El cuidado de la primera infancia, una inversión estratégica para México: empresas y especialistas llaman a fortalecer la corresponsabilidad

La Red del Consejo Coordinador Empresarial por la Primera Infancia advierte que la falta de servicios de cuidado infantil, la rigidez de los horarios laborales y la desigual distribución de estas tareas afectan a las familias, la participación laboral de las mujeres y la competitividad económica. La iniciativa suma 81 empresas y organismos.

Ciudad de México, 23 de octubre de 2026. La primera infancia no es únicamente un asunto familiar ni una responsabilidad que deba recaer principalmente en las mujeres. También es un tema de desarrollo económico, productividad, igualdad de oportunidades y sostenibilidad social. Bajo esta premisa, la Red del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) por la Primera Infancia celebró su tercera cumbre, con la participación de representantes del sector privado y organismos internacionales.

Bajo el lema “Cuidar es negocio sostenible”, el encuentro abordó las dificultades que enfrentan millones de familias para conciliar el trabajo remunerado con la crianza, en un contexto de altos costos de vida, jornadas extensas y una oferta insuficiente de servicios de atención infantil.

La cumbre fue encabezada por Laura Tamayo, presidenta de la Comisión de Salud del CCE, junto con Sindy González, de Fundación FEMSA, y América Ávalos, de Fundación Coppel, copresidentas de la Red. También participaron representantes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Alianza Global por los Cuidados.

A cinco años de su creación, la Red pasó de 27 a 81 empresas y organismos, con el objetivo de promover políticas laborales favorables para las familias y fortalecer la atención a la primera infancia.

El cuidado infantil, un desafío para la economía

Las responsabilidades de cuidado no pueden seguir considerándose un asunto exclusivamente privado. Su distribución afecta la participación laboral, la permanencia de las mujeres en el empleo formal, la productividad y el bienestar de la niñez.

Durante una entrevista con Alcanzando el Conocimiento, Sindy González, gerente de Primera Infancia en Fundación FEMSA y copresidenta de la Red, explicó que uno de los principales retos es lograr que más empresas incorporen esta agenda de manera permanente, con compromisos concretos y seguimiento desde sus niveles directivos.

Entre las medidas posibles se encuentran ampliar las licencias de maternidad y paternidad, establecer horarios flexibles, garantizar espacios y tiempos para la lactancia y ofrecer servicios de cuidado infantil. Sin embargo, el desafío también implica modificar una cultura laboral basada en jornadas extensas y disponibilidad permanente.

La maternidad y el riesgo de abandonar el empleo

La falta de centros de cuidado, el costo de los servicios privados y las jornadas laborales dificultan que muchas madres regresen a sus empleos después del nacimiento de sus hijos. Sin redes familiares ni alternativas accesibles, algunas renuncian, reducen sus ingresos o se incorporan a la informalidad.

Las entrevistadas también compartieron experiencias de mujeres que regresan de la licencia de maternidad bajo presión, con temor a perder su puesto o dificultades para ejercer derechos como disponer de tiempo para amamantar.

Aunque existe mayor apertura, impulsada en parte por nuevas generaciones que demandan flexibilidad, la sensibilización todavía debe traducirse en cambios verificables. La corresponsabilidad exige que los hombres participen activamente en la crianza y que las empresas dejen de asumir que las necesidades familiares corresponden principalmente a las mujeres.

Menos nacimientos, mayores costos y nuevas necesidades

La disminución de la natalidad y el envejecimiento poblacional añaden otra dimensión al debate. Las decisiones de tener hijos están relacionadas con el costo de vida, la estabilidad económica, la disponibilidad de servicios de cuidado y las posibilidades de conciliar la crianza con el empleo.

La ausencia de servicios suficientes puede convertirse en un obstáculo desde los primeros meses de vida, mientras que los gastos de crianza y las jornadas laborales dificultan atender las necesidades de niñas y niños.

La creciente participación femenina en el mercado laboral, sin una redistribución equivalente de las tareas domésticas y de cuidado, ha dejado al descubierto las limitaciones del modelo tradicional. En este contexto, las políticas públicas y empresariales pueden evitar que la maternidad implique para las mujeres una disyuntiva entre formar una familia y desarrollarse profesionalmente.

De la asistencia social a una política económica

La cumbre planteó que las políticas de cuidado deben reconocerse como parte de la infraestructura social y económica del país, no como medidas meramente asistencialistas.

Los entornos laborales favorables a las familias pueden mejorar la productividad, reducir el ausentismo, fortalecer la permanencia del personal y facilitar el regreso de las mujeres al empleo después de una licencia de maternidad. Para las familias, estas condiciones reducen el estrés y favorecen un mejor equilibrio entre la vida profesional y personal.

La Red busca demostrar que el cuidado no es únicamente un costo empresarial, sino una inversión con beneficios para las organizaciones, las familias y la sociedad. Para evitar que la corresponsabilidad quede en el discurso, se propuso incorporar estas políticas en los indicadores de desempeño de los liderazgos empresariales.

Empresas, gobierno y sociedad: una responsabilidad compartida

El sector privado no puede resolver por sí solo las necesidades de cuidado. Se requiere la participación coordinada de gobiernos, empresas, organizaciones civiles y organismos internacionales.

En México, Fundación FEMSA y Fundación Coppel colaboran con el Pacto por la Primera Infancia, iniciativa que busca colocar las políticas dirigidas a niñas y niños pequeños entre las prioridades nacionales.

La colaboración entre sectores es indispensable para ampliar los servicios, impulsar condiciones laborales compatibles con la crianza y proteger el desarrollo durante los primeros años de vida. Las 81 empresas y organismos de la Red representan una plataforma para promover cambios organizacionales y compartir buenas prácticas.

El derecho al cuidado, una agenda en construcción

El derecho al cuidado comienza a ganar espacio en las discusiones legislativas y de política pública en México. Las participantes mencionaron experiencias regionales, como la de Uruguay, para ilustrar la incorporación del tema en los marcos normativos.

El reto es pasar de la sensibilización a mecanismos institucionales que reconozcan tanto las necesidades de quienes requieren cuidados como las de quienes los proporcionan.

La corresponsabilidad supone que el Estado garantice políticas y servicios adecuados, las empresas respeten los derechos laborales, los hombres participen activamente en la crianza y la sociedad reconozca el valor de estas tareas.

Cuidar a la primera infancia es cuidar el futuro

La tercera cumbre de la Red del CCE por la Primera Infancia dejó una conclusión central: el desarrollo infantil y el desarrollo económico no son agendas separadas.

Las condiciones en que crecen niñas y niños están relacionadas con el bienestar familiar, la estabilidad laboral de madres y padres y la capacidad social para distribuir las responsabilidades de cuidado.

El crecimiento de la Red, de 27 a 81 empresas y organismos, muestra una mayor disposición a discutir esta agenda. El siguiente paso será convertir esa voluntad en políticas verificables, servicios accesibles y cambios sostenidos en las prácticas laborales.

En un país marcado por transformaciones demográficas y desigualdades persistentes, invertir en la primera infancia significa fortalecer las bases del bienestar presente y futuro. Cuidar a quienes cuidan es una decisión económica y social que puede contribuir a construir un México más equitativo y sostenible.

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