Ley de Economía Digital: cuando el teléfono se convierte en la puerta de entrada a la economía

México busca acelerar la digitalización de pagos, servicios y actividades económicas; el reto será garantizar que la tecnología llegue a todos

Ciudad de México, 24 de septiembre de 2026.— Un teléfono celular podría convertirse en una de las principales herramientas para participar en la economía mexicana. Esa es una de las apuestas detrás de la nueva Ley de Economía Digital, presentada este jueves durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum.

La iniciativa busca impulsar el uso de tecnologías digitales para realizar pagos, cobrar productos y servicios y facilitar diversos procesos financieros. La propuesta parte de una infraestructura que México ya tiene: sistemas como SPEI y CoDi, que permiten realizar operaciones electrónicas, pero cuyo uso todavía no forma parte de todas las transacciones cotidianas.

De la terminal bancaria al código QR

Uno de los cambios que plantea la propuesta es facilitar que pequeños comercios y prestadores de servicios puedan recibir pagos digitales sin depender necesariamente de una terminal bancaria tradicional.

Un código QR, una transferencia desde una aplicación o tecnologías como NFC pueden convertir un teléfono celular en una herramienta para pagar o cobrar.

La apuesta tecnológica es sencilla en apariencia, pero tiene implicaciones importantes: cada vez más actividades económicas podrían realizarse mediante plataformas digitales, generando registros electrónicos de las operaciones y reduciendo procesos que hoy todavía dependen del efectivo o del papel.

Más que pagos digitales

El proyecto plantea una transformación que va más allá de sustituir billetes por transferencias.

La digitalización puede facilitar el acceso a servicios financieros, generar historiales de transacciones y abrir nuevas posibilidades para pequeños negocios que actualmente tienen dificultades para acceder al sistema financiero formal.

También se plantea avanzar en la digitalización de trámites y servicios gubernamentales, con la posibilidad de utilizar mecanismos de identidad digital para autenticar a las personas.

Aquí aparece uno de los grandes temas tecnológicos de la iniciativa: la identidad digital.

Si una mayor cantidad de servicios económicos y gubernamentales se trasladan al entorno digital, será indispensable contar con mecanismos seguros para demostrar quién es una persona, proteger sus datos y evitar fraudes.

El desafío está en la confianza

Una economía digital no se construye únicamente con aplicaciones y códigos QR. Necesita infraestructura de telecomunicaciones, acceso a internet, sistemas de seguridad, protección de datos y usuarios capaces de utilizar las herramientas digitales.

Por eso, uno de los retos de la iniciativa será evitar que la digitalización genere nuevas brechas entre quienes tienen acceso a tecnología y quienes todavía enfrentan dificultades de conectividad, bancarización o alfabetización digital.

También será fundamental fortalecer la ciberseguridad. A medida que aumente el número de operaciones digitales, crecerá la importancia de proteger cuentas, dispositivos, información personal y sistemas de pago frente a fraudes y ataques informáticos.

¿Qué pasará con el efectivo?

La presentación de la iniciativa generó también preguntas sobre el futuro del efectivo. El planteamiento expuesto por el gobierno es avanzar hacia una mayor utilización de medios digitales, pero no establecer una desaparición inmediata del dinero en efectivo.

La transición sería gradual y contemplaría sectores específicos, como gasolineras y carreteras.

La discusión que ahora corresponde al Congreso será determinar los alcances definitivos de la legislación y las condiciones bajo las cuales se implementaría.

Una transformación que apenas comienza

La Ley de Economía Digital coloca sobre la mesa una pregunta que va más allá de los pagos: ¿cómo debe funcionar una economía en la que cada vez más actividades ocurren en línea?

La respuesta implica tecnología, pero también regulación, educación digital, privacidad y seguridad.

Para México, el desafío no será solamente digitalizar la economía, sino conseguir que esa transformación sea accesible y confiable para ciudadanos, emprendedores y empresas de todos los tamaños.

Porque la verdadera revolución digital no ocurre cuando aparece una nueva aplicación, sino cuando la tecnología consigue convertirse en una herramienta cotidiana para mejorar la manera en que las personas trabajan, compran, venden, pagan y se relacionan con las instituciones.

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