El proyecto de movilidad eléctrica Olinia fue reconocido este martes por la Lotería Nacional con el billete del Sorteo Especial número 317, en una ceremonia que puso de relieve no sólo el desarrollo de un vehículo eléctrico mexicano, sino la apuesta del gobierno federal por convertir conocimiento científico y tecnológico en capacidades industriales propias.
Durante la presentación del billete, realizada en la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), la directora general de Lotería Nacional, Olivia Salomón, destacó que Olinia representa la visión de un México que busca fortalecer su soberanía tecnológica a partir del talento, la innovación y la capacidad de desarrollar soluciones propias.
El sorteo especial número 317 se realizará el 16 de octubre de 2026, con un premio mayor de 27 millones de pesos en dos series, una bolsa total repartible de 80 millones de pesos y una emisión de 2.4 millones de cachitos.
Más allá del simbolismo de que Olinia aparezca en un billete de la Lotería Nacional, el mensaje central de la ceremonia fue el proceso para llevar una idea tecnológica hasta una posible industria mexicana.
De la idea a la empresa y de la empresa a la industria
El director del proyecto Olinia, Roberto Capuano Tripp, explicó que el desarrollo se encuentra en una ruta que puede resumirse en tres conceptos: proyecto, empresa e industria.
Recordó que hace menos de dos años Olinia era esencialmente una idea y que actualmente existen vehículos funcionales, prototipos desarrollados y una marca que, de acuerdo con el proyecto, ya es reconocida por millones de personas.
Para llegar a esta etapa fue necesario integrar capacidades provenientes de universidades, centros públicos de investigación, instituciones gubernamentales, ingenieros, diseñadores y empresas mexicanas e internacionales.
Capuano subrayó que desarrollar tecnología no significa hacerlo todo de manera aislada, sino articular capacidades para que el conocimiento y la experiencia adquiridos permanezcan en México.
El siguiente desafío, explicó, es convertir Olinia en una empresa capaz de competir en el mercado, con inversión privada, calidad, control de costos, desarrollo de proveedores, talento y capacidad de crecimiento.
La tercera etapa es todavía más ambiciosa: construir industria alrededor del proyecto.
La intención es que el desarrollo de Olinia impulse capacidades nacionales en áreas como ingeniería, baterías, electrónica, software, manufactura y desarrollo de proveedores, de manera que el conocimiento generado pueda utilizarse posteriormente en otros productos y sectores.
“El éxito Olinia no consiste en depender permanentemente del gobierno. El éxito consiste en convertirse en una empresa sólida, competitiva y duradera”, planteó Capuano.
El reto: pasar de fabricar a diseñar
Esta transición resulta especialmente relevante para México, un país con una poderosa industria automotriz, pero cuya participación histórica se ha concentrado en buena medida en la fabricación de vehículos diseñados por compañías extranjeras.
La apuesta que plantea Olinia busca modificar parcialmente esa lógica: que México no sólo sea un gran productor automotriz, sino también un país capaz de diseñar tecnología, desarrollar productos, crear marcas y construir empresas propias.
“México ya es una potencia automotriz”, señaló Capuano, al plantear que ahora existe la oportunidad de dar un nuevo paso: desarrollar tecnología y productos desde México.
En ese sentido, Olinia funciona como un proyecto tecnológico, pero también como un posible laboratorio para generar capacidades que puedan trascender al propio vehículo.
Ciencia y tecnología como asunto de soberanía
Durante su intervención, la secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Rosaura Ruiz Gutiérrez, vinculó el proyecto con una visión más amplia de política científica.
Señaló que Olinia incorpora conocimiento científico, tecnológico y humanístico, pues parte de una pregunta fundamental: cómo utilizar el conocimiento para resolver problemas concretos de la población.
La secretaria destacó además que la electromovilidad forma parte de una estrategia relacionada con la transición energética y la reducción de contaminantes, aunque reconoció que los vehículos no son la única fuente de contaminación y que también existen importantes retos asociados con la actividad industrial y energética.
Pero el planteamiento de fondo va más allá de la movilidad.
Ruiz sostuvo que la pandemia de COVID-19 mostró las consecuencias de depender del exterior para productos, medicamentos, pruebas diagnósticas y otros insumos estratégicos. Por ello, señaló que México necesita desarrollar progresivamente sus propias tecnologías en áreas como salud, medio ambiente, energía, inteligencia artificial, supercómputo y electromovilidad.
“Sin ciencia no hay medicinas”, afirmó la secretaria, al insistir en que la ciencia debe ser considerada también un asunto de seguridad nacional.
Puebla, pieza clave
Dentro del desarrollo de Olinia, Puebla ocupa un lugar estratégico. Ahí se instaló el Centro de Ingeniería de Olinia, aprovechando la experiencia y las capacidades industriales de una entidad con una larga tradición automotriz.
El proyecto, sin embargo, busca articular capacidades de distintas regiones del país. Durante la ceremonia se mencionó la participación de entidades como Puebla, Sonora, Yucatán, Ciudad de México y Estado de México, entre otras.
La intención es construir una red en la que universidades, centros de investigación, empresas y especialistas contribuyan al desarrollo tecnológico y, al mismo tiempo, generen nuevas capacidades para el país.
Formar al talento que necesita la tecnología
Otro de los componentes destacados por Rosaura Ruiz fue la formación de recursos humanos.
La titular de la Secihti señaló que desarrollar tecnología en México implica también formar a las personas capaces de mantener y ampliar esas capacidades.
Por ello, la estrategia contempla trabajar desde el bachillerato y la licenciatura hasta los posgrados, particularmente en áreas donde México requiere mayor especialización, como electromovilidad, inteligencia artificial y supercómputo.
Así, Olinia plantea un desafío que va mucho más allá de poner un automóvil eléctrico en las calles: crear conocimiento, formar especialistas, desarrollar proveedores y generar empresas capaces de competir a partir de tecnología desarrollada en México.
El billete de la Lotería Nacional simboliza ahora ese proyecto. Pero el verdadero reto comienza después: lograr que la idea que nació como una iniciativa gubernamental pueda convertirse en una empresa mexicana competitiva y, posteriormente, en un núcleo de capacidades industriales y tecnológicas que permanezcan en el país.
Porque, como planteó Capuano durante la ceremonia, el objetivo final no es únicamente fabricar un vehículo. Es que cuando un Olinia circule por las calles, también represente una idea más amplia: un México que diseña, desarrolla tecnología, construye empresas y confía en su capacidad para crear.



