El humo generado por los incendios forestales que permanecen activos en Canadá continúa deteriorando la calidad del aire en amplias zonas del noreste y medio oeste de Estados Unidos, donde millones de personas permanecen bajo alertas sanitarias debido a los altos niveles de contaminación atmosférica. La emergencia ambiental escaló también al terreno político, luego de que el presidente Donald Trump responsabilizara al gobierno canadiense por la situación y amenazara con imponer nuevos aranceles a ese país.
De acuerdo con autoridades meteorológicas y ambientales, el humo procedente de cientos de incendios activos en las provincias canadienses de Ontario, Manitoba y Saskatchewan ha sido transportado por los vientos hacia territorio estadounidense, afectando la visibilidad y elevando la concentración de partículas finas (PM2.5), consideradas las más peligrosas para la salud por su capacidad para penetrar profundamente en los pulmones e ingresar al torrente sanguíneo.
Las condiciones más severas se registraron en ciudades como Chicago, Detroit, Nueva York, Filadelfia, Washington D. C. y Boston, donde las autoridades emitieron recomendaciones para limitar las actividades al aire libre, mantener cerradas puertas y ventanas y utilizar mascarillas de alta filtración en caso de permanecer por periodos prolongados en el exterior. En algunos momentos de la jornada, Chicago y Detroit figuraron entre las ciudades con peor calidad del aire del mundo.
Especialistas advirtieron que la exposición al humo puede provocar irritación de ojos y garganta, tos, dificultad para respirar y agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, especialmente en niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con padecimientos como asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
La situación se produce mientras Canadá enfrenta una de sus temporadas de incendios forestales más intensas de los últimos años, con más de 200 incendios fuera de control y cientos de siniestros activos en distintas regiones del país. Las altas temperaturas, la sequía y los fuertes vientos han complicado las labores de combate y favorecido la propagación del fuego.
En medio de la emergencia, el presidente estadounidense Donald Trump acusó al gobierno canadiense de actuar con «negligencia deliberada» en el manejo de sus bosques y responsabilizó a ese país por la contaminación que afecta a ciudades estadounidenses. A través de su red social Truth Social, afirmó que el humo ha ocasionado costos económicos y sanitarios «incalculables» para Estados Unidos.
Como respuesta, Trump advirtió que evalúa incrementar los aranceles a productos canadienses, al señalar que los costos derivados de la contaminación deberían sumarse a las medidas comerciales que ya enfrenta Canadá. Aunque no precisó cuándo ni bajo qué mecanismo impondría esos gravámenes, sus declaraciones añaden un nuevo punto de tensión a la relación bilateral.
El gobierno canadiense evitó responder directamente a las amenazas del mandatario estadounidense. No obstante, autoridades federales y provinciales reiteraron que los incendios forestales representan una emergencia vinculada con condiciones climáticas extremas y señalaron que ambos países han colaborado históricamente en el combate a este tipo de siniestros. El primer ministro Mark Carney insistió en que el cambio climático exige una respuesta conjunta, mientras que el jefe de gobierno de Ontario, Doug Ford, afirmó que Estados Unidos podría contribuir con más recursos para enfrentar los incendios en lugar de emitir críticas.
Meteorólogos prevén que las condiciones del aire mejoren temporalmente en algunas zonas durante los próximos días debido al cambio en los patrones de viento y a la posibilidad de lluvias. Sin embargo, advirtieron que mientras continúen activos cientos de incendios en Canadá, nuevas masas de humo podrían desplazarse nuevamente hacia territorio estadounidense y mantener las alertas por contaminación atmosférica.



