La nueva Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación plantea un cambio de modelo: articular universidades, centros públicos, gobiernos, industria y sociedad alrededor de proyectos estratégicos. Olinia, semiconductores, supercómputo, satélites y alerta temprana ante huracanes son algunos de los proyectos que buscan convertir capacidades científicas existentes en soluciones y tecnologías desarrolladas en México.
México cuenta con universidades, centros públicos de investigación, laboratorios nacionales y una comunidad científica que durante décadas ha desarrollado conocimiento en múltiples áreas. El reto, sin embargo, ha sido conectar esas capacidades para que la investigación trascienda los laboratorios y contribuya de manera sistemática a resolver problemas nacionales.
Ese es uno de los principales planteamientos detrás de la creación de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), cuya titular, Rosaura Ruiz Gutiérrez, presentó durante la Mañanera del Pueblo un balance de los programas y proyectos que actualmente coordina la dependencia.
Más que una enumeración de instituciones, investigadores y programas, la exposición mostró la intención de construir un sistema nacional de ciencia y tecnología con objetivos específicos, en el que distintos grupos de investigación trabajen de manera coordinada.
El cambio de paradigma: coordinar capacidades
Durante la conferencia, la presidenta Claudia Sheinbaum planteó que uno de los problemas históricos de la ciencia mexicana ha sido que existen numerosos grupos de investigación que trabajan sobre temas similares, pero que no necesariamente se articulan alrededor de un mismo objetivo nacional.
El nuevo modelo busca modificar esa dinámica.
El ejemplo utilizado fue Olinia, proyecto para desarrollar un vehículo eléctrico mexicano. De acuerdo con la presidenta, alrededor de esta iniciativa se reunieron aproximadamente 70 grupos de investigación especializados en electromovilidad.
La lógica es trasladar este modelo a otros campos: que universidades y centros públicos compartan conocimiento, infraestructura y capacidades para enfrentar problemas concretos.
Esto representa una diferencia importante respecto de una política científica basada únicamente en financiar proyectos individuales. El desafío ahora consiste en lograr que esa coordinación produzca resultados tecnológicos, industriales y sociales medibles.
De Olinia a los semiconductores
Uno de los campos donde esta estrategia adquiere particular relevancia es el de los semiconductores.
El proyecto Kutsari busca desarrollar capacidades nacionales en esta área mediante centros de diseño ubicados en Puebla, Sonora y Jalisco, además de la participación de instituciones académicas y centros de investigación.
La importancia estratégica de los semiconductores va más allá de la industria electrónica. Computadoras, teléfonos, automóviles, equipos médicos, sistemas de comunicación y prácticamente cualquier tecnología digital dependen de ellos.
Para México, el reto no consiste únicamente en atraer inversiones relacionadas con esta industria, sino en desarrollar conocimiento, talento, diseño y capacidades tecnológicas propias que permitan participar en segmentos de mayor valor.
Supercómputo e inteligencia artificial
Otro de los proyectos presentados es Coatlicue, una infraestructura de supercómputo que busca ampliar la capacidad nacional para realizar cálculos científicos y desarrollar aplicaciones de inteligencia artificial.
Aquí aparece uno de los puntos centrales de la estrategia: la infraestructura por sí sola no produce conocimiento.
Por ello, la SECIHTI plantea acompañar el desarrollo tecnológico con formación de especialistas. La meta es contar con investigadores e ingenieros capaces no solamente de utilizar herramientas de inteligencia artificial, sino también de desarrollar tecnología propia.
El mismo principio se aplica a los proyectos de electromovilidad, satélites y otras tecnologías estratégicas.
Ciencia para anticipar desastres
La ciencia también está siendo orientada hacia problemas directamente relacionados con la protección de la población.
El proyecto Apixqui busca fortalecer el monitoreo meteorológico y oceánico para mejorar la capacidad de anticipación frente a fenómenos como los huracanes.
La SECIHTI informó que el sistema incrementó de manera significativa las observaciones en tiempo real y que la información puede contribuir a generar alertas con mayor anticipación.
La importancia de este tipo de infraestructura quedó evidenciada nuevamente durante la temporada de huracanes, donde la capacidad para anticipar la trayectoria y evolución de un fenómeno puede traducirse en decisiones de protección civil, evacuación y preparación de comunidades.
Aquí la ciencia deja de ser una política sectorial para convertirse en una herramienta de gestión del riesgo.
El sargazo: de problema ambiental a materia de investigación
Otro ejemplo es el sargazo.
México enfrenta desde hace años arribazones masivas que afectan particularmente a las costas del Caribe y representan un problema ambiental, turístico y económico.
La estrategia presentada por la SECIHTI contempla una red de especialistas que trabaja en monitoreo, contención, recolección y aprovechamiento del sargazo.
La pregunta científica ya no es únicamente cómo retirar el alga de las playas, sino también qué puede hacerse con ella una vez recolectada.
Convertir un problema ambiental en una oportunidad tecnológica requiere investigación interdisciplinaria, evaluación de riesgos, desarrollo de procesos industriales y, eventualmente, mercados capaces de absorber los productos derivados.
Maíz, salud y biodiversidad
La estrategia también contempla problemas menos asociados tradicionalmente con la alta tecnología.
En el caso del maíz, la SECIHTI trabaja con productores y la Secretaría de Agricultura para conservar la diversidad genética de las variedades nativas y desarrollar semillas mejoradas.
La apuesta es preservar la biodiversidad agrícola mientras se incorporan herramientas científicas que puedan beneficiar a los productores.
En salud, la dependencia informó sobre el desarrollo de dispositivos para diálisis, un campo particularmente relevante para México por la carga de enfermedades crónicas que pueden ocasionar daño renal.
El objetivo declarado es avanzar hacia una mayor capacidad nacional para desarrollar y eventualmente producir tecnología médica.
Humanidades como parte de la política científica
Uno de los elementos distintivos de la nueva secretaría es que la estrategia no se limita a ciencia y tecnología.
La SECIHTI también impulsa proyectos relacionados con lenguas indígenas, lingüística comunitaria, historia local y preservación de la memoria de los pueblos.
La Red Nacional de Investigación sobre Lenguas Indígenas reúne a especialistas y comunidades para fortalecer la investigación, preservación y transmisión de estas lenguas.
En Michoacán, el proyecto de Historias Locales de los Pueblos Indígenas busca recuperar narrativas orales y documentos para construir acervos históricos con participación de las propias comunidades.
La incorporación de las humanidades dentro de la misma política pública plantea una concepción más amplia del conocimiento: no solamente como motor de innovación tecnológica, sino también como herramienta para preservar identidad, memoria y patrimonio cultural.
Más recursos, pero también una exigencia mayor
La SECIHTI reportó que durante 2026 se incrementaron en mil 676 millones de pesos los recursos destinados a proyectos de investigación y desarrollo tecnológico respecto de 2025.
También informó de un aumento en los proyectos aprobados, más de 100 mil becas y apoyos para estudiantes y 200 nuevas plazas para investigadores en los centros públicos.
El crecimiento presupuestal es relevante, pero abre una segunda pregunta: ¿cómo se medirá el impacto de estos recursos?
El éxito de una política científica no depende exclusivamente de cuánto dinero se invierte. También requiere indicadores que permitan conocer cuántos proyectos llegan a prototipos, cuántas tecnologías son transferidas, cuántas empresas se generan, qué patentes se convierten en productos y cuánto conocimiento llega efectivamente a la sociedad.
Ese será uno de los grandes desafíos de la SECIHTI.
El verdadero reto: convertir conocimiento en innovación
México tiene una comunidad científica amplia y capacidades distribuidas en universidades, centros públicos y laboratorios nacionales.
La apuesta que presentó la SECIHTI consiste en conectarlas.
Olinia, Kutsari, Coatlicue, Ixli, Apixqui y Quetzal representan distintas piezas de una misma estrategia: desarrollar capacidades nacionales en electromovilidad, semiconductores, supercómputo, observación terrestre, inteligencia artificial y sistemas autónomos.
Pero el paso decisivo será lograr que esas capacidades se traduzcan en innovación.
Eso implica vincular investigación con industria, formar especialistas, proteger y transferir conocimiento, desarrollar cadenas de suministro, generar infraestructura y crear condiciones para que los proyectos puedan escalar.
La creación de la SECIHTI coloca sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá de una dependencia gubernamental:
¿Puede México pasar de ser un país que produce conocimiento a uno que también desarrolla, controla y comercializa una parte creciente de las tecnologías que necesita?
La respuesta dependerá menos de los anuncios y más de la capacidad para mantener la inversión, coordinar instituciones y convertir los proyectos estratégicos en tecnologías que funcionen, se produzcan y lleguen a la sociedad.
Ese es, finalmente, el salto que la nueva política científica mexicana pretende dar.



