Presidenta Sheinbaum plantea recuperar el papel, la convivencia y el juego frente al uso de celulares en las escuelas

La expansión de los teléfonos inteligentes y las plataformas digitales transformó en pocos años la manera en que niñas, niños y adolescentes estudian, se informan, se entretienen y se relacionan. Sin embargo, para la presidenta Claudia Sheinbaum, ese proceso tecnológico también obliga hoy a revisar los límites de su uso, particularmente dentro de las escuelas.

Durante su conferencia matutina, la mandataria reflexionó sobre la forma en que, gradualmente, los dispositivos digitales pasaron de ser considerados herramientas innovadoras para la educación a convertirse en un elemento permanente de la vida cotidiana de millones de estudiantes.

Sheinbaum recordó que, durante los primeros años de la digitalización educativa, las escuelas que incorporaban plataformas electrónicas, tareas enviadas por correo electrónico y herramientas digitales eran vistas como espacios modernos e innovadores.

Incluso, el uso del teléfono celular dentro del aula llegó a considerarse una posibilidad para acceder rápidamente a información y realizar investigaciones durante las clases.

Sin embargo, con la evolución de las plataformas digitales también comenzaron a identificarse los efectos que determinados mecanismos tecnológicos pueden tener sobre la atención y el comportamiento de los usuarios.

El cambio llegó con las plataformas y el desplazamiento infinito

Uno de los fenómenos a los que se refirió la presidenta fue el llamado scrolling o desplazamiento infinito, un mecanismo que permite a los usuarios continuar consumiendo contenidos de manera prácticamente ininterrumpida.

Sheinbaum señaló que esta dinámica se popularizó con plataformas como TikTok y posteriormente fue incorporada por otras redes sociales.

El resultado es una experiencia digital diseñada para mantener la atención del usuario durante largos periodos de tiempo.

La presidenta recordó que en Estados Unidos han existido procesos judiciales relacionados con los posibles daños provocados por las plataformas digitales en niñas, niños y adolescentes.

También mencionó testimonios de personas que participaron en el desarrollo de plataformas y que han advertido sobre el diseño de algoritmos orientados a mantener a los usuarios frente a las pantallas durante el mayor tiempo posible.

Para Sheinbaum, la discusión ya no debe centrarse únicamente en si la tecnología es buena o mala, sino en reconocer que su desarrollo ha avanzado más rápido que la comprensión social sobre sus posibles efectos.

“Ha ido avanzando la tecnología y con ello también se han ido reconociendo los impactos del uso de esa tecnología”, señaló.

El regreso al papel y la escritura a mano

En este contexto, la presidenta destacó que diversos sistemas educativos han comenzado a recuperar actividades que parecían haber quedado desplazadas por la digitalización.

Entre ellas se encuentra el uso de la pluma y el papel.

Sheinbaum explicó que la escritura manual y otras actividades realizadas sin dispositivos digitales contribuyen al desarrollo de capacidades psicomotoras, al involucrar de manera simultánea procesos mentales y movimientos de las manos.

Por ello, planteó que algunas escuelas y países están reconsiderando la presencia permanente de dispositivos digitales en el aula.

La propuesta del gobierno mexicano, explicó, busca que las escuelas sean espacios donde estudiantes y docentes puedan desarrollar actividades sin la presencia constante de teléfonos celulares y otros dispositivos digitales.

Recuperar el recreo y la convivencia

La reflexión también alcanzó uno de los espacios más importantes de la vida escolar: el recreo.

Para la presidenta, el objetivo es recuperar la convivencia directa entre estudiantes y evitar que los momentos de descanso se conviertan en extensiones del tiempo frente a una pantalla.

La idea, dijo, es que durante el recreo niñas y niños vuelvan a jugar y convivir entre ellos.

La discusión ocurre en un contexto en el que el acceso a teléfonos celulares entre menores de edad es cada vez más amplio. De acuerdo con la pregunta planteada durante la conferencia, cifras del Inegi indican que ocho de cada 10 menores de edad tienen acceso a un teléfono celular.

La presidenta insistió en que la responsabilidad no termina en la escuela.

En el hogar, señaló, las plataformas digitales deben contar con mecanismos de control y las madres y padres de familia necesitan conocer los posibles efectos del uso ininterrumpido de dispositivos electrónicos.

La escuela como espacio para desconectarse

La posición planteada por Sheinbaum no supone el rechazo a la tecnología, sino la búsqueda de límites para su uso, especialmente durante las actividades escolares.

El planteamiento es recuperar una frontera entre los espacios de aprendizaje, convivencia y juego, y el consumo permanente de contenidos digitales.

En una época en la que una pantalla puede ofrecer información infinita con apenas deslizar un dedo, el debate educativo comienza a mirar nuevamente hacia herramientas mucho más antiguas: una hoja, una pluma, una conversación y un recreo sin teléfono.

La pregunta que queda sobre la mesa es si la sociedad puede encontrar un equilibrio entre aprovechar la tecnología y evitar que la tecnología termine ocupando cada minuto de la experiencia cotidiana de niñas, niños y adolescentes.

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