Astrónomos identifican una estrella verde a 280 años luz de la Tierra

La enana blanca WD J1330+6435 presenta una tonalidad verde amarillenta por la composición química de su atmósfera; el hallazgo amplía el conocimiento sobre los restos de estrellas y los sistemas planetarios desaparecidos.

Astrónomos identificaron una estrella con una apariencia verde inusual, un hallazgo que desafía la idea de que estos cuerpos celestes solo pueden presentar tonalidades blancas, azules, amarillas o rojizas.

El objeto, denominado WD J1330+6435, es una enana blanca situada a unos 280 años luz de la Tierra, en la constelación de Draco. Su peculiar color estaría relacionado con los restos rocosos de antiguos cuerpos planetarios que cayeron sobre su superficie y modificaron la composición química de sus capas externas.

La investigación fue encabezada por Mark Hollands, astrofísico de la Universidad de Warwick, en Reino Unido, y sus resultados se publicaron el 15 de octubre en la revista científica RAS Techniques and Instruments.

El equipo estudió 151 enanas blancas para analizar la diversidad de colores que pueden presentar estos remanentes estelares. Los investigadores calcularon cómo percibiría el ojo humano la luz emitida por estos objetos a partir de sus características espectrales.

¿Por qué esta estrella es verde?

Las enanas blancas son los núcleos remanentes de estrellas de masa baja o intermedia que agotaron su combustible nuclear y expulsaron sus capas externas. Aunque suelen ser blancas, su composición química puede producir variaciones en la luz que emiten.

En el caso de WD J1330+6435, los investigadores encontraron indicios de que su atmósfera contiene elementos como calcio, litio y, especialmente, sodio. La presencia de estos materiales se relaciona con la acumulación de fragmentos rocosos procedentes de cuerpos planetarios que alguna vez formaron parte de su sistema.

En condiciones normales, los átomos de sodio absorben una franja específica de luz anaranjada. Sin embargo, la elevada densidad de la enana blanca modifica la interacción de esos átomos con el helio que los rodea.

Como resultado, el sodio absorbe una gama más amplia de longitudes de onda, incluidas algunas correspondientes a los colores amarillo, naranja y rojo. La luz restante produce una apariencia verde amarillenta, descrita como chartreuse.

La estrella no fue observada directamente como un disco verde. Su color se determinó mediante el análisis de su espectro y modelos que permiten calcular cómo sería percibida por el ojo humano.

Los restos de planetas también dejan huellas químicas

El hallazgo ofrece una pista sobre la historia de los sistemas planetarios. Cuando una enana blanca acumula material de cuerpos rocosos, los elementos presentes en esos fragmentos pueden incorporarse a su atmósfera y dejar señales detectables en la luz que emite.

El análisis de esa composición permite estudiar los materiales que formaban parte de sistemas planetarios anteriores, incluso cuando los cuerpos originales ya no existen.

La investigación también identificó otras tonalidades poco habituales entre las enanas blancas, incluida una con apariencia rosa salmón, asociada con la presencia de carbono en sus capas externas.

Estos resultados muestran que la temperatura no es el único factor que influye en el color de una estrella: la composición química y las condiciones físicas de su atmósfera también pueden modificarlo.

Aunque la tonalidad verde es el aspecto más llamativo del descubrimiento, su importancia científica radica en ampliar las herramientas para estudiar la evolución estelar y reconstruir la composición de sistemas planetarios desaparecidos.

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