El homenaje póstumo en Bellas Artes recuperó el significado de una ruptura política que abrió camino a una nueva fuerza democrática. Su legado también se construyó desde la relación con las comunidades, la defensa de las causas sociales y la convicción de que la confianza política se gana con hechos.
Hay decisiones políticas que trascienden el momento en que se toman. La ruptura de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano con el Partido Revolucionario Institucional en 1987 fue una de ellas.
En el homenaje póstumo que se le rindió este viernes en el Palacio de Bellas Artes, la presidenta Claudia Sheinbaum recuperó precisamente ese episodio para explicar por qué consideró al ingeniero un hombre valiente.
“Un hombre valiente en 1987 cuando se trataba de definir si seguía en el PRI o no o si construía con el pueblo de México una ruptura, tomó una decisión muy valiente. Nada estaba escrito”, expresó la mandataria.
La frase resume uno de los momentos determinantes de la historia política contemporánea de México: la decisión de desafiar las estructuras de un sistema político en el que el PRI había mantenido la Presidencia de la República durante décadas y construir una alternativa con otros sectores de la sociedad.
1987: el momento de la ruptura
La salida de Cárdenas del PRI no fue un episodio aislado. Se produjo en medio de las tensiones internas por el rumbo económico y político del país y por los mecanismos de selección de la candidatura presidencial.
Junto con otros dirigentes, intelectuales, organizaciones y militantes, impulsó la Corriente Democrática, que cuestionó las prácticas internas del partido y demandó una transformación de sus mecanismos de decisión.
La ruptura desembocó en la candidatura presidencial de 1988, respaldada por una amplia coalición de fuerzas políticas y sociales.
Aquella elección representó un punto de inflexión. La controversia por los resultados electorales y la movilización ciudadana colocaron en el centro del debate nacional la necesidad de construir instituciones electorales con mayor autonomía y credibilidad.
El movimiento cardenista contribuyó a reorganizar a las fuerzas de izquierda y, posteriormente, a la fundación del Partido de la Revolución Democrática en 1989.
Más allá de los resultados electorales y de las distintas interpretaciones sobre aquel proceso, la irrupción de esa corriente modificó el escenario de competencia política en México.
La confianza se construye con hechos
Durante el homenaje, Imanol Ordorika, académico de la UNAM, recordó el primer encuentro que tuvo con Cárdenas en 1987, cuando integrantes del Consejo Estudiantil Universitario le expresaron sus reservas por su pasado priista.
La respuesta del ingeniero fue una definición que también permite entender su relación con la política:
“Es lo menos que se puede esperar, la confianza se construye con hechos”.
La anécdota revela una dimensión importante de su trayectoria: la confianza no debía darse por sentada ni depender de una filiación partidista. Tenía que construirse mediante las decisiones y las acciones.
Ese mismo principio fue evocado desde otra perspectiva por Guadalupe Dimas, representante del pueblo p’urhépecha, quien recordó la cercanía de Cárdenas con las comunidades indígenas de Michoacán, sus artesanos y las personas más humildes.
Su testimonio trasladó el homenaje del terreno estrictamente político al de la memoria comunitaria. Recordó al hombre que visitaba pueblos, escuchaba a sus habitantes y mantenía vínculos con las comunidades.
Una historia familiar y una responsabilidad pública
La memoria de Cuauhtémoc Cárdenas también está vinculada a la figura de su padre, el general Lázaro Cárdenas del Río.
Durante el homenaje se recordó la tradición de solidaridad que caracterizó al gobierno cardenista, entre otras acciones, por la recepción de refugiados de la Guerra Civil española.
Ese legado familiar formó parte de la memoria pública del ingeniero, aunque su trayectoria construyó una identidad política propia, marcada por la defensa de la democracia, la participación ciudadana y la organización de una alternativa política.
Fue gobernador de Michoacán, tres veces candidato a la Presidencia de la República, primer jefe de Gobierno electo del entonces Distrito Federal y uno de los fundadores del PRD.
Bellas Artes: el reconocimiento a una trayectoria histórica
La elección del Palacio de Bellas Artes para rendirle homenaje también tuvo un significado particular.
El recinto, tradicionalmente asociado con la memoria cultural y artística de México, abrió sus puertas para despedir a una figura cuya trayectoria trascendió los cargos públicos y las contiendas electorales.
La presencia de familiares, ciudadanos, representantes políticos, académicos y comunidades michoacanas mostró las distintas dimensiones de su legado.
Durante la ceremonia, Claudia Sheinbaum anunció que propuso a la Secretaría de Gobernación que los restos del ingeniero sean trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores. La iniciativa deberá someterse a evaluación y contar con la autorización de la familia.
La propuesta abre también una reflexión sobre la memoria histórica: qué personajes reconoce una nación, qué decisiones considera trascendentes y cómo se preservan las experiencias que contribuyeron a transformar su vida pública.
El legado de una decisión
La historia de Cuauhtémoc Cárdenas no puede reducirse a una elección presidencial, a la fundación de un partido o a los cargos que ocupó.
Su importancia histórica está vinculada a un proceso de organización política y social que contribuyó a abrir espacios para el pluralismo y la competencia democrática en México.
Su decisión de 1987 tuvo consecuencias que se extendieron mucho más allá de su propio proyecto político.
En Bellas Artes, entre música michoacana, flores y testimonios de distintas generaciones, la despedida recuperó precisamente ese significado.
“Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano es un hombre valiente”, dijo la presidenta.
La frase adquiere una dimensión histórica cuando se recuerda el momento en que decidió abandonar las certezas de un partido que había sido su casa política para emprender, junto con otros, una ruta cuyo desenlace todavía no estaba escrito.
Porque la democracia mexicana también se construyó a partir de decisiones que cuestionaron el poder establecido y abrieron nuevas posibilidades de participación para la sociedad.



