La discusión sobre quién tiene derecho a hablar, quién tiene derecho a responder y bajo qué reglas se construye el debate público volvió a ocupar un espacio central en la conferencia presidencial.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió a la propuesta del grupo parlamentario del PAN para establecer un mecanismo de derecho de réplica dentro de las llamadas Mañaneras del Pueblo, rechazando que un partido político tenga un espacio dentro de una conferencia que, dijo, pertenece al gobierno y tiene como propósito informar a la población.

El planteamiento panista busca que, cuando desde la conferencia presidencial se difundan hechos que sus integrantes consideren falsos, puedan responder en un espacio con una audiencia equivalente.
La respuesta de Sheinbaum fue directa: si los partidos quieren un espacio de comunicación política, pueden construir el suyo.
La presidenta sostuvo que los legisladores y dirigentes partidistas tienen acceso a medios de comunicación y redes sociales, además de contar con la posibilidad de convocar a conferencias de prensa.
“Que den su conferencia de prensa, ahí va a haber una buena réplica”, señaló.
Para Sheinbaum, la Mañanera del Pueblo no es un espacio partidista, sino un ejercicio institucional de información y debate público.
La mandataria insistió en que el gobierno continuará utilizando este formato para informar sobre sus acciones, responder cuestionamientos y participar en la discusión pública.
Y lanzó una crítica de fondo: si un partido considera que necesita tener el mismo alcance que la conferencia presidencial, debe generar su propio espacio y convencer a la ciudadanía.
El rating como nuevo campo de batalla político
La discusión introduce un elemento particularmente interesante: la audiencia se ha convertido también en un activo político.
Sheinbaum destacó que la Mañanera del Pueblo mantiene una audiencia importante, particularmente a través de las plataformas digitales y las transmisiones en vivo.
Desde su perspectiva, ese alcance no puede convertirse en argumento para otorgar a un partido político un espacio dentro de una conferencia gubernamental.
La lógica planteada por la presidenta es sencilla: el gobierno tiene su espacio institucional de comunicación y los partidos tienen derecho a construir los propios.
La controversia, sin embargo, abre una discusión mayor sobre el derecho de réplica en la era digital: ¿debe existir una equivalencia entre el alcance de una información y el alcance de su respuesta?, ¿quién determina cuándo una afirmación es falsa y cuándo se trata de una opinión?, ¿y cómo garantizar el derecho de las audiencias sin convertir la regulación en censura?
Derechos de las audiencias: la ciudadanía parece estar pidiendo reglas más claras
El debate coincidió con la presentación de resultados de una encuesta sobre protección de audiencias y regulación de redes para menores, que, de acuerdo con lo expuesto por la presidenta, muestra un amplio respaldo ciudadano a una mayor claridad en los contenidos de radio, televisión y plataformas.
Uno de los resultados más llamativos señala que 79% de las personas consultadas considera que el gobierno debería sancionar a los medios que busquen engañar a las audiencias con información falsa.

Sheinbaum aclaró, sin embargo, que la propuesta que se está discutiendo no plantea sancionar a los medios simplemente por difundir información falsa.
El planteamiento actual, explicó, está relacionado con obligaciones como contar con un código de ética y un defensor de las audiencias, además de establecer mecanismos para recibir y atender quejas.
Otro resultado revela una preocupación todavía más amplia: 78% considera importante que los programas de radio y televisión distingan claramente entre una noticia, una opinión del comunicador y un contenido pagado o publicitario.
Ese dato toca uno de los problemas centrales del ecosistema informativo contemporáneo: la frontera entre información, opinión, publicidad y contenido patrocinado puede volverse cada vez más difícil de identificar, especialmente cuando los contenidos circulan simultáneamente por televisión, radio, redes sociales y plataformas digitales.
La encuesta también preguntó por el objetivo de establecer reglas para los medios.
62% respondió que debería ser lograr que los medios comuniquen e informen de manera clara y objetiva, mientras que 28% consideró que el propósito sería controlar o censurar.
Para el gobierno, estos resultados respaldan la discusión sobre los derechos de las audiencias y contradicen la narrativa de que cualquier regulación necesariamente implica censura.
De la televisión a las plataformas digitales
La discusión no se limita a los medios tradicionales.
La misma encuesta abordó la regulación del acceso de niñas y niños a las redes sociales. De acuerdo con los datos presentados, 86% considera importante aprobar una propuesta relacionada con este tema, mientras que 68% manifestó aprobación hacia el planteamiento.

Sheinbaum destacó que el gobierno todavía se encuentra en una etapa de discusión y consulta pública.
El objetivo, insistió, no sería censurar contenidos, sino establecer condiciones para proteger a las audiencias y particularmente a niñas, niños y adolescentes frente a los riesgos asociados con el uso excesivo de plataformas digitales.
Aquí aparece una transformación fundamental del debate: el derecho de las audiencias ya no puede pensarse únicamente frente a una pantalla de televisión.
Hoy la audiencia también está en TikTok, YouTube, Facebook, Instagram, X y otras plataformas. Recibe simultáneamente noticias, opiniones, publicidad, propaganda, contenidos patrocinados y desinformación.
Por eso, distinguir entre información y opinión, identificar contenidos pagados y establecer mecanismos para presentar quejas se ha convertido en una discusión cada vez más relevante.
Alejandro Moreno lleva el conflicto a Estados Unidos
En otro frente de la discusión política, Sheinbaum cuestionó nuevamente al dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, por las acciones que ha emprendido en Estados Unidos.
La presidenta criticó que el líder priista haya acudido ante autoridades estadounidenses para solicitar el retiro de visas a consejeros electorales, a raíz de una sanción relacionada con declaraciones contra Morena y el gobierno.
Sheinbaum consideró que un dirigente partidista debería buscar convencer a los ciudadanos mexicanos y defender sus posiciones dentro de las instituciones nacionales.
La crítica presidencial se produjo mientras también se mantiene abierto en Campeche un proceso relacionado con una eventual solicitud de desafuero contra Moreno.
Sheinbaum precisó que este último asunto corresponde a las autoridades de Campeche y, en su caso, al Congreso, y no a la Fiscalía General de la República.
La presidenta evitó presentar el asunto como una persecución política y sostuvo que, si existe una investigación por la posible comisión de un delito, corresponde a las instituciones competentes determinar lo conducente.

Tres debates que terminan encontrándose
Aunque parecen asuntos distintos, las tres discusiones planteadas en la conferencia tienen un punto de encuentro: la disputa por el espacio público y por la credibilidad.
El PAN reclama un espacio de réplica dentro de una conferencia que tiene una enorme audiencia.
El gobierno plantea reglas para que las audiencias puedan distinguir información, opinión y publicidad, además de contar con mecanismos de defensa frente a los medios.
Y Alejandro Moreno lleva parte de su confrontación política al ámbito internacional, particularmente hacia Estados Unidos.
En todos los casos aparece la misma pregunta: ¿quién tiene la capacidad de influir en la opinión pública y cómo se construye la confianza de los ciudadanos?
La respuesta no está solamente en tener acceso a un micrófono.
En un ecosistema saturado de información, la audiencia también decide qué escuchar, qué compartir y a quién creer.
Por eso, el desafío de la comunicación política y de los medios ya no consiste únicamente en tener un espacio.
Consiste en construir credibilidad y sostenerla todos los días.
Y ese es, quizá, el verdadero campo de batalla de la comunicación política contemporánea.



