Un juez federal condenó a 15 años de prisión al empresario mexicano de origen chino Zhenli Ye Gon por el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita (lavado de dinero), casi dos décadas después del aseguramiento de más de 205 millones de dólares en efectivo en una residencia de su propiedad en las Lomas de Chapultepec, uno de los decomisos más cuantiosos en la historia del país.
La sentencia fue dictada por el Juzgado Primero de Distrito de Procesos Penales Federales en el Estado de México, que también impuso al empresario una multa económica. La resolución corresponde únicamente al delito de lavado de dinero y todavía puede ser impugnada por la defensa mediante los recursos legales previstos.
Ye Gon fue detenido en julio de 2007 en Maryland, Estados Unidos, después de que autoridades mexicanas catearan una de sus residencias en la Ciudad de México y aseguraran 205 millones 564 mil dólares, además de pesos, euros, dólares de Hong Kong, joyas, armas y otros bienes. El caso adquirió notoriedad internacional tanto por el monto del decomiso como por las acusaciones que el empresario lanzó posteriormente contra funcionarios del gobierno federal de la época.
Tras permanecer casi una década preso en Estados Unidos mientras litigaba su extradición, fue entregado a las autoridades mexicanas en octubre de 2016 para enfrentar diversos procesos penales por delincuencia organizada, delitos contra la salud, posesión de armas de uso exclusivo del Ejército y operaciones con recursos de procedencia ilícita.
La condena anunciada este jueves corresponde al proceso por lavado de dinero. Desde su extradición, Zhenli Ye Gon ha promovido diversos recursos legales para enfrentar su proceso en libertad, aunque los tribunales federales han rechazado esas solicitudes y han mantenido la medida cautelar de prisión preventiva.
El caso de Zhenli Ye Gon se convirtió en uno de los expedientes más emblemáticos del combate al narcotráfico durante el sexenio de Felipe Calderón, no sólo por el histórico decomiso de dinero en efectivo, sino también por la frase: «coopelas o cuello», pronunciada por el empresario al asegurar que había sido presionado para resguardar los recursos encontrados en su domicilio, una versión que las autoridades federales rechazaron.



