamente por la entrega de una plataforma informática. Los indicadores decisivos serán la reducción de faltantes, el tiempo que tarda un medicamento en llegar a una unidad médica, la disponibilidad efectiva de los tratamientos, la disminución de desperdicios y la capacidad de anticipar las necesidades de cada región.

También será necesario contar con información verificable que permita evaluar los resultados y corregir fallas durante la implementación.

En un país con enormes diferencias geográficas y de infraestructura, optimizar la distribución de medicamentos puede significar una diferencia sustantiva para quienes viven lejos de los grandes centros urbanos y dependen de los servicios públicos de salud.

La iniciativa abre una oportunidad para colocar el conocimiento científico al servicio de una necesidad esencial: que el derecho a la salud no dependa de la capacidad de una institución para administrar sus inventarios, sino de un sistema que responda de manera oportuna a las necesidades de las personas.

El reto está planteado: convertir el talento científico mexicano en una capacidad pública permanente, con resultados que puedan medirse en hospitales, centros de salud y, sobre todo, en la atención que reciben los pacientes.

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