Los primeros mil días de vida son una ventana irrepetible para el desarrollo del cerebro humano. En ese periodo se construyen las bases del lenguaje, la atención, la regulación emocional y las habilidades sociales. Por ello, exponer a un bebé a un teléfono celular o a pantallas durante esa etapa puede tener consecuencias que lo acompañen durante toda su vida.
Así lo advirtió la subsecretaria de Educación Básica de la Secretaría de Educación Pública, Noemí Juárez, al explicar que el Gobierno de México impulsa un debate nacional sobre el uso responsable de pantallas y redes sociales en niñas, niños y adolescentes, una iniciativa promovida por la presidenta Claudia Sheinbaum.
“La interacción cara a cara es indispensable para que una niña o un niño aprenda a hablar. El lenguaje no se desarrolla únicamente escuchando palabras; también depende de observar los gestos, las expresiones faciales, los movimientos de la boca y la comunicación emocional con otras personas”, explicó.
La funcionaria señaló que durante la primera infancia, que comprende desde los 45 días de nacidos hasta los primeros años de educación preescolar, el cerebro atraviesa el periodo de mayor plasticidad de toda la vida. Sustituir la convivencia con padres, madres o cuidadores por una pantalla puede retrasar el desarrollo del lenguaje y afectar procesos fundamentales del aprendizaje.
El cerebro necesita personas, no pantallas
Juárez explicó que el aprendizaje ocurre mediante la interacción humana.
“Todo aprendizaje se da en la interacción con otras personas. Cuando esa experiencia es desplazada por una pantalla, se pierde una oportunidad esencial para el desarrollo cognitivo y emocional.”
Los especialistas consultados por la SEP también han identificado que el uso excesivo de dispositivos digitales favorece problemas de atención y concentración.
El consumo constante de contenidos breves y altamente estimulantes modifica la forma en que el cerebro responde a los estímulos inmediatos, dificultando mantener la atención en actividades que requieren mayor esfuerzo mental, como la lectura, la comprensión de textos o la resolución de problemas.
Además, el uso de pantallas antes de dormir altera la calidad del sueño, un proceso indispensable para consolidar la memoria, favorecer el aprendizaje y permitir un adecuado crecimiento durante la infancia.
Del teléfono para hablar al teléfono que nunca termina
La subsecretaria recordó que cuando comenzaron a popularizarse los teléfonos celulares, hace poco más de dos décadas, su función principal era la comunicación.
“Un celular servía para llamar o enviar mensajes de texto. Hoy prácticamente ya no lo usamos para hablar.”
La transformación tecnológica cambió radicalmente la manera en que las personas utilizan estos dispositivos.
Actualmente un teléfono inteligente concentra redes sociales, videojuegos, plataformas de video, inteligencia artificial, mensajería instantánea y un flujo permanente de contenidos diseñados para mantener la atención del usuario durante el mayor tiempo posible.
Ese fenómeno, conocido como scroll infinito, provoca que niñas, niños, adolescentes e incluso adultos permanezcan durante horas deslizando la pantalla sin detenerse.
“Antes no había otra cosa que hacer con el teléfono. Ahora existen innumerables aplicaciones y plataformas que hacen que las personas permanezcan conectadas durante horas.”
La adolescencia enfrenta nuevos riesgos
Si bien los primeros mil días representan el periodo más delicado para el desarrollo cerebral, conforme niñas y niños crecen aparecen nuevos riesgos asociados al uso excesivo del celular.
Entre ellos destacan la ansiedad por la aprobación en redes sociales, la disminución de habilidades para convivir y resolver conflictos cara a cara, el ciberacoso, la exposición a contenidos inapropiados, la desinformación, la pérdida de privacidad y el contacto con personas desconocidas.
La dependencia de los “me gusta”, seguidores y visualizaciones también puede afectar la autoestima y favorecer síntomas de ansiedad y depresión entre adolescentes.
No se trata de prohibir, sino de aprender a usar la tecnología
La SEP insiste en que el objetivo no es demonizar la tecnología.
Las plataformas digitales pueden convertirse en herramientas valiosas para aprender idiomas, acceder a contenidos educativos o fortalecer procesos de enseñanza, siempre que exista supervisión de adultos y un uso equilibrado.
Por ello, la dependencia federal trabaja en lineamientos nacionales que orienten a las familias y a las escuelas sobre tiempos de uso, filtros de contenido y acompañamiento parental.
La estrategia busca generar conciencia más que imponer prohibiciones.
“La pantalla no es buena ni mala por sí misma. Lo importante es el uso responsable, consciente y acompañado”, afirmó Juárez.
La funcionaria subrayó que el éxito de cualquier política pública dependerá de la corresponsabilidad entre escuelas y familias, ya que la mayor parte del tiempo las niñas, niños y adolescentes permanecen fuera de las aulas.
El mensaje de la Secretaría de Educación Pública es claro: el desarrollo del cerebro infantil necesita conversación, juego, movimiento y convivencia. Ninguna aplicación puede sustituir la interacción humana durante los primeros mil días de vida, un periodo decisivo para construir las capacidades que acompañarán a una persona durante toda su existencia.



