La cantante, compositora, periodista y activista Judith Reyes hizo de la música una herramienta para acompañar las luchas de campesinos, trabajadores y estudiantes, además de utilizar el periodismo para denunciar las injusticias sociales, destacó la subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez.
Durante la sección “Mujeres en la Historia” de la conferencia “La mañanera del pueblo”, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la funcionaria destacó la importancia de recuperar las historias de mujeres que contribuyeron, mediante el arte y la participación social, a visibilizar las luchas por la justicia y los derechos en México.
Juárez Pérez recordó que Judith Reyes Hernández nació el 22 de marzo de 1924 en Ciudad Madero, Tamaulipas. A los 12 años recibió de su padre una guitarra sexta doble y, dos años después, comenzó a presentarse en teatros y campos petroleros de Tampico.
Posteriormente se trasladó a la Ciudad de México, donde conoció al músico y compositor Eduardo Alarcón Leal, con quien formó el Dueto Alarcón.
Durante una gira por Estados Unidos, Reyes conoció de cerca la discriminación y se acercó a las causas de los trabajadores migrantes. A su regreso a México trabajó en la Sociedad de Autores y Compositores de México y tuvo contacto con figuras de la época de oro del cine mexicano. También compuso canciones para películas y fue conocida como “la tamaulipeca”.
Música y periodismo como herramientas de denuncia
Con el paso de los años, su trabajo artístico se vinculó cada vez más con las causas sociales. Recorrió distintas regiones del país y utilizó sus canciones para acompañar luchas agrarias y movimientos populares.
También incursionó en el periodismo y colaboró en publicaciones como El Informador de Chihuahua e Índice y Acción, Voz Revolucionaria del Pueblo, de la que llegó a ser directora.
Su actividad provocó persecución y encarcelamiento en 1964, debido a su labor periodística y al contenido de sus canciones. Sin embargo, continuó utilizando la música como una forma de denuncia y acompañamiento de las causas sociales.
Durante el movimiento estudiantil de 1968, encabezó la llamada “Caravana de Corridos” en la UNAM y el IPN, donde ofreció hasta dos conciertos diarios.
Posteriormente, tras ser víctima de un secuestro, se exilió en Francia e Italia. En Europa impulsó el Comité por la Defensa Física y Moral de los Presos Políticos de México y escribió su autobiografía A la otra cara de la patria.
La subsecretaria señaló que la trayectoria de Reyes forma parte de la memoria histórica del país y muestra cómo el arte puede convertirse en una herramienta para expresar inconformidad, acompañar movimientos sociales y defender derechos.
Judith Reyes continuó componiendo y viajando durante la década de 1970 hasta su muerte, en 1988, dejando una huella en la música popular mexicana y en las luchas sociales de su época.
“Su voz no se quedó callada; convirtió la canción en una forma de lucha y en un espacio para hacer visibles las causas de quienes exigían justicia”, concluyó Juárez Pérez.



