México continúa avanzando en la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores. En 2026, el incremento al salario mínimo consolida una tendencia iniciada en los últimos años: mejorar los ingresos laborales como eje de política económica y social.
A partir del 1 de enero, el salario mínimo general se ubicó en 315.04 pesos diarios, mientras que en la Zona Libre de la Frontera Norte alcanzó los 440.87 pesos diarios. El ajuste, cercano al 13%, fue determinado por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) como parte de una estrategia sostenida desde 2018.
En el contexto de América Latina, México ha logrado escalar posiciones. Hoy se acerca a niveles promedio de la región, particularmente en la frontera norte, donde el ingreso mensual ronda los 500 dólares. Sin embargo, aún se mantiene por debajo de países como Chile y Uruguay, que registran algunos de los salarios mínimos más altos del continente.
En contraste, economías como Argentina enfrentan una fuerte presión inflacionaria que ha deteriorado el poder adquisitivo, mientras que Brasil mantiene niveles más cercanos a los de economías emergentes.
Durante la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo destacó el cambio estructural que ha vivido el país en materia salarial. Recordó que hace poco más de una década México se encontraba entre los países con menor ingreso mínimo en la región, incluso por debajo de Haití.
“Hoy el ingreso de los trabajadores está en primer nivel en América Latina, y con ello también el salario medio”, afirmó.
Este avance no solo refleja un incremento nominal, sino una política orientada a revertir décadas de rezago salarial. No obstante, especialistas coinciden en que el verdadero desafío está en contener la inflación y el costo de vida, factores que determinan el impacto real en los hogares.
La estrategia, de acuerdo con el gobierno federal, continuará en los próximos años con el objetivo de reducir la pobreza laboral y fortalecer el mercado interno. En ese camino, el salario mínimo deja de ser solo un indicador económico y se convierte en una herramienta clave para el bienestar social.



