La ciudad estudiará una red de energía térmica que capturaría el calor de las estaciones y lo almacenaría bajo tierra para calentar edificios municipales durante los meses fríos
Las autoridades de Nueva York estudian una alternativa para reducir las altas temperaturas que se registran en algunas estaciones del Metro durante el verano: extraer el calor de los andenes, almacenarlo bajo tierra y utilizarlo durante el invierno para calentar edificios municipales.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, la gobernadora del estado, Kathy Hochul, y la Metropolitan Transportation Authority (MTA) anunciaron una alianza para estudiar la viabilidad de una red de energía térmica (Thermal Energy Network, TEN) en el complejo de las estaciones Brooklyn Bridge-City Hall, de las líneas 4, 5 y 6, y Chambers Street, de las líneas J y Z, en Lower Manhattan.
El estudio tendrá un costo de 800 mil dólares y buscará determinar si el sistema puede reducir la temperatura de los andenes y, al mismo tiempo, aprovechar el calor que actualmente se disipa. Si resulta viable, sería la primera red de energía térmica instalada en un sistema de transporte público de Estados Unidos.
Una respuesta al calor del Metro
El proyecto parte de un problema que se ha vuelto cada vez más evidente durante los periodos de altas temperaturas.
La estación Brooklyn Bridge-City Hall registró una temperatura promedio de alrededor de 96 grados Fahrenheit, unos 35.5 grados Celsius, durante los meses de verano. En algunas estaciones subterráneas, la temperatura puede superar hasta en 20 grados Fahrenheit —unos 11 grados Celsius— la del exterior.
El problema es particularmente complejo porque gran parte del Metro de Nueva York tiene más de un siglo de antigüedad y fue construido sin sistemas modernos de climatización. Las entradas abiertas, rejillas de ventilación y otras características de las estaciones antiguas hacen difícil instalar aire acondicionado convencional a gran escala.
La estación Chambers Street, además, forma parte de un proyecto de renovación integral, por lo que las autoridades consideran que la intervención ofrece una oportunidad para probar nuevas soluciones de enfriamiento.
¿Cómo funcionaría?
La propuesta utilizaría enfriamiento radiante para extraer el calor acumulado en los andenes.
Ese calor sería conducido mediante un sistema de tuberías hacia perforaciones geotérmicas que se realizarían bajo una plataforma central abandonada de la estación Chambers Street.
La energía térmica quedaría almacenada en el subsuelo durante los meses cálidos y podría recuperarse durante el invierno para calentar edificios municipales cercanos.
Así, el sistema tendría dos funciones complementarias: reducir el calor que soportan los pasajeros durante el verano y convertir esa energía térmica en una fuente de calefacción durante el invierno.
La plataforma central abandonada de Chambers Street resulta particularmente útil para el proyecto porque permitiría realizar las perforaciones sin afectar directamente las áreas utilizadas por los pasajeros.
La tecnología ya existe
La propuesta no implica desarrollar una tecnología completamente nueva.
El enfriamiento radiante, las redes de energía térmica y el almacenamiento geotérmico de energía son tecnologías que ya se utilizan. Lo novedoso sería combinarlas para aprovechar específicamente el calor generado y acumulado en una estación del Metro de Nueva York.
El almacenamiento térmico subterráneo permite guardar energía en el subsuelo durante una estación y recuperarla posteriormente. En este caso, el objetivo sería almacenar el calor extraído durante el verano y recuperarlo en invierno.
Tecnologías geotérmicas para aprovechar el calor de estaciones de transporte y espacios subterráneos ya han sido utilizadas en otros lugares, entre ellos República Checa, España y Suiza.
Por ello, la innovación del proyecto neoyorquino no estaría en inventar un nuevo sistema, sino en adaptar estas tecnologías a la infraestructura de un sistema de transporte público estadunidense y utilizar el calor del Metro como recurso energético.
Chambers Street será el punto de prueba
La elección de Chambers Street está relacionada con la renovación de una de las estaciones más antiguas del sistema.
La plataforma central abandonada ofrece un espacio donde podrían instalarse las perforaciones geotérmicas y probar el almacenamiento térmico sin interferir directamente con las zonas de circulación de pasajeros.
La renovación de la estación se financiará con recursos provenientes del programa de tarifas por congestión de Nueva York, mientras que el estudio sobre la red de energía térmica tendrá financiamiento específico.
Las autoridades esperan adjudicar el contrato para el estudio durante el otoño de 2026. Si se confirma que el sistema es técnicamente viable, el diseño podría comenzar a principios de 2027.
El calor del Metro como fuente de energía
El calor de las estaciones subterráneas procede de distintas fuentes: los trenes, los sistemas eléctricos, el frenado de los convoyes, los pasajeros y el calor que ingresa desde el exterior.
En estaciones profundas, además, el calor puede acumularse en las estructuras subterráneas y permanecer durante largos periodos.
La propuesta busca cambiar la lógica habitual: en lugar de considerar ese calor únicamente como un problema que debe ser expulsado, convertirlo en una fuente de energía que pueda utilizarse posteriormente.
Durante el verano, el sistema retiraría parte del calor de los andenes. En invierno, esa energía almacenada podría recuperarse para reducir la cantidad de energía convencional necesaria para calentar edificios públicos cercanos.
No será aire acondicionado convencional
El proyecto tampoco consiste en instalar equipos de aire acondicionado tradicionales en las estaciones.
El enfriamiento radiante funciona mediante superficies y tuberías por las que circula un fluido que absorbe el calor del entorno. Esto permite reducir la temperatura sin depender exclusivamente de grandes sistemas de aire acondicionado.
La alternativa resulta especialmente atractiva para el Metro porque instalar sistemas convencionales de climatización en estaciones antiguas implicaría importantes desafíos de infraestructura y consumo energético.
La red térmica permitiría, además, que la energía extraída de las estaciones no se perdiera, sino que pudiera almacenarse para utilizarse meses después.
Un proyecto todavía en estudio
Por ahora, Nueva York no ha comenzado a construir la red térmica.
El estudio deberá determinar cuánto calor puede extraerse de las estaciones, cuánto puede almacenarse en el subsuelo, qué reducción de temperatura podría obtenerse en los andenes y cuánto ahorro energético representaría para los edificios municipales.
También tendrá que establecer si las condiciones geológicas de la zona permiten instalar el sistema de almacenamiento térmico y cuál sería el costo de una eventual construcción.
Por ello, las autoridades todavía no pueden garantizar que el proyecto vaya a construirse.
Una estrategia frente al calor extremo
La iniciativa forma parte de una discusión más amplia sobre cómo adaptar la infraestructura de Nueva York al aumento de las temperaturas.
El Metro es uno de los espacios donde este problema resulta especialmente visible. Sus estaciones subterráneas pueden acumular grandes cantidades de calor y, en muchos casos, carecen de sistemas de refrigeración capaces de mantener temperaturas confortables.
El proyecto de Lower Manhattan busca convertir esa desventaja en una oportunidad: enfriar los andenes durante el verano, almacenar el calor extraído bajo tierra y utilizarlo para calentar edificios municipales durante el invierno.
Si el estudio demuestra que el sistema es técnica y económicamente viable, Nueva York podría analizar su aplicación en otras estaciones del Metro.
El proyecto sería además el primero de este tipo en un sistema de transporte público de Estados Unidos, aunque las tecnologías que pretende combinar ya se utilizan en otros países.




