México enfrenta el reto de convertir su fortaleza exportadora en una mayor integración de empresas nacionales a las cadenas globales de valor. El 32.º Congreso del Comercio Exterior Mexicano busca abrir ese espacio, con Italia como país invitado y una agenda enfocada en innovación, tecnología, logística, financiamiento y nuevos mercados.
México es hoy una de las economías con una fuerte orientación hacia el comercio internacional, pero el desafío ya no consiste únicamente en exportar más, sino en lograr que un mayor número de empresas mexicanas, especialmente pequeñas y medianas, puedan incorporarse de manera efectiva a las cadenas globales de suministro.
Ese es uno de los principales temas que estarán sobre la mesa en el 32.º Congreso del Comercio Exterior Mexicano, que se llevará a cabo del 27 al 29 de octubre en Monterrey, Nuevo León, organizado por el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología, COMCE.
Bajo el concepto de “Hecho en México, calidad y visión global”, el encuentro se plantea como una plataforma para conectar empresas mexicanas con mercados internacionales, promover inversión, transferencia tecnológica y generar oportunidades de negocio.
El reto: que más empresas mexicanas lleguen al mundo
Uno de los puntos centrales planteados por el COMCE es la necesidad de que las pequeñas y medianas empresas dejen de estar al margen de las oportunidades que ofrece el comercio internacional.
La organización empresarial busca que las PYMES no solamente conozcan los tratados comerciales de México, sino que puedan cumplir con los requisitos necesarios para convertirse en proveedores de grandes empresas, acceder a financiamiento, adoptar nuevas tecnologías y desarrollar capacidades para competir en mercados internacionales.
La discusión adquiere especial relevancia en un momento de reconfiguración de las cadenas globales de suministro, en el que las empresas buscan nuevos proveedores, reducen riesgos y reconsideran la ubicación de sus procesos productivos.
El propio COMCE identifica entre sus objetivos la internacionalización de las PYMES, la transferencia de tecnología y la promoción de inversión extranjera.
Italia, como país invitado
Uno de los componentes centrales del congreso será la participación de Italia como país invitado, con un pabellón dedicado a empresas italianas de tecnología, maquinaria y servicios.
La relación con Italia resulta estratégica porque permite mirar el comercio exterior más allá de la relación con América del Norte.
Durante la presentación del congreso, representantes empresariales y de la Embajada de Italia destacaron las oportunidades para incrementar el intercambio comercial y tecnológico entre ambos países.
De acuerdo con Valentina Valente, responsable de la Oficina Económico-Comercial de la Embajada de Italia en México, un tercio de las exportaciones italianas hacia América Latina tienen como destino México.
La modernización del acuerdo comercial entre México y la Unión Europea también abre expectativas para ampliar las oportunidades de intercambio. Según lo expuesto durante la presentación, el acuerdo contempla que cerca del 99% de los productos intercambiados entre ambas partes pueda quedar libre de aranceles una vez que se complete el proceso necesario para su entrada en vigor.
Pero la relación no se limita al intercambio de mercancías.
Para México, Italia representa también una oportunidad de acceso a tecnología, maquinaria, automatización y conocimiento industrial, elementos que pueden elevar la productividad de las empresas mexicanas y facilitar su incorporación a cadenas internacionales.
De la manufactura a la innovación
El congreso ocurre además en un momento en que la competitividad industrial está estrechamente vinculada con la transformación tecnológica.
Por ello, la agenda contempla discusiones sobre inteligencia artificial, digitalización industrial, productividad, comercio electrónico y nuevas herramientas para la toma de decisiones empresariales.
Uno de los paneles abordará precisamente el impacto de la inteligencia artificial y la digitalización en la productividad, el comercio y las cadenas de valor.
La pregunta de fondo es cómo evitar que la transformación tecnológica genere una nueva brecha entre las grandes empresas con capacidad para invertir en innovación y las PYMES que todavía enfrentan dificultades para acceder a financiamiento, capacitación y tecnología.
En este sentido, la incorporación de las pequeñas empresas a los procesos de innovación puede ser tan importante como la llegada de nuevas inversiones.
La logística, otro de los grandes desafíos
Exportar no depende únicamente de tener un producto competitivo.
También implica contar con carreteras, puertos, aduanas, infraestructura energética, sistemas digitales y cadenas de suministro capaces de responder ante interrupciones.
Por ello, el 32.º Congreso del Comercio Exterior Mexicano dedicará uno de sus paneles a la logística, la infraestructura y las cadenas de suministro resilientes. (Congreso COMCE)
Durante la presentación del encuentro, representantes empresariales señalaron que los problemas en cruces fronterizos, puertos, sistemas aduaneros y suministro eléctrico pueden convertirse en costos adicionales para las empresas y restar competitividad a las exportaciones mexicanas.
La discusión apunta hacia un tema fundamental: la competitividad de México no depende solamente de lo que produce, sino de la velocidad, certeza y costo con los que puede mover sus productos.
Más inversión, pero también mayor contenido nacional
Otro de los grandes temas será la inversión extranjera.
México ha logrado atraer importantes proyectos internacionales asociados con manufactura, automotriz, infraestructura, tecnología y otros sectores.
Sin embargo, uno de los desafíos consiste en conseguir que esas inversiones generen una mayor participación de empresas mexicanas como proveedoras.
Es decir, que la llegada de una planta internacional no termine en una operación aislada, sino que genere un ecosistema de proveedores nacionales, empleos especializados, transferencia tecnológica y desarrollo de capacidades.
Ahí se encuentra uno de los mayores potenciales para las PYMES mexicanas.
La meta no es solamente “Hecho en México”, sino que cada vez una mayor proporción del valor generado alrededor de ese producto también permanezca en México.
T-MEC y diversificación: dos caminos que deben convivir
La relación comercial con Estados Unidos y Canadá continuará siendo fundamental para México, particularmente a través del T-MEC.
Sin embargo, el entorno internacional está impulsando a las empresas y gobiernos a buscar una mayor diversificación de mercados.
La agenda del 32.º Congreso refleja precisamente esa doble necesidad: fortalecer la posición de México en América del Norte y, al mismo tiempo, explorar nuevos destinos comerciales.
De ahí que el programa incluya un panel específico sobre “Diversificación comercial de México: oportunidades en nuevos mercados estratégicos”, además de una discusión sobre el nuevo orden comercial global.
Para México, diversificar no significa abandonar sus mercados tradicionales, sino ampliar las alternativas para reducir vulnerabilidades y encontrar nuevos espacios para sus productos, servicios, tecnología y talento.
Una plataforma para conectar empresas
El Congreso no estará limitado a conferencias.
El programa contempla una Expo COMCE, un Pabellón Italia, encuentros B2B, workshops y visitas empresariales, con el propósito de generar contactos directos entre empresas y posibles compradores, proveedores e inversionistas.
La intención es que el conocimiento se traduzca en negocios.
Y ahí aparece uno de los elementos más importantes para las PYMES: tener acceso no solamente a información, sino a redes empresariales, financiamiento, compradores y cadenas productivas.
El encuentro prevé reunir entre 750 y mil asistentes, además de desarrollar encuentros de negocios y actividades orientadas a vincular pequeñas empresas con grandes compradores.
Lo Hecho en México, con visión global
El concepto que acompaña al 32.º Congreso, “Hecho en México, calidad y visión global”, resume uno de los grandes retos de la economía mexicana.
México ya cuenta con capacidad manufacturera, infraestructura industrial, talento y una amplia red de acuerdos comerciales.
El siguiente paso es conseguir que esas ventajas se traduzcan en mayor participación de empresas mexicanas en las cadenas globales, más innovación, mayor contenido nacional y una diversificación efectiva de mercados.
En ese sentido, el 32.º Congreso del Comercio Exterior Mexicano se presenta no solamente como un encuentro empresarial, sino como un espacio para discutir cómo puede México pasar de ser un gran exportador a convertirse también en un país con mayor capacidad para generar tecnología, desarrollar proveedores y capturar una mayor parte del valor de lo que produce.
Porque el desafío para los próximos años no será solamente que el mundo compre productos hechos en México.
Será que cada vez más empresas mexicanas estén preparadas para competir, innovar y crecer desde México hacia el mundo.



