El Primer Simulacro Metropolitano 2026, realizado este 18 de febrero en la Zona Metropolitana del Valle de México, fue calificado como “un éxito rotundo” por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, quien informó que participaron más de 8.2 millones de personas en la Ciudad de México y municipios conurbados del Estado de México.
El ejercicio simuló un sismo de magnitud 7.2 con epicentro cercano a Pinotepa Nacional, en el estado de Oaxaca, una región asociada a la subducción de la placa de Cocos bajo la placa de Norteamérica, uno de los procesos tectónicos más activos del continente.
Tecnología y alerta temprana: 98.53% de efectividad
La alerta sísmica fue activada por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico y difundida a través del C5, además de notificaciones móviles federales. De los 13 mil 998 altavoces instalados, funcionaron 13 mil 786, lo que representa 98.53% de efectividad.
México se encuentra entre los cuatro países del continente que cuentan con un sistema público de alerta sísmica de este tipo, basado en la detección temprana de ondas P, que permiten anticipar la llegada de ondas más destructivas.
Los criterios técnicos de activación incluyen sismos mayores o iguales a magnitud 6, independientemente de la distancia; mayores o iguales a 5 si el epicentro se ubica a menos de 200 kilómetros; o mayores o iguales a 5.5 si se localizan a menos de 350 kilómetros. Además, si la aceleración estimada es menor a 50 gal, no se activa el protocolo interno, al no representar riesgo estructural significativo.
Tiempos de evacuación y cultura preventiva
El tiempo promedio de evacuación fue de 1 minuto con 52 segundos, una cifra que, si bien representa avance, mantiene como meta su reducción mediante práctica constante y protocolos familiares, laborales y comunitarios.
Desde la perspectiva de la gestión integral del riesgo, estos ejercicios permiten evaluar no sólo infraestructura tecnológica, sino comportamiento social: reacción ante estímulos auditivos, toma de decisiones en segundos y coordinación entre niveles de gobierno.
Más de 5 mil funcionarios capitalinos participaron en cinco estructuras operativas, además de 3 mil 980 escuelas (con más de 1.27 millones de personas) y 13 universidades con 256 mil 850 asistentes. En total, se registraron 33 mil 804 inmuebles participantes a nivel metropolitano.
Infraestructura crítica y respuesta multisectorial
El simulacro incluyó escenarios de rescate vertical, extracción vehicular, atención a estructuras colapsadas con incendio y evacuación aeromédica en la alcaldía Cuauhtémoc.
El sector movilidad activó protocolos en toda la Red Integrada —Metro, Metrobús, Cablebús, Trolebús, RTP y CETRAM—; los trenes del Metro detuvieron su marcha durante tres minutos, aplicando procedimientos de seguridad.
El sector salud movilizó hospitales y unidades del IMSS, ISSSTE, IMSS Bienestar, Pemex y servicios de emergencia, mientras que dependencias como la Secretaría de Gestión Integral del Agua supervisaron infraestructura estratégica como el Sistema Cutzamala y el Sistema Lerma.
La Comisión Federal de Electricidad simuló afectaciones a más de 150 mil usuarios por daños hipotéticos en líneas de transmisión, desplegando personal y equipo especializado. Fuerzas federales aplicaron protocolos como el Plan DN-III-E.
Incluso la FIFA participó como observadora, de cara a la Copa Mundial de 2026, lo que subraya el interés internacional en los estándares de protección civil de la capital.
México: territorio sísmico permanente
México registra más de 20 mil sismos al año, de acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional. La capital, asentada sobre antiguos sedimentos lacustres, amplifica ondas sísmicas debido a sus suelos blandos, fenómeno que explica la severidad de daños en eventos históricos.
La ciencia del riesgo contemporánea señala que los desastres no son únicamente naturales, sino el resultado de la interacción entre amenaza, vulnerabilidad y exposición. Reducir esa vulnerabilidad implica educación, planeación urbana responsable y práctica constante.
El simulacro metropolitano no sólo ensaya protocolos: transforma el temor en acción organizada. En un país de alta sismicidad, hablar del riesgo, comprenderlo científicamente y asumirlo como parte de nuestra realidad geológica es la base para construir resiliencia social.



