De las encuestas a la democracia: WAPOR analiza los desafíos de la opinión pública en un mundo polarizado

La 79.ª conferencia anual de la Asociación Mundial para la Investigación de la Opinión Pública reunió en Ciudad de México a más de 320 participantes de 60 países. El encuentro recuperó el papel de las encuestas en la transición democrática mexicana y puso sobre la mesa los riesgos de la manipulación, la desinformación y la violencia contra quienes producen datos.

La opinión pública no solo sirve para anticipar quién ganará una elección. También permite conocer las preocupaciones de la sociedad, evaluar la confianza en las instituciones y comprender los cambios políticos. Esa fue una de las ideas centrales de la inauguración de la 79.ª conferencia anual de la Asociación Mundial para la Investigación de la Opinión Pública (WAPOR, por sus siglas en inglés), celebrada el 26 de octubre en el Foro Valparaíso de Banamex, en el Centro Histórico de Ciudad de México.

Con más de 320 participantes de más de 60 países, el encuentro abordará durante sus sesiones temas como democracia, confianza, elecciones, desinformación, inteligencia artificial, cultura y nuevas metodologías de investigación.

Uno de los ejes de la jornada fue la relación entre las encuestas y la transición democrática mexicana. El analista político Jorge G. Castañeda y el investigador Miguel Basáñez reconstruyeron momentos en los que la medición de las preferencias ciudadanas ayudó a documentar los cambios políticos del país, desde las controvertidas elecciones de 1988 y 1994 hasta la alternancia presidencial de 2000.

Castañeda recordó que, durante la campaña de Vicente Fox, las encuestas contribuyeron a impulsar la estrategia del llamado voto útil, que buscaba concentrar el apoyo opositor para derrotar al PRI. También reconoció que los sondeos pueden utilizarse de manera selectiva cuando partidos o campañas difunden resultados favorables y reservan aquellos que no les convienen.

Basáñez, pionero de la investigación de opinión pública en México, destacó que el crecimiento de los datos y la evolución de las herramientas de medición no garantizan, por sí mismos, una mejor comprensión de la sociedad. El reto, sostuvo, es transformar la información en conocimiento y mantener principios éticos ante las nuevas posibilidades de manipulación.

La discusión también alcanzó los desafíos actuales de la democracia. Castañeda expresó críticas sobre la independencia de las autoridades electorales mexicanas y advirtió sobre los riesgos que, a su juicio, representan la manipulación política y la violencia criminal para los procesos electorales. En el intercambio, los participantes señalaron además las dificultades para realizar encuestas en zonas afectadas por la inseguridad, donde entrevistadores pueden enfrentar amenazas y condiciones que limitan la libertad de respuesta.

El encuentro coloca así una pregunta central para la investigación social: ¿cómo medir de manera confiable lo que piensa una sociedad cuando la polarización, la desinformación y la inseguridad pueden distorsionar tanto las respuestas como la interpretación de los resultados?

La respuesta exige algo más que tecnología. Requiere transparencia metodológica, independencia profesional, protección para quienes levantan información y responsabilidad al publicar e interpretar los datos.

En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y cuestionamientos a las instituciones democráticas, la conferencia de WAPOR plantea que escuchar a la ciudadanía sigue siendo indispensable. Pero escuchar con rigor implica también reconocer los límites de las encuestas, explicar cómo se obtienen los resultados y evitar que la medición de la opinión pública se convierta en una herramienta de propaganda.

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