El silencio toma Jerusalén: una Semana Santa sin fieles ni procesiones por la guerra

La Semana Santa de este año en Jerusalén se vive bajo una atmósfera inédita, marcada por el silencio, la ausencia de peregrinos y las restricciones derivadas del conflicto en la región. De acuerdo con información publicada por El País, la tradicional vitalidad que caracteriza estas fechas ha sido sustituida por calles vacías y ceremonias limitadas.

El corresponsal en Oriente Próximo, Antonio Pita, describe esta celebración como una “anti Semana Santa”, al relatar un escenario que contrasta profundamente con años anteriores. Tras más de una década en Jerusalén, asegura no haber visto nunca la Ciudad Vieja en condiciones similares.

Uno de los hechos más significativos ocurrió el Domingo de Ramos, cuando la policía israelí impidió el acceso al Santo Sepulcro al patriarca latino Pierbattista Pizzaballa, argumentando motivos de seguridad vinculados a la guerra con Irán. Se trata de una medida sin precedentes en siglos, en una fecha que tradicionalmente destaca por sus procesiones multitudinarias y llenas de simbolismo.

Las celebraciones habituales, como la procesión desde el Monte de los Olivos o las misas y representaciones religiosas a lo largo de la semana, prácticamente han desaparecido. En su lugar, predomina una imagen desoladora: comercios cerrados, escasa presencia de fieles y una ciudad que, en palabras del propio Pita, ha perdido su pulso habitual.

Diversos factores han contribuido a esta situación. Por un lado, la coincidencia con el Ramadán ha reducido la actividad general. Sin embargo, el elemento determinante ha sido el contexto bélico, que ha llevado a reforzar las medidas de seguridad, incluyendo el cierre de los principales sitios sagrados de las tres grandes religiones monoteístas.

A esto se suma la drástica disminución de vuelos hacia Tel Aviv, lo que ha limitado la llegada de turistas y peregrinos, actores fundamentales en la dinámica económica y espiritual de la ciudad durante estas fechas.

En este contexto, el patriarca Pierbattista Pizzaballa lamentó la situación al señalar que “Jerusalén sin peregrinos no está completa”, describiendo a la Ciudad Vieja y al Monte de los Olivos como espacios que, pese a su significado histórico y religioso, hoy lucen prácticamente sin vida.

Asimismo, reconoció el dilema que enfrenta la Iglesia ante la inseguridad: promover la peregrinación en un entorno marcado por el conflicto resulta cada vez más complejo. “Ahora será más difícil convencerlos de que Jerusalén es segura”, advirtió.

Así, esta Semana Santa queda marcada como una de las más atípicas en la historia reciente, reflejo de un contexto internacional que ha transformado profundamente incluso las tradiciones más arraigadas.

Con información de: El País

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