La Inversión Extranjera Directa (IED) mundial creció 6 por ciento en 2025, hasta alcanzar 1.6 billones de dólares, con lo que puso fin a dos años consecutivos de descenso. Sin embargo, este repunte no se ha traducido en un desarrollo equitativo, ya que los flujos de capital continúan concentrándose en un reducido grupo de economías y sectores estratégicos, advirtió la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
De acuerdo con el Informe sobre las Inversiones en el Mundo 2026, las economías desarrolladas registraron un aumento de 11 por ciento en la captación de inversión extranjera, mientras que las economías en desarrollo crecieron apenas 2 por ciento, con entradas por 901 mil millones de dólares.
La ONU subrayó que el principal desafío ya no es únicamente atraer inversión, sino que ésta contribuya a generar capacidad productiva, empleo, desarrollo de habilidades y transferencia de tecnología, elementos fundamentales para impulsar el desarrollo sostenible de los países.
El informe señala que las 20 principales economías receptoras concentraron más del 80 por ciento de la inversión extranjera directa mundial durante 2025, lo que refleja una creciente concentración de los flujos de capital.
Asimismo, destaca que gran parte del crecimiento estuvo impulsado por un número reducido de megaproyectos, principalmente en infraestructura digital vinculada con la inteligencia artificial, centros de datos, semiconductores, minerales críticos y tecnologías para la transición energética.
En conjunto, estos sectores representaron 44 por ciento del valor de los proyectos de inversión en nuevas instalaciones, frente al 16 por ciento registrado en 2020.
Por regiones, Asia en desarrollo se mantuvo como el principal destino de inversión extranjera, al captar 644 mil millones de dólares, mientras que América Latina y el Caribe registraron un incremento de 14 por ciento, con flujos por 188 mil millones de dólares.
No obstante, la UNCTAD advirtió que el crecimiento de la inversión no necesariamente se refleja en nuevas fábricas, infraestructura, empleos o transferencia tecnológica, por lo que su impacto en el desarrollo continúa siendo limitado en numerosas economías.
El informe también indica que los países de ingresos bajos y medios bajos captaron apenas alrededor del 10 por ciento de la inversión en sectores estratégicos entre 2020 y 2025, lo que evidencia las dificultades para incorporarse a las nuevas cadenas globales de valor.
Frente a este escenario, el organismo señaló que los países en desarrollo requieren fortalecer su infraestructura, formar capital humano, desarrollar proveedores locales y ampliar la cooperación internacional para que la inversión extranjera contribuya efectivamente al crecimiento económico y al bienestar de la población.
Las perspectivas para 2026 permanecen inciertas debido a la política comercial, las tensiones geopolíticas, los conflictos, los elevados costos de financiamiento y la fragmentación de la economía mundial, factores que podrían limitar la recuperación de la inversión internacional.



