Después de casi dos siglos fuera de México, el Códice Azcatitlán regresó temporalmente al país que resguarda la historia que sus páginas cuentan.
El manuscrito, perteneciente a las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia, es exhibido desde este 17 de septiembre en el Museo Nacional de Antropología, como parte de la exposición “El Códice Azcatitlán. México-Francia, 200 años de amistad”.
El regreso forma parte de un intercambio patrimonial entre México y Francia que tiene como contraparte al Códice Boturini, conservado por la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y que será presentado próximamente en París.
El acuerdo fue impulsado durante la visita oficial del presidente francés Emmanuel Macron a México, en noviembre de 2025, cuando ambos gobiernos acordaron fortalecer la cooperación cultural y patrimonial en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Dos códices, una misma peregrinación
El valor de esta exposición está también en la posibilidad de observar dos documentos que narran, desde perspectivas diferentes, la peregrinación de los mexicas.
El Códice Boturini, elaborado sobre papel amate, registra el recorrido desde Aztlán hasta el Valle de México. El Azcatitlán retoma esa tradición y extiende la narración hacia la conquista y los primeros años del periodo colonial.
No son copias uno del otro.
Son dos testimonios distintos de una misma memoria histórica.
El Azcatitlán fue elaborado sobre papel europeo y combina las convenciones de la escritura pictográfica mesoamericana con elementos incorporados después del contacto con Europa.
Sus páginas contienen nombres, lugares, genealogías y acontecimientos representados mediante imágenes y signos.
Por ello, su lectura requiere la participación de historiadores, antropólogos, especialistas en lenguas indígenas, conservadores y expertos en patrimonio documental.
Los autores de estos manuscritos, los tlacuilos, no eran simplemente artistas. Eran especialistas encargados de registrar y transmitir información mediante un sistema de escritura pictográfica.

Un documento que también cuenta la transformación de México
Uno de los principales valores del Códice Azcatitlán está en que permite observar un momento de transición.
En sus páginas conviven elementos de la tradición mesoamericana con recursos provenientes del mundo europeo.
El documento muestra así que la llegada de los españoles no significó la desaparición inmediata de las formas indígenas de registrar la historia.
Los pueblos originarios continuaron produciendo memoria y narrando su pasado, incluso en un escenario marcado por profundos cambios políticos, sociales y culturales.
Además, algunas páginas del códice se han perdido y determinadas escenas continúan siendo objeto de interpretación.
Esto convierte al documento en una fuente abierta a nuevas investigaciones.
Cada generación puede formular preguntas diferentes a las mismas imágenes.
El patrimonio como asunto de cooperación internacional
La exposición también pone sobre la mesa uno de los temas más relevantes de la relación entre México y Francia: la conservación, investigación y eventual recuperación de patrimonio cultural.
Durante la inauguración, la embajadora de México en Francia, Blanca Jiménez Cisneros, destacó el trabajo que ambos países realizan en materia de recuperación de bienes culturales.
También señaló que México participó en las discusiones relacionadas con una nueva legislación francesa sobre el retorno de patrimonio.
El Códice Azcatitlán, sin embargo, no regresa de manera definitiva.
Su presencia en México es temporal y responde a un acuerdo de intercambio cultural.
La precisión es importante porque permite distinguir entre préstamo, intercambio, restitución y repatriación, conceptos que forman parte de una discusión internacional cada vez más relevante.
En este caso, México y Francia optaron por poner en circulación temporal dos piezas fundamentales de sus respectivas colecciones.
La diplomacia cultural entra en escena
El canciller Roberto Velasco Álvarez definió el significado del intercambio como una forma de “reunir a un pueblo con su memoria”.
Y esa frase resume buena parte del sentido político-cultural de la exposición.
México y Francia celebran en 2026 dos siglos de relaciones diplomáticas. Pero la relación entre ambos países no se limita a los asuntos políticos y económicos.
La arqueología, la antropología, la investigación científica y el patrimonio han construido durante décadas canales de cooperación entre instituciones mexicanas y francesas.
El intercambio de los códices busca precisamente profundizar esa relación.
La meta planteada por las instituciones participantes incluye ampliar la investigación conjunta, impulsar la digitalización de acervos, intercambiar especialistas y formar nuevas generaciones de profesionales dedicados a la conservación del patrimonio.
El reto de la era digital
Otro elemento destacado durante la inauguración fue la digitalización.
La Biblioteca Nacional de Francia cuenta con importantes colecciones documentales relacionadas con México que pueden ser consultadas digitalmente.
Esta posibilidad cambia radicalmente el acceso al patrimonio.
Un investigador ya no necesita necesariamente viajar a París para consultar determinadas fuentes digitalizadas.
Pero la digitalización no sustituye al documento original.
El códice físico conserva información sobre sus materiales, técnicas de elaboración, pigmentos, soporte, intervenciones y procesos de conservación que no siempre pueden observarse en una reproducción digital.
Por eso, conservación y digitalización no son procesos opuestos.
Son herramientas complementarias.
Una exposición que también plantea preguntas
Más allá de su valor histórico, el Azcatitlán plantea una serie de preguntas que siguen vigentes.
¿Quién escribió la historia?
¿Qué acontecimientos decidieron registrar los pueblos originarios?
¿Qué información se perdió?
¿Cómo cambió la manera de representar la historia después de la llegada de Europa?
¿Quién conserva actualmente estos documentos y bajo qué condiciones?
Y quizá una de las preguntas centrales: ¿cómo garantizar que este patrimonio siga siendo accesible para las generaciones futuras?
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, señaló durante la inauguración que la política patrimonial debe sostenerse en tres tareas: conservación, investigación y difusión.
El Códice Azcatitlán reúne las tres.
Es un objeto que debe ser preservado, una fuente que continúa siendo estudiada y ahora también una pieza que puede ser conocida directamente por el público mexicano.

Del Atlántico a Chapultepec
La historia del Códice Azcatitlán vuelve a cruzar el Atlántico casi dos siglos después de que el documento llegara a Francia.
Ahora lo hace en condiciones completamente diferentes: bajo protocolos de conservación, con especialistas de ambos países y como resultado de una negociación institucional.
Y mientras el Azcatitlán permanece en México, el Boturini se prepara para realizar el recorrido inverso.
Dos códices.
Dos países.
Dos instituciones.
Una historia compartida.
El intercambio no modifica por sí mismo la historia de estos documentos ni resuelve el debate internacional sobre el patrimonio cultural.
Pero sí abre una posibilidad concreta: que piezas fundamentales de la memoria mexicana puedan ser estudiadas, observadas y discutidas desde ambos lados del Atlántico.
El Códice Azcatitlán permanecerá en el Museo Nacional de Antropología hasta el 31 de diciembre de 2026.
Durante estos meses, sus páginas volverán a estar frente al público mexicano.
Y esta vez, el viaje del códice no será solamente una historia que leer.
Será también una oportunidad para preguntarnos qué sabemos de nuestro pasado, qué hemos perdido en el camino y qué estamos haciendo para conservarlo.



