América Latina y el Caribe se encuentran entre las regiones del mundo que más rápidamente están adoptando aplicaciones de inteligencia artificial generativa, pero ese crecimiento convive con una brecha de capacidades: más del 70% de la población carece de competencias digitales básicas.
La paradoja fue señalada por especialistas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), quienes advierten que el reto para la región no consiste solamente en ampliar el acceso a la tecnología, sino en desarrollar las capacidades necesarias para utilizarla de manera crítica y convertirla en productividad, mejores servicios públicos y conocimiento propio.
América Latina y el Caribe representan entre 15% y 20% de las descargas mundiales de aplicaciones de inteligencia artificial generativa, lo que coloca a la región en el tercer lugar global. Las interfaces sencillas y la posibilidad de interactuar con estos sistemas mediante lenguaje natural han facilitado que millones de personas los utilicen sin contar necesariamente con conocimientos técnicos.
Sin embargo, la facilidad de acceso puede ofrecer una imagen incompleta de la inclusión digital.
Fernando Rojas, asistente superior de Asuntos Económicos de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la CEPAL, explicó que una persona puede aparecer en las estadísticas como usuaria de internet o de inteligencia artificial aunque únicamente tenga acceso desde un teléfono móvil, mediante un plan prepago y con una conexión limitada.
Por ello, la CEPAL impulsa el concepto de “conectividad significativa”, que considera no solo si una persona tiene acceso a internet, sino también la calidad y el costo del servicio, los dispositivos disponibles, la seguridad y las competencias digitales necesarias para aprovecharlo.
El contraste puede observarse incluso en países con altos niveles de conectividad. En Chile, cerca de 98% de los hogares tiene acceso a internet, pero un ejercicio de la CEPAL estimó que solo 36% de la población reúne las condiciones de conectividad significativa.
Las desigualdades también persisten entre grupos de ingreso y entre zonas urbanas y rurales. En algunos países, la diferencia en la penetración de internet entre los hogares con mayores y menores ingresos supera los 50 puntos porcentuales.
Para enfrentar estas diferencias, la CEPAL desarrolló DigCompALC, el primer marco regional de competencias digitales para América Latina y el Caribe, elaborado con participación de gobiernos, instituciones académicas y organizaciones especializadas de 19 países.
El marco incorpora incluso una categoría de nivel “prebásico”, destinada a identificar a personas que apenas comienzan a relacionarse con la tecnología o enfrentan barreras importantes para hacerlo.
La inteligencia artificial fue incorporada como un dominio transversal, ya que su uso requiere más que saber operar una aplicación: implica evaluar la información que proporciona, comprender qué ocurre con los datos introducidos, proteger la privacidad, reconocer contenidos falsos y tomar decisiones informadas.
“No es suficiente saber utilizar una herramienta, sino tener una visión crítica de esa herramienta”, advirtió Rojas.
Usuarios de IA, pero no necesariamente productores
La brecha digital también se refleja entre los países de la región.
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, elaborado por la CEPAL y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile, identifica a Chile, Brasil y Uruguay como países pioneros, mientras que Ecuador, Costa Rica, República Dominicana y Guatemala muestran avances acelerados.
Pero la región todavía tiene una participación limitada en los segmentos de mayor valor de la cadena de inteligencia artificial, particularmente en semiconductores e infraestructura de cómputo.
Los 19 países analizados por el índice concentran apenas 1.12% de la inversión mundial en inteligencia artificial, mientras América Latina genera alrededor de 14% o 15% del tráfico global hacia estas soluciones, según datos citados por Valeria Jordán, funcionaria de la CEPAL y una de las coordinadoras del índice.
La diferencia también se observa en la capacidad de cómputo: Brasil concentra más de 90% de la capacidad de cómputo de alto rendimiento identificada por el índice.
El talento especializado constituye otro desafío. En 13 de los 19 países analizados no existen habilidades tempranas de inteligencia artificial incorporadas al currículo escolar y 11 carecen de programas doctorales especializados.
Esto significa que la región puede incrementar rápidamente el número de personas que utilizan herramientas de IA sin aumentar al mismo ritmo su capacidad para investigar, desarrollar o adaptar esas tecnologías.
“Una brecha de adopción de la tecnología sí puede transformarse en una brecha de productividad que redunde básicamente en una brecha de desarrollo”, afirmó Jordán.
A pesar de ello, existen capacidades empresariales que podrían convertirse en una oportunidad. La CEPAL identificó preliminarmente más de 4 mil 500 empresas proveedoras de soluciones de inteligencia artificial en Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay.
La apuesta, explicó Jordán, no necesariamente consiste en que América Latina produzca todos los componentes de la cadena tecnológica, sino en que más empresas puedan adaptar modelos, desarrollar software especializado e integrar inteligencia artificial en sectores estratégicos como la agricultura y la minería.
El desafío también está en los gobiernos
La brecha entre adopción y capacidad de transformación alcanza también al sector público.
Nueve de los 19 países estudiados cuentan con estrategias nacionales de inteligencia artificial, pero solo algunos han asignado presupuesto, definido planes de implementación o establecido indicadores para evaluar sus resultados.
El problema, según los especialistas, es que elaborar una estrategia constituye apenas el primer paso. Para que tenga efectos se requieren recursos, instituciones responsables, infraestructura, talento, datos y reglas de gobernanza.
Enrique Crespo, del Digital for Development Hub del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, advirtió que la velocidad de evolución de la tecnología supera en muchos casos la capacidad de los gobiernos para regularla, adoptarla y utilizarla.
La experiencia de Brasil muestra que estos procesos requieren continuidad. La digitalización de su sistema judicial comenzó hace más de una década y permitió posteriormente incorporar herramientas de inteligencia artificial para facilitar la búsqueda de antecedentes y el acceso al conocimiento acumulado.
El proceso requirió inversión, equipos técnicos y continuidad institucional durante varios ciclos políticos.
“Esto no va a tomar uno o dos años; tomará cinco, diez, en el caso como te cuento de Brasil, doce, quince años”, señaló Crespo.
Los especialistas también plantean la necesidad de una mayor cooperación regional. Ningún país latinoamericano tiene por sí solo todos los recursos para desarrollar la infraestructura, el talento y la capacidad de cómputo necesarios para competir en todos los ámbitos de la inteligencia artificial.
Una posibilidad sería desarrollar mecanismos de cooperación Sur-Sur que permitan compartir infraestructura de cómputo, inversiones, datos y conocimiento.
El desafío, en última instancia, no consiste únicamente en conseguir que más personas utilicen inteligencia artificial. Para la CEPAL y el PNUD, el objetivo es que esa adopción se traduzca en productividad, innovación, mejores servicios públicos y capacidades propias.
La región ya está utilizando la inteligencia artificial a gran velocidad. La pregunta ahora es si podrá pasar de ser principalmente consumidora de estas herramientas a convertirse también en generadora de conocimiento y valor económico y social a partir de ellas.



