Un equipo de investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM participará en un ensayo clínico internacional que evaluará si el ejercicio físico y la suplementación con creatina monohidratada pueden retrasar la progresión del Alzheimer en personas que se encuentran en las etapas iniciales de la enfermedad.
El estudio será coordinado en México por el Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Enfermedades Neurodegenerativas (LINEN), encabezado por el investigador Luis Oskar Soto Rojas, y forma parte de un proyecto multicéntrico apoyado por la Alzheimer’s Association de Estados Unidos.
De acuerdo con Soto Rojas, en México viven cerca de un millón y medio de personas con enfermedad de Alzheimer y se estima que esta cifra podría triplicarse hacia 2050 como consecuencia del envejecimiento de la población. El especialista recordó que se trata de la forma más frecuente de demencia a nivel mundial.
El ensayo, que se desarrollará entre 2026 y 2029, reclutará entre 100 y 120 pacientes con Alzheimer en etapa temprana provenientes del Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social y de diversos institutos nacionales de salud, entre ellos los de Neurología y Neurocirugía, Geriatría, Psiquiatría «Ramón de la Fuente Muñiz», Ciencias Médicas y Nutrición «Salvador Zubirán» y el Hospital Infantil de México «Federico Gómez». Actualmente el protocolo se encuentra en proceso de aprobación por los comités de ética de las instituciones participantes.
Según el investigador, este será el primer ensayo internacional que combinará ejercicio físico con un suplemento alimenticio para analizar no solo si estas intervenciones mejoran la memoria y el aprendizaje, sino también los cambios que producen a nivel molecular y cerebral.
Para ello, los participantes serán evaluados mediante resonancia magnética cerebral, análisis de sangre para identificar biomarcadores asociados con el Alzheimer, estudios genéticos y herramientas de inteligencia artificial que permitirán analizar la respuesta del cerebro a estas intervenciones.
El protocolo contempla dos estrategias no farmacológicas. La primera consiste en un programa de ejercicio físico, cuya práctica se ha asociado con una reducción de la inflamación y del estrés oxidativo, además de favorecer la liberación de mioquinas, moléculas producidas por el músculo que contribuyen a mejorar el estado de ánimo, disminuir la ansiedad y proteger la función cerebral.
La segunda intervención será la administración de creatina monohidratada, un suplemento de bajo costo utilizado habitualmente para preservar y aumentar la masa muscular. Estudios previos sugieren que también incrementa la disponibilidad de energía en el cerebro y podría favorecer funciones cognitivas como la memoria, el aprendizaje y algunas capacidades motoras.
Además de evaluar el efecto de ambas intervenciones, los investigadores buscarán identificar biomarcadores que permitan detectar el Alzheimer de forma más temprana en la población mexicana. Entre los candidatos se encuentra la variante genética APOE ε4, asociada con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.
De manera paralela, el equipo del LINEN estudia en modelos animales los mecanismos que provocan la inflamación cerebral y la muerte progresiva de las neuronas, incluyendo el mal plegamiento de proteínas y el estrés oxidativo, procesos que contribuyen al desarrollo tanto del Alzheimer como del Parkinson.
Soto Rojas señaló que estos hallazgos refuerzan la necesidad de desarrollar estrategias terapéuticas multimodales, ya que los tratamientos farmacológicos actuales ofrecen beneficios limitados al no actuar sobre todos los mecanismos que participan en la progresión de la enfermedad.



