- La economista presentó en la UNAM el informe “State Transformation for Plan Mexico”, en el que propone pasar de una suma de metas y proyectos a una estrategia basada en misiones, coordinación institucional, innovación y prosperidad compartida.
Ciudad de México, 22 de septiembre de 2026. El Plan México tiene una dirección definida, pero su principal desafío ahora es construir las capacidades del Estado necesarias para convertir sus objetivos en resultados concretos.
Esa fue una de las principales conclusiones de la economista Mariana Mazzucato durante la presentación, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del informe “State Transformation for Plan Mexico: A Mission-Oriented Approach to Delivering Shared Prosperity”, elaborado junto con Lara Merling.
Ante el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas; el secretario de Hacienda y Crédito Público, Edgar Amador Zamora; la directora de la Facultad de Economía, Lorena Rodríguez León; y representantes de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Mazzucato sostuvo que México necesita ir más allá de atraer inversión y generar crecimiento: debe utilizar sus instrumentos públicos para construir capacidades productivas, tecnológicas y sociales de largo plazo.
El Plan México contempla 13 metas hacia 2030, entre ellas elevar la inversión por encima de 28 por ciento del PIB, alcanzar 50 por ciento de proveeduría y consumo nacional en sectores estratégicos, incrementar 15 por ciento el contenido nacional en determinadas cadenas globales de valor, generar 1.5 millones de empleos adicionales en manufactura especializada y sectores estratégicos, fortalecer la innovación y reducir la pobreza y la desigualdad.
El Gobierno de México también ha reportado un portafolio de alrededor de 277 mil millones de dólares en inversiones nacionales y extranjeras, asociado a cerca de 2 mil proyectos.
Del plan a las misiones
Para Mazzucato, el reto consiste en evitar que esos objetivos se conviertan simplemente en una colección de programas, proyectos o apoyos sectoriales.
Su propuesta es adoptar un enfoque orientado por misiones, en el que diferentes dependencias, empresas, universidades, instituciones financieras y comunidades trabajen alrededor de objetivos concretos.
“Una misión no es un desafío”, explicó.
El cambio consiste en transformar grandes problemas, como el cambio climático, la desigualdad o la seguridad hídrica, en objetivos específicos que puedan movilizar innovación, inversión y coordinación entre distintos sectores.
En el caso mexicano, planteó como posibles ámbitos de misión la seguridad hídrica, la salud, la energía limpia y la soberanía alimentaria, acompañados por capacidades productivas nacionales, trabajo digno, cuidados y protección ambiental.
La diferencia, explicó, es sustancial: no se trataría de apoyar a un sector simplemente porque sea considerado estratégico, sino de preguntarse qué problema colectivo debe resolver ese sector y qué innovación, inversión y capacidades son necesarias para conseguirlo.
“No se trata de facilitar al sector privado”
Uno de los puntos centrales de su planteamiento fue modificar la relación tradicional entre Estado y empresas.
Mazzucato cuestionó la idea de que el gobierno deba limitarse a “corregir fallas de mercado”, reducir riesgos o facilitar las condiciones para que invierta el sector privado.
Su propuesta es construir una relación de reciprocidad, en la que el Estado asuma riesgos y utilice instrumentos como la banca pública, las compras gubernamentales, la regulación y los incentivos, pero estableciendo también condiciones para que la inversión privada genere innovación, capacitación, empleos de calidad y beneficios productivos.
En otras palabras, si los recursos públicos ayudan a reducir riesgos para una empresa, el apoyo debe estar vinculado a resultados que generen valor público.
“Si tú das finanza a las pequeñas empresas que después no tienen mercado, no van a crecer”, planteó.
Por ello propuso coordinar el financiamiento de la banca pública con las compras gubernamentales: financiar a las empresas y, al mismo tiempo, generar demanda para que puedan crecer.
Banca pública y compras gubernamentales, herramientas de transformación
Mazzucato puso especial énfasis en la necesidad de coordinar instituciones como Nafin, Bancomext, Banobras, FIRA y otros instrumentos de financiamiento público.
La propuesta no consiste solamente en aumentar los recursos disponibles, sino en modificar la manera en que se utilizan para que formen parte de un mismo portafolio orientado a objetivos nacionales.
El mismo principio aplicaría a las compras públicas.
En lugar de considerar las adquisiciones gubernamentales únicamente como procesos administrativos centrados en precio y costo, planteó utilizarlas como una herramienta para impulsar innovación, contenido nacional, sostenibilidad y desarrollo de proveedores.
El Plan México ya contempla que 50 por ciento de las compras públicas sean de producción nacional hacia 2030.
El agua como laboratorio de una nueva política industrial
Uno de los ejemplos más concretos presentados por Mazzucato fue el de la seguridad hídrica.
El informe utiliza la cuenca del río Tula como un caso para mostrar cómo podría funcionar una política orientada por misiones.
La propuesta no se limitaría a limpiar un río. Implicaría transformar los procesos productivos, los sistemas de financiamiento, las compras públicas, la innovación tecnológica y la coordinación entre dependencias que intervienen en la cuenca.
La pregunta dejaría de ser únicamente cuánto cuesta sanear el agua y pasaría a ser qué transformación productiva, tecnológica y social se necesita para garantizar agua segura para las personas y para la producción.
Ese cambio de perspectiva, explicó, permite que distintos sectores formen parte de una misma misión.
México exporta, pero necesita subir en la cadena de valor
Mazzucato también puso el foco en una de las principales contradicciones de la economía mexicana: su capacidad exportadora no necesariamente se ha traducido en un aumento equivalente de productividad, innovación y capacidades nacionales.
México tiene una posición relevante dentro de las cadenas globales de producción, pero el desafío es conseguir que la relocalización industrial genere conocimiento, proveedores nacionales, transferencia tecnológica, formación de talento y mayor valor agregado dentro del país.
La idea coincide con una de las metas oficiales del Plan México: elevar el contenido nacional en cadenas globales de valor y fortalecer la proveeduría local.
Para la economista, el crecimiento debe tener una dirección.
No basta con preguntarse cuánto capital llega al país, sino qué capacidades deja, qué tecnología genera, qué empleos produce, qué territorios beneficia y qué problemas colectivos ayuda a resolver.
El desafío fiscal
Otro de los puntos centrales de la conferencia fue el espacio fiscal.
Mazzucato sostuvo que México enfrenta restricciones para incrementar la inversión pública y señaló la necesidad de analizar la estructura tributaria, la inversión y el crecimiento como elementos relacionados.
Desde su perspectiva, los impuestos no deben verse únicamente como un mecanismo para obtener ingresos, sino también como instrumentos capaces de orientar la economía hacia objetivos de largo plazo.
El debate fiscal, por tanto, no puede separarse de la estrategia de desarrollo productivo.
El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, introdujo precisamente una de las principales preguntas sobre este punto: cómo conciliar la necesidad de recuperar la inversión pública con los compromisos de consolidación fiscal.
El propio Lomelí planteó que el informe abre un debate sobre la secuencia entre ampliar la base tributaria y recuperar la inversión pública, así como sobre la necesidad de considerar la dependencia de México respecto de mercados externos y de insumos importados.
Un Estado que también necesita innovar
Para Mazzucato, la transformación no puede limitarse a modificar programas o crear nuevos instrumentos.
También requiere fortalecer las capacidades internas del Estado.
Eso significa invertir en servidores públicos, capacidades digitales, sistemas de información, evaluación, coordinación interinstitucional y espacios donde sea posible experimentar, aprender y corregir.
La economista cuestionó que el temor a cometer errores termine paralizando la capacidad innovadora del gobierno.
Su propuesta es avanzar hacia un Estado capaz de aprender haciendo, con espacios de experimentación y evaluación que permitan probar nuevas soluciones antes de escalarlas.
En este sentido, destacó la importancia de contar con estructuras gubernamentales que puedan trabajar de manera transversal y no únicamente desde dependencias aisladas.
Ciencia y tecnología, parte del diseño de las misiones
La representante de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Lucero Ibarra, coincidió en que el enfoque de misiones abre una oportunidad para vincular política científica, desarrollo productivo, formación de talento y necesidades sociales.
Pero subrayó un punto relevante: la ciencia no debe convertirse únicamente en proveedora de soluciones para problemas previamente definidos por el sector productivo.
Universidades, centros públicos de investigación y comunidades científicas también deben participar en identificar problemas, formular preguntas y construir alternativas de largo plazo.
Desde esta perspectiva, la relocalización industrial no debería medirse únicamente por el número de plantas que llegan a México, sino por lo que el país aprende y desarrolla a partir de ellas.
La pregunta, señaló Ibarra, debe ser también qué conocimiento permanece en México, qué nuevas tecnologías se desarrollan, qué proveedores nacionales surgen y qué capacidades adquieren las universidades y centros de investigación.
“Con la gente, no solo para la gente”
Uno de los elementos más relevantes de la exposición de Mazzucato fue la dimensión social de las misiones.
La economista planteó que las comunidades no deben ser consideradas únicamente receptoras de políticas públicas, sino participantes en su diseño.
La construcción de una misión, explicó, requiere conocimiento local, participación, transparencia, rendición de cuentas y mecanismos para compartir los beneficios derivados de la transformación económica.
“Con la gente, no solo para la gente”, resumió.
Esta idea adquiere especial relevancia cuando se trata de territorios con desigualdades históricas, recursos naturales estratégicos o comunidades que poseen conocimientos específicos sobre su entorno.
La UNAM como espacio para discutir el futuro económico
El encuentro tuvo además un componente simbólico.
Mazzucato recordó que en 1989 fue estudiante de intercambio en la Facultad de Economía de la UNAM. Más de tres décadas después regresó a la institución para discutir precisamente cómo transformar la economía mexicana.
El secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, recordó que conoció a Mazzucato durante aquella estancia y destacó la influencia que la Facultad de Economía tuvo en su formación.
La conferencia reunió así a representantes del gobierno, la universidad, la comunidad científica y organismos internacionales en torno a una misma pregunta: cómo convertir el Plan México en una estrategia capaz de transformar la estructura productiva del país y no solamente en una lista de metas económicas.
El rector Leonardo Lomelí sintetizó el desafío al señalar que el Plan México ya tiene una dirección, pero enfrenta la pregunta fundamental de toda estrategia de desarrollo: con qué tipo de Estado se va a lograr.
Mazzucato, por su parte, cerró con una invitación a mantener el diálogo entre el gobierno y la universidad pública.
Para la economista, el reto no consiste únicamente en diseñar misiones, sino en construir las instituciones, capacidades, instrumentos financieros, políticas científicas y mecanismos de participación que permitan hacerlas realidad.
El debate que dejó en la UNAM no es menor: México ya tiene objetivos de desarrollo; la discusión que sigue es cómo organizar al Estado, al sector privado, a la academia y a la sociedad para alcanzarlos.



