UNAM celebra 475 años con una muestra sobre educación, ciencia y pensamiento crítico

La muestra reúne más de 600 piezas de alrededor de 100 colecciones en el Colegio de San Ildefonso; autoridades universitarias destacan el papel de la educación pública, la autonomía y el pensamiento crítico ante los desafíos actuales

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) inauguró la exposición Universidad de México: 475 años de concebir futuros, una muestra que recorre casi cinco siglos de historia de la educación en el país y plantea una reflexión sobre el papel de la universidad pública ante desafíos como la inteligencia artificial, la crisis climática, la desigualdad, la violencia y los cambios geopolíticos.

Instalada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, la exposición reúne más de 600 piezas procedentes de alrededor de 100 colecciones, distribuidas en cerca de mil 900 metros cuadrados. Su construcción fue resultado de un proceso de colaboración en el que participaron aproximadamente 100 entidades y dependencias universitarias, que aportaron objetos, documentos, imágenes y conocimientos para reconstruir los momentos más relevantes de la trayectoria de la institución.

Durante la ceremonia inaugural, el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas; la coordinadora de Difusión Cultural, Rosa Beltrán Álvarez; el coordinador de Proyectos Especiales de la Rectoría, Néstor Martínez Cristo; el coordinador ejecutivo del mandato del Colegio de San Ildefonso, Eduardo Vázquez Martín, y el estudiante Rodrigo Alexis Hernández Luna coincidieron en destacar que la conmemoración no debe limitarse a recuperar el pasado, sino servir para discutir el futuro de la educación superior y su relación con la sociedad.

Lomelí Vanegas señaló que la historia universitaria permite comprender cómo han cambiado las formas de enseñar, aprender y producir conocimiento, así como las disputas sobre quién puede acceder a la educación y qué relación debe mantener con los poderes públicos. También subrayó la importancia de fortalecer la inclusión, escuchar a las juventudes y garantizar condiciones para la investigación, el diálogo entre disciplinas y la libertad académica.

Una historia que comienza antes de 1551

Eduardo Vázquez Martín explicó que el recorrido de la exposición se remonta a los saberes y las instituciones educativas que existían en estas tierras antes de la Conquista, entre ellas el Calmécac mexica, para después abordar la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México y las transformaciones que dieron origen a la universidad moderna.

La muestra incluye documentos fundacionales y testimonios de la institución virreinal en el restaurado Salón del Generalito, que reabrió sus puertas con motivo de esta exposición. También recorre los colegios ilustrados del siglo XVIII, las escuelas liberales del XIX y la fundación de la Universidad Nacional de México, en 1910, durante un acto encabezado por Justo Sierra y Porfirio Díaz.

El recorrido continúa con la universidad surgida de la Revolución, la presencia de José Vasconcelos y el desarrollo de la vanguardia artística representada por los murales de San Ildefonso. A partir de ahí, aborda la conquista de la autonomía, el tránsito del barrio universitario a Ciudad Universitaria, el movimiento estudiantil de 1968 y la expansión de la educación, la ciencia, las humanidades y la cultura.

Entre las aportaciones universitarias que se destacan figuran la participación de científicos mexicanos en el desarrollo de la píldora anticonceptiva, las investigaciones que permitieron identificar mecanismos de destrucción de la capa de ozono y los reconocimientos Nobel obtenidos por integrantes de la comunidad mexicana en las categorías de Paz, Literatura y Química.

Vázquez Martín precisó que, aunque la exposición reúne más de 600 piezas, necesariamente representa sólo una parte del vasto patrimonio universitario. Para ampliar la experiencia, se desarrolló una maqueta digital interactiva que permite reconocer la presencia de la UNAM en la Ciudad de México, el país y el mundo, además de acercar al público a lugares y objetos que no pudieron incorporarse físicamente a las salas.

El coordinador del Colegio de San Ildefonso sostuvo que las universidades no sólo transmiten y renuevan el conocimiento, sino que también transforman la sociedad y permiten imaginar escenarios distintos a los que parecen inevitables. En ese sentido, señaló que la defensa de la universidad pública implica preservar espacios de autonomía, libertad, diversidad y pensamiento crítico.

Advirtió que el cambio climático, las tensiones geopolíticas, las distintas formas de violencia, el avance acelerado de las tecnologías y el resurgimiento de discursos autoritarios hacen necesario discutir colectivamente el porvenir. Para ello, la exposición incluye un espacio denominado Laboratorio de Futuros, destinado a conferencias, talleres, diálogos y actividades artísticas durante los próximos meses.

La autonomía, una conquista de la comunidad universitaria

Néstor Martínez Cristo, coordinador de Proyectos Especiales de la Rectoría, destacó que la exposición forma parte de un programa conmemorativo integrado por más de 500 actividades. Añadió que en San Ildefonso se realizarán alrededor de 100 actividades académicas, culturales y recreativas.

Durante seis meses de preparación, dijo, la organización de la muestra estuvo guiada por tres preguntas: qué es la universidad, qué representa después de 475 años y hacia dónde se propone avanzar.

Martínez Cristo recordó que la institución surgió en la Nueva España, atravesó la Independencia, la Reforma y la Revolución, fue clausurada, reformada y agredida por distintos poderes, y encontró en la defensa de la sociedad y de sus estudiantes una constante de su historia.

Señaló que la universidad colonial de 1551 era pequeña y estaba reservada a unos cuantos, pero estableció la idea de que en este territorio podía producirse conocimiento universal. La fundación de la Universidad Nacional en 1910 representó una segunda etapa, mientras que el movimiento estudiantil de 1929 marcó, afirmó, una conquista decisiva para su autonomía.

“La autonomía, que no fue una concesión, fue una conquista”, sostuvo. A partir de ella, agregó, la universidad no debe responder a los intereses de los gobiernos ni del poder económico, sino a los de la nación mexicana.

El coordinador planteó que el aniversario no corresponde únicamente a la UNAM, sino también al conjunto de la universidad pública mexicana y a las comunidades que la integran: escuelas, facultades, institutos, centros, programas, sindicatos, deportistas, egresados y trabajadores. Incluyó entre sus aportaciones los servicios que presta al país, como los observatorios, el Servicio Sismológico Nacional y las bibliotecas nacionales.

También destacó la formación de millones de personas libres y críticas, así como la participación de universitarios en avances médicos, científicos, tecnológicos y jurídicos, desde el primer trasplante hasta la atención de la emergencia sanitaria por COVID-19.

Sin embargo, advirtió que la institución debe mirarse con honestidad y reconocer sus pendientes. Aunque consideró que la UNAM es una institución de gran relevancia nacional, sostuvo que aún necesita llevar la educación pública y el conocimiento a más regiones, reducir desigualdades y ampliar la inclusión.

A su juicio, los retos de 2026 son distintos a los de 1551 o 1910. Hoy, señaló, la universidad debe responder a las violencias, la inteligencia artificial, la crisis climática, la desigualdad, la desinformación y una nueva configuración geopolítica.

Martínez Cristo definió a la universidad como un espacio de humanismo, libertad, democracia, diversidad y pensamiento crítico, además de considerarla un referente para interpretar la realidad política y social del país. Al concluir, convocó a mantener la mirada puesta en el futuro y expresó su deseo de reencontrarse con la comunidad universitaria dentro de 25 años, para celebrar los 500 años de la institución.

Los estudiantes también escriben la historia

Rodrigo Alexis Hernández Luna, estudiante de sexto semestre de la licenciatura en Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, habló en representación del alumnado y llamó a reconocer que la historia universitaria no pertenece exclusivamente a quienes la construyeron en el pasado.

Señaló que los 475 años representan siglos de aprendizaje y generaciones de estudiantes, docentes, trabajadores e investigadores que han contribuido a formar la identidad de la institución. Para quienes actualmente estudian en sus aulas, dijo, formar parte de esa trayectoria implica una responsabilidad con la comunidad y con la sociedad que hace posible la universidad pública.

El estudiante sostuvo que la formación universitaria no consiste únicamente en asistir a clases, entregar trabajos o presentar exámenes, sino también en aprender de las generaciones anteriores, cuestionar lo establecido y prepararse para participar de manera responsable en la vida social.

Reconoció que, en medio de las actividades cotidianas, puede resultar difícil dimensionar el significado de la etapa universitaria. Sin embargo, consideró que los aprendizajes, las conversaciones, las dificultades y los proyectos que se desarrollan durante esos años contribuyen a definir a las personas y a construir la comunidad.

Añadió que el conocimiento no debe permanecer dentro de las aulas, sino servir para comprender la realidad, cuestionarla y buscar formas de mejorarla. Por ello, invitó a los estudiantes a preguntarse qué quieren aportar y cómo desean que las próximas generaciones recuerden su participación en la historia de la UNAM.

“Nos corresponde conocerla, valorarla y sobre todo continuar construyéndola. No somos espectadores de la historia nada más. También somos responsables de escribir una pequeña parte de ella”, expresó.

Una exposición para imaginar otros futuros

Rosa Beltrán Álvarez, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, destacó que la conmemoración permite reconocer que la historia no es un proceso lejano, sino una construcción en la que participan las comunidades del presente.

Recordó que la universidad antecedió a la nación mexicana y señaló que, desde sus primeros espacios de enseñanza hasta la investigación científica contemporánea, ha contribuido a que el país se piense a sí mismo, cuestione sus certezas y busque respuestas a los problemas de cada época.

Para Beltrán, la exposición no debe entenderse como un inventario de objetos históricos ni como una celebración inmóvil de los logros del pasado. La definió como una oportunidad para reconocer a la universidad como un organismo vivo, en el que convergen el conocimiento, la creatividad, la duda y la crítica.

Al referirse a las más de 600 piezas reunidas, indicó que permiten observar cómo la comunidad universitaria ha respondido a momentos de incertidumbre y ha contribuido a enfrentar distintas formas de adversidad, desde los saberes médicos ancestrales y los mapas virreinales hasta el muralismo, la creación de Ciudad Universitaria y las tecnologías contemporáneas.

La coordinadora señaló que las transformaciones digitales, la inteligencia artificial y las crisis ambientales, sociales y políticas exigen imaginar nuevos escenarios. Frente a esos desafíos, defendió la importancia del humanismo y de la capacidad de preguntar, debatir, dudar y construir alternativas.

También destacó el carácter colectivo de la curaduría. Facultades, escuelas, institutos, centros, museos, archivos, bibliotecas y distintas dependencias aportaron piezas, documentos, imágenes, interpretaciones y conocimientos. Esa participación, dijo, permitió construir una narrativa integrada por muchas voces y no por una sola visión de la historia universitaria.

Beltrán añadió que el mapa interactivo de la muestra amplía las posibilidades de consulta y descubrimiento del patrimonio de la UNAM, y que los objetos expuestos deben entenderse como una puerta de entrada a un acervo mucho más amplio y a nuevos proyectos.

Al recuperar una reflexión de Octavio Paz sobre San Ildefonso, describió la exposición como un nuevo comienzo y sostuvo que el futuro no es un destino inevitable, sino una construcción colectiva que debe realizarse desde la libertad y el conocimiento.

Educación pública, inclusión y libertad para investigar

En su intervención, el rector Leonardo Lomelí Vanegas afirmó que regresar a San Ildefonso significa reencontrarse con una parte esencial de la memoria universitaria. El recinto, explicó, permite reconocer los modelos educativos y las ideas que contribuyeron a dar forma a la universidad contemporánea.

Lomelí destacó que las piezas, los símbolos y los documentos de la exposición adquieren nuevos significados cuando se examinan las circunstancias en las que surgieron, sus usos y los debates que los acompañaron. El recorrido, señaló, muestra que la historia de la educación también es la historia de las disputas sobre qué debía enseñarse, quién podía hacerlo y quién tenía derecho a acceder al conocimiento.

Al referirse al inmueble, recordó que la creación de la Escuela Nacional Preparatoria en 1867 formó parte del esfuerzo de la República Restaurada por reorganizar y fortalecer la educación pública. Bajo el liderazgo de Gabino Barreda, añadió, la formación científica adquirió un lugar central en ese proyecto. Décadas después, el muralismo convirtió a San Ildefonso en un espacio de discusión artística y política sobre la identidad y la sociedad mexicanas.

El rector sostuvo que la exposición permite establecer vínculos entre esos procesos y las transformaciones que han experimentado la universidad y el país. También destacó la importancia de recuperar los saberes originarios, las experiencias de la universidad virreinal, las escuelas liberales y la fundación de la Universidad Nacional para comprender las continuidades, rupturas y exclusiones que marcaron la historia educativa.

Consideró que conocer la manera en que surgieron las disciplinas y se abrieron nuevos campos de estudio ayuda a entender que el conocimiento se construye mediante el intercambio de ideas y el esfuerzo compartido. Además, señaló que la historia universitaria puede aportar elementos útiles tanto para las nuevas generaciones como para el diseño de políticas públicas.

Lomelí subrayó que la educación superior pública y la autonomía universitaria son bienes públicos cuyos beneficios repercuten en la vida familiar, el trabajo, la igualdad de género, la salud, la ciencia, la innovación, la cultura, la ciudadanía y la democracia.

Añadió que la ampliación de las oportunidades educativas requiere compromiso con las instituciones dedicadas al conocimiento, así como respaldo legislativo y presupuestario. Para cumplir su labor, sostuvo, la universidad necesita libertad para investigar, condiciones que favorezcan el diálogo entre disciplinas y capacidad para escuchar a las comunidades y atender los problemas que afectan su vida cotidiana.

El rector también llamó a prestar especial atención a las voces de las juventudes, cuyas aspiraciones y preocupaciones deben formar parte de las discusiones sobre el porvenir universitario. Señaló que la UNAM debe avanzar en inclusión, fortalecer la formación integral y atender los efectos de los avances científicos y tecnológicos en el bienestar socioemocional de su comunidad.

Al finalizar, agradeció a las dependencias universitarias, los equipos administrativos y logísticos, las instituciones que facilitaron piezas de sus colecciones y las personas que participaron en la investigación, curaduría, conservación y montaje. Invitó a la comunidad universitaria y al público en general a recorrer la exposición y participar en sus actividades.

La muestra fue declarada inaugurada por Lomelí Vanegas el miércoles 7 de octubre de 2026, a las 12:13 horas, en el Colegio de San Ildefonso.

Con esta exposición, la UNAM conmemora sus 475 años de historia y abre un espacio para discutir no sólo lo que ha representado la educación pública en México, sino también los conocimientos, las libertades y las condiciones que serán necesarios para enfrentar los desafíos de las próximas generaciones.

Comparte este post:

Facebook
X
LinkedIn
Pinterest
WhatsApp