De acuerdo con reportes de Reuters, The Washington Post y The Guardian, la administración del presidente Donald Trump negocia un memorando de entendimiento con Teherán que incluiría medidas para reabrir el estrecho de Ormuz, disminuir las hostilidades y abrir una nueva etapa de conversaciones sobre el programa nuclear iraní.
Sin embargo, el posible acuerdo ha provocado inquietud en el gobierno del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien, según Reuters, reconoció ante colaboradores cercanos que Israel tiene poca capacidad para influir en las decisiones que Washington está tomando respecto a Irán.
Medios internacionales reportaron que Israel ha quedado prácticamente al margen de las conversaciones, pese a que el conflicto con Irán y el programa nuclear iraní representan uno de los principales temas de seguridad para el gobierno israelí.
Entre los puntos discutidos se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz, el posible alivio parcial de sanciones económicas y un periodo adicional de negociaciones sobre el enriquecimiento de uranio y el programa nuclear iraní. No obstante, Teherán ha insistido en que varios temas nucleares no forman parte inmediata del acuerdo preliminar.
En medio de las críticas, Donald Trump defendió públicamente las negociaciones y aseguró que el eventual pacto será distinto al firmado durante la administración de Barack Obama en 2015.
“Será un gran acuerdo para todos o no habrá acuerdo”, escribió este lunes en Truth Social, donde afirmó además que las conversaciones “avanzan bien”, aunque advirtió que si fracasan podrían regresar las confrontaciones “más grandes y más fuertes que nunca”.
El mandatario estadounidense también respondió a las críticas provenientes de sectores republicanos conservadores, que consideran excesivas las concesiones planteadas hacia Teherán.
“No escuchen a los perdedores que critican algo que no conocen”, declaró Trump al defender el contenido de las negociaciones.
Asimismo, insistió en que cualquier pacto con Irán “será muy diferente al acuerdo de Obama”, del cual Estados Unidos se retiró años después por considerar que no limitaba suficientemente el programa nuclear iraní.
Las condiciones planteadas por la Casa Blanca han sido cuestionadas por legisladores republicanos de línea dura, quienes consideran que el acuerdo podría dejar intacta parte de la capacidad militar y nuclear iraní.
El senador Lindsey Graham advirtió que un acuerdo que permita a Irán conservar influencia regional y capacidad de presión sobre el estrecho de Ormuz sería “una pesadilla para Israel”.
Por su parte, el senador Ted Cruz expresó estar “profundamente preocupado” por los reportes sobre el contenido del pacto y afirmó que sería “un error desastroso” permitir que Irán mantenga capacidad de enriquecimiento de uranio mientras recibe alivio económico.
También exfuncionarios republicanos y analistas conservadores han cuestionado que Washington esté dispuesto a flexibilizar sanciones o negociar antes de garantizar el desmantelamiento total del programa nuclear iraní.
En paralelo, Trump planteó ampliar los llamados Acuerdos de Abraham y pidió que más países de mayoría musulmana normalicen relaciones diplomáticas con Israel como parte de una eventual reconfiguración regional derivada del acuerdo con Irán.
“Arabia Saudita y Catar deberían firmar primero”, declaró el mandatario, quien también mencionó a Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania como posibles participantes de un nuevo esquema regional de cooperación.
Aunque funcionarios estadounidenses e iraníes reconocen avances, ambas partes han señalado que aún existen diferencias importantes y que un acuerdo definitivo no es inminente.



