Adolescentes y adultos jóvenes en Estados Unidos participan en una red de compra y reventa de armas de fuego que termina abasteciendo a grupos vinculados con los cárteles mexicanos, de acuerdo con una investigación de The New York Times realizada por las periodistas Paulina Villegas y Adriana Zehbrauskas.
El reportaje, publicado este 3 de octubre, documenta el caso de cuatro jóvenes de entre 16 y 19 años, estudiantes o exalumnos de secundaria en el oeste de Phoenix, Arizona, quienes dijeron dedicarse a conseguir y vender armas, principalmente por dinero, estatus y sentido de pertenencia.
Los periodistas del NYT observaron a los adolescentes practicar tiro con rifles AR-15 y armas de estilo AK en el desierto de Sonora, en las afueras de Phoenix. Los jóvenes explicaron que conseguían pistolas y rifles de alto calibre de distintas maneras para posteriormente revenderlos a compradores vinculados con organizaciones criminales mexicanas.
Un mercado que pasa por las redes sociales
La investigación señala que aplicaciones de mensajería y redes sociales han facilitado la compraventa clandestina de armas. WhatsApp, Telegram y Signal, además de plataformas donde las armas pueden adquirirse legalmente, forman parte de los canales utilizados para establecer contactos y negociar las operaciones.
Según el reportaje de Villegas, algunos de los jóvenes aseguraron que compran armas legalmente cuando cumplen 18 años; otros recurren a amigos que tienen la edad requerida, mientras que también describieron casos de armas robadas de viviendas, automóviles o incluso de sus propios padres.
Después, las armas pueden revenderse a compradores ligados a los cárteles, permanecer en casas de seguridad o ser entregadas a intermediarios encargados de trasladarlas hacia la frontera.
Uno de los jóvenes entrevistados por el diario, identificado como “JM”, aseguró que comenzó a participar en este mercado cuando tenía 16 años. Según su relato, posteriormente llegó a coordinar a estudiantes de distintas escuelas de Phoenix y afirmó que buena parte de las armas que comercializaba terminaban en manos del Cártel de Sinaloa.
Los jóvenes describieron además mecanismos para dificultar el rastreo de las armas y para mantener sus operaciones fuera del alcance de las autoridades. El reportaje señala que utilizaban grupos privados en aplicaciones de mensajería y que algunos adquirían armas mediante compras fraudulentas o robos.
Jóvenes como eslabón del tráfico
The New York Times señala que la participación de adolescentes no sería un fenómeno aislado.
Datos federales analizados por el diario muestran que, de más de 11 mil traficantes de armas cuya edad fue identificada en investigaciones de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) entre 2017 y 2021, aproximadamente un tercio tenía menos de 25 años y alrededor de 5 por ciento era menor de 17 años.
El propio reportaje advierte que esas cifras corresponden a investigaciones realizadas en todo Estados Unidos y no permiten determinar cuántas de esas personas estuvieron involucradas específicamente en el suministro de armas a México.
Jason Red, exagente de Investigaciones de Seguridad Nacional que trabajó con la ATF en investigaciones de tráfico de armas en Arizona entre 2015 y 2020, dijo a Villegas que en los casos de tráfico en los que participaban varias personas encontraba al menos a un adolescente, con frecuencia un estudiante de secundaria.
AJ Gibes, agente especial de la ATF citado por el diario, explicó que las organizaciones criminales pueden aprovecharse de personas jóvenes debido a su facilidad para influir sobre ellas y a que representan compradores que pueden ser reemplazados con relativa facilidad.
De Phoenix hacia las redes criminales
La investigación también muestra cómo la facilidad para adquirir armas en algunos estados fronterizos, combinada con las herramientas digitales, reduce la distancia entre un adolescente que busca obtener dinero y el mercado criminal.
En Arizona, señala The New York Times, los jóvenes pueden encontrar armas a través de contactos personales, plataformas digitales o compradores intermediarios, para después introducirlas en circuitos de tráfico que las llevan hacia organizaciones criminales mexicanas.
El reportaje forma parte de una investigación más amplia de The New York Times sobre el tráfico de armas entre Estados Unidos y México, que busca mostrar cómo el flujo de armamento no comienza necesariamente en la frontera, sino en el mercado estadounidense donde las armas son compradas, revendidas y posteriormente incorporadas a cadenas de contrabando.



