La relación entre México y Estados Unidos atraviesa múltiples dimensiones: comercio, seguridad, migración, inversión y una profunda integración social y económica. Millones de mexicanos viven y trabajan en territorio estadounidense y forman parte de una relación bilateral que va mucho más allá de las fronteras.
En este contexto, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha insistido en que la cooperación con Estados Unidos es necesaria y puede producir resultados, particularmente en materia de seguridad, pero debe desarrollarse bajo un principio fundamental: cooperación sí, subordinación no.
Durante la Mañanera del Pueblo de este miércoles, la presidenta explicó que esta posición se reflejó en la participación del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA en Buenos Aires, Argentina.
México lleva su estrategia de seguridad al escenario internacional
Sheinbaum señaló que inicialmente había considerado que Harfuch no participara en el encuentro. Sin embargo, el Gabinete de Seguridad determinó por unanimidad que su presencia era importante para explicar directamente la estrategia mexicana de seguridad y los resultados alcanzados.
La decisión tiene una lectura relevante: México no solamente participa en los mecanismos de cooperación internacional, sino que busca que su propia estrategia sea conocida y evaluada desde sus resultados.
> “Es importante que vaya el secretario de Seguridad para que todo mundo conozca lo que estamos haciendo en México, que no haya noticias falsas, que se vea cuál es la estrategia que estamos siguiendo.”
El encuentro también tuvo un elemento político significativo. El director de la DEA, Terry Cole, calificó a García Harfuch como “un socio de confianza y un buen amigo de Estados Unidos” y reconoció su trayectoria en el combate a las organizaciones criminales.
La declaración contrasta con los señalamientos realizados por el propio funcionario estadounidense en julio, cuando habló de una supuesta “conexión mortal” entre el gobierno mexicano y los cárteles y afirmó que ambos eran “uno y lo mismo”.
Sheinbaum reconoció la diferencia entre ambos mensajes, pero consideró que lo importante fue que México tuvo la oportunidad de explicar directamente su estrategia y la naturaleza de la cooperación bilateral.
Cuatro principios para la cooperación
Para México, la cooperación con las agencias de Estados Unidos no significa aceptar una relación de subordinación.
La presidenta explicó que esta colaboración tiene como marco la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional, y se sustenta en cuatro principios:
1. Respeto a la soberanía e integridad territorial.
2. Responsabilidad compartida y diferenciada.
3. Respeto y confianza mutua.
4. Cooperación sin subordinación.
Estos principios buscan establecer una diferencia entre colaborar para enfrentar problemas comunes y permitir que un país intervenga unilateralmente en las decisiones del otro.
La seguridad es, precisamente, uno de los ámbitos donde esta distinción adquiere mayor relevancia. El tráfico de drogas, el flujo de armas y las organizaciones criminales tienen efectos a ambos lados de la frontera, por lo que requieren acciones coordinadas. Pero la coordinación, desde la perspectiva mexicana, debe realizarse respetando las instituciones y las leyes de cada país.
Una relación económica profundamente integrada
La relación bilateral tampoco puede entenderse únicamente desde la seguridad o la migración.
México y Estados Unidos mantienen cadenas productivas integradas, inversiones cruzadas, comercio y millones de empleos vinculados entre sí. Las decisiones económicas tomadas en uno de los dos países tienen repercusiones en el otro.
A esta integración económica se suma un componente social de enorme importancia: los millones de mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos y que contribuyen de manera cotidiana a la economía estadounidense.
Por ello, la relación bilateral tiene también una dimensión humana que obliga al gobierno mexicano a mantener una política activa de protección consular.
México exige investigación por las muertes de connacionales
El endurecimiento de las acciones migratorias en Estados Unidos ha colocado nuevamente en el centro de la agenda bilateral la situación de los mexicanos detenidos o sometidos a procesos de deportación.
Durante la conferencia, el canciller Roberto Velasco informó que 17 mexicanos han fallecido en Estados Unidos durante operativos o en centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Ante estos hechos, la Cancillería presentó 20 denuncias ante fiscalías estatales, de distrito y federales en ocho estados de la Unión Americana y solicitó al Departamento de Justicia de Estados Unidos investigar los casos.
La posición del gobierno mexicano es que cada muerte debe ser investigada y que, si existen responsabilidades penales, éstas deben determinarse conforme a la ley.
Sheinbaum lo planteó como una obligación del Estado mexicano:
> “Nuestra obligación es siempre defender a los mexicanos que están en Estados Unidos o en cualquier lugar del mundo.”
La estrategia, por tanto, no se limita a expresar preocupación diplomática. México busca que las autoridades estadounidenses investiguen formalmente los hechos y determinen si hubo responsabilidad de funcionarios de ICE o de empresas privadas encargadas de operar centros de detención.
Una relación basada en intereses compartidos
La relación entre México y Estados Unidos enfrenta retos complejos. La seguridad, el comercio y la migración están estrechamente vinculados y requieren mecanismos permanentes de diálogo y cooperación.
Sin embargo, la postura planteada por el gobierno mexicano establece una premisa: la cooperación no debe confundirse con subordinación.
México busca colaborar en problemas que afectan a ambos países, pero al mismo tiempo reivindica su capacidad para definir su propia política de seguridad, exigir respeto a su territorio y defender a sus ciudadanos en el exterior.
En este equilibrio se encuentra uno de los principales desafíos de la relación bilateral: construir mecanismos de cooperación eficaces sin perder de vista que existen dos países, dos gobiernos y dos soberanías.
Para México, cooperar con Estados Unidos significa trabajar en conjunto cuando existen problemas compartidos. Pero también significa establecer límites claros cuando están en juego la soberanía nacional y los derechos de los mexicanos.



