Sheinbaum traza el rumbo de México: honradez, conocimiento, soberanía y unidad

En su balance de gobierno, la Presidenta Claudia Sheinbaum delineó las coordenadas de una nueva etapa de la Cuarta Transformación: crecimiento con bienestar, ciencia y tecnología como herramientas de soberanía, cooperación con Estados Unidos sin subordinación y un mensaje político contundente: “aquí no hay divisiones”

A casi dos años de haber asumido la Presidencia de México, Claudia Sheinbaum Pardo presentó un balance que fue mucho más allá de la enumeración de programas, inversiones, obras y cifras económicas.

Su mensaje tuvo una arquitectura política definida.

En distintos momentos de su intervención aparecieron los principios que la Presidenta considera indispensables para consolidar la siguiente etapa de la Cuarta Transformación: honradez en el ejercicio del poder, prosperidad compartida, educación y conocimiento como motores del desarrollo, cooperación internacional con respeto irrestricto a la soberanía y unidad política dentro del movimiento.

El discurso puede leerse, en ese sentido, como una declaración de rumbo.

México, planteó Sheinbaum, no tiene por qué elegir entre crecimiento económico y justicia social; entre inversión privada y rectoría del Estado; entre cooperación internacional y soberanía; entre innovación tecnológica y bienestar.

La apuesta de su gobierno es precisamente intentar mantener unidas esas piezas de un rompecabezas que durante décadas fueron presentadas como incompatibles.

La honradez: el principio desde el cual se gobierna

Uno de los conceptos que atravesó todo el mensaje presidencial fue el de la honradez.

Para Sheinbaum, la transformación del país no comienza en una obra pública ni en una reforma económica. Comienza en la forma en que se entiende y se ejerce el poder.

La Presidenta insistió en que los recursos públicos son recursos del pueblo y, por lo tanto, deben regresar a la sociedad convertidos en derechos, infraestructura, salud, educación y bienestar.

El gobierno, sostuvo, ha mantenido la austeridad republicana, reducido el gasto corriente y evitado privilegios y gastos considerados innecesarios.

Pero detrás de estas decisiones hay una definición política más profunda.

La Presidenta plantea que la autoridad no se compra, no se hereda y tampoco se garantiza únicamente desde una oficina.

“La autoridad política y moral se escribe todos los días”, afirmó.

La frase resume una de las apuestas centrales de su administración.

En una época marcada por la desconfianza hacia las instituciones y hacia la clase política, Sheinbaum busca colocar la honestidad como una fuente de legitimidad.

No se trata únicamente de administrar mejor.

Se trata de recuperar la idea de que gobernar es servir.

En esa lógica, la austeridad deja de ser solamente una política presupuestal y se convierte en una declaración sobre la relación entre quienes gobiernan y quienes son gobernados.

Una economía que crece, pero que también distribuye

La segunda gran coordenada del discurso fue la economía.

Sheinbaum presentó indicadores de inversión, empleo, salario, turismo y estabilidad financiera para sostener que México mantiene una trayectoria positiva pese a un entorno internacional complejo.

Pero su principal argumento económico no fue únicamente que el país está creciendo.

Fue que el crecimiento debe tener un destino social.

La idea de la Prosperidad Compartida aparece aquí como la columna vertebral del modelo.

Durante décadas, explicó la Presidenta, predominó la idea de que si la economía crecía, eventualmente los beneficios llegarían al resto de la población.

La llamada teoría del derrame.

El problema fue que el crecimiento y la riqueza no necesariamente se tradujeron en una reducción automática de las desigualdades.

La propuesta de la actual administración es distinta.

El Estado debe participar en la planeación del desarrollo, garantizar derechos, impulsar sectores estratégicos y crear condiciones para que la riqueza tenga una distribución más amplia.

Pero Sheinbaum también dejó un mensaje importante para los mercados y el sector privado: recuperar la rectoría del Estado no significa abandonar la disciplina fiscal ni cancelar la inversión privada.

La apuesta es por una combinación.

  • Inversión pública.
  • Inversión privada.
  • Inversión mixta.
  • Planeación estatal.

Y estabilidad macroeconómica.

En otras palabras, el gobierno busca construir un modelo en el que el Estado vuelva a tener capacidad de conducción sin intentar sustituir toda la actividad económica.

Es una diferencia fundamental.

La discusión ya no es Estado contra mercado.

La discusión es qué papel debe jugar cada uno para que el crecimiento se traduzca en bienestar.

Educación, ciencia y tecnología: la nueva frontera de la soberanía

Uno de los capítulos más relevantes del discurso fue el dedicado a la educación, la ciencia y la innovación.

Y es quizá ahí donde comienza a dibujarse con mayor claridad la identidad propia del gobierno de Claudia Sheinbaum.

La Presidenta, con una trayectoria académica y científica, ha insistido en que México debe fortalecer sus capacidades para producir conocimiento y tecnología.

La educación deja de ser vista únicamente como una política social.

Se convierte en una política de desarrollo nacional.

Crear espacios en preparatorias y universidades, ampliar becas y fortalecer instituciones públicas es parte de esa estrategia.

Pero la apuesta va más lejos.

Proyectos como Olinia, el vehículo eléctrico mexicano; Kutsari, dedicado al diseño de semiconductores; los satélites Ixtli; el sistema de monitoreo climático; y Quetzal, un vehículo aéreo no tripulado, forman parte de una visión que busca responder a una pregunta estratégica:

¿Qué tipo de país quiere ser México en la economía del conocimiento?

El desarrollo de la supercomputadora Coatlicue profundiza todavía más esa discusión.

En el mundo contemporáneo, la capacidad de procesar información, desarrollar inteligencia artificial, diseñar semiconductores, producir energía y generar tecnología se ha convertido en una nueva dimensión de la soberanía.

Ya no se trata únicamente de defender territorio.

También se trata de defender la capacidad de decidir.

Y un país que depende completamente de tecnologías desarrolladas en el exterior tiene límites para tomar sus propias decisiones.

La ciencia, bajo esta visión, deja de ser un lujo académico.

Se convierte en infraestructura estratégica.

Cooperar con Estados Unidos sin someterse

La relación con Estados Unidos ocupó otro de los momentos centrales del mensaje.

Sheinbaum reconoció las dificultades que México ha enfrentado en materia comercial, migratoria y de seguridad.

La cercanía económica y geográfica entre ambos países hace imposible pensar en una relación de aislamiento.

México necesita cooperación.

Necesita comercio.

Necesita diálogo.

Pero la Presidenta estableció un límite político.

“Cooperación no significa sometimiento. Amistad no significa renunciar a nuestros principios”.

Es probablemente una de las frases que mejor sintetizan la política exterior que busca construir su administración.

La relación con Washington debe mantenerse.

Los acuerdos deben continuar.

La cooperación en seguridad, comercio y migración es necesaria.

Pero México no aceptará, según el planteamiento presidencial, que esa cooperación implique subordinación.

Sheinbaum ha buscado colocar cuatro principios en el centro de la relación bilateral: respeto a la soberanía y a la integridad territorial, responsabilidad compartida y diferenciada, respeto y confianza mutua, y cooperación sin subordinación.

El desafío no es menor.

México mantiene una profunda integración económica con Estados Unidos y, al mismo tiempo, debe defender su margen de decisión frente a uno de los gobiernos más poderosos del mundo.

Ese equilibrio será uno de los principales desafíos de su administración.

“Aquí no hay divisiones”

El mensaje político más directo llegó hacia el final.

“Que nadie se equivoque: aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”.

La frase no apareció por casualidad.

En toda fuerza política que se mantiene durante años en el poder surgen diferencias, disputas, intereses y nuevas generaciones que buscan espacios.

La Cuarta Transformación no es ajena a esa realidad.

Pero Sheinbaum buscó enviar una señal clara.

El proyecto continúa.

No hay ruptura con el movimiento que inició en 2018.

No hay abandono de sus principios.

Y, desde su perspectiva, tampoco hay una fractura entre el gobierno actual y el proyecto político del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, continuidad no significa necesariamente inmovilidad.

El discurso presidencial también mostró una evolución.

A los pilares tradicionales de la Cuarta Transformación, programas sociales, combate a la corrupción, recuperación del papel del Estado y atención prioritaria a los sectores históricamente excluidos, Sheinbaum está agregando nuevos componentes.

  • Tecnología.
  • Innovación.
  • Semiconductores.
  • Supercomputación.
  • Transición energética.
  • Nuevos sistemas educativos.
  • Infraestructura ferroviaria.
  • Inversión mixta.

El desafío será demostrar que esta nueva etapa puede conservar el espíritu social del movimiento mientras construye una economía preparada para competir en un mundo dominado por la tecnología.

Cinco coordenadas para una nueva etapa

El discurso de Claudia Sheinbaum deja, en suma, cinco coordenadas para entender el rumbo que busca darle a México.

Primera: la honradez.

La autoridad se construye todos los días y los recursos públicos deben estar al servicio del pueblo.

Segunda: la economía con bienestar.

El crecimiento no basta si no reduce desigualdades y no mejora la vida de las familias.

Tercera: el conocimiento como poder nacional.

Educación, ciencia y tecnología dejan de ser asuntos periféricos para convertirse en instrumentos de desarrollo y soberanía.

Cuarta: cooperación sin subordinación.

México dialoga con Estados Unidos y con el mundo, pero no negocia su independencia ni su dignidad.

Quinta: unidad.

La Presidenta cerró filas alrededor de un proyecto político que, aseguró, mantiene su rumbo y no atraviesa por una ruptura.

El mensaje final de Sheinbaum fue, en esencia, una definición de país.

Un México que busca crecer sin olvidar a quienes durante décadas quedaron fuera del crecimiento.

Un México que quiere atraer inversión sin renunciar a la rectoría del Estado.

Un México que busca cooperación con Estados Unidos sin aceptar el sometimiento.

Y un México que pretende producir conocimiento, tecnología e innovación propios para tener mayor capacidad de decidir su futuro.

En esa visión, la soberanía del siglo XXI ya no depende únicamente de las fronteras.

También depende de la capacidad de un país para producir alimentos, energía, medicamentos, conocimiento, tecnología y bienestar.

Ese parece ser el territorio político que Claudia Sheinbaum busca conquistar en la siguiente etapa de su gobierno.

Y en el centro de esa apuesta permanece una convicción que atravesó todo su discurso:

México puede avanzar hacia la modernización sin renunciar a sus principios.

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