En un mundo atravesado por decisiones unilaterales, impulsivas y muchas veces ajenas a la evidencia, como lo ha sido todo el 2025 con la llegada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el ejercicio del poder vuelve a plantear una pregunta de fondo: ¿puede el conocimiento convertirse en una forma efectiva de liderazgo político? Frente al estilo personalista y disruptivo de Donald Trump, esa pregunta adquiere una relevancia particular para México y para la conducción que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum.
El unilateralismo que ha caracterizado a Donald Trump —expresado en presiones comerciales, amenazas migratorias y acciones que desdibujan las normas multilaterales— no solo tensiona las relaciones internacionales; también pone en entredicho la idea misma de gobernar con base en reglas, datos y consensos. En ese escenario, responder con impulsos, estridencia o improvisación equivaldría a replicar el problema. Responder con conocimiento, en cambio, abre una posibilidad distinta.
Claudia Sheinbaum encarna un perfil atípico en la política latinoamericana contemporánea: una jefa de Estado con formación científica que entiende el poder no como imposición inmediata, sino como construcción de soluciones sostenibles en el corto, mediano y largo plazo. Este enfoque resulta especialmente pertinente frente a liderazgos que privilegian el golpe mediático, el sensacionalismo, por encima de la evidencia y la planificación.
Desde la perspectiva del conocimiento, México no puede asumirse como un actor pasivo frente al unilateralismo, pero tampoco como un opositor reactivo. Puede y debe actuar como un nodo estratégico: articulando saberes técnicos, diplomacia basada en evidencia y alianzas multilaterales que fortalezcan la toma de decisiones colectivas. En ese marco, la soberanía no se defiende con discursos vacíos, sino con instituciones sólidas, información verificable y capacidad de anticipación.
El contraste es aún más claro en ámbitos clave para el futuro común, como el cambio climático, la transición energética y la innovación tecnológica. Aún más, cuando el trumpismo ha tendido a desdeñar y minimizar estos temas. A despreciar a la ciencia y al conocimiento. A desarticular y limitar fondos a Universidades con prestigio de décadas. A disminuir programas de atención médica de escasos recursos. Es entonces que México tiene ahora mismo, la oportunidad de colocar el conocimiento científico en el centro del diálogo internacional, no como ornamento retórico, sino como herramienta para reducir riesgos, generar bienestar y construir resiliencia.
Gobernar con conocimiento implica aceptar la complejidad, reconocer límites y actuar con responsabilidad intergeneracional. Implica también resistir la tentación de las soluciones simples a problemas estructurales. En tiempos de decisiones abruptas, el liderazgo informado puede parecer menos espectacular, pero es, con frecuencia, el único capaz de producir resultados duraderos.
Desde Alcanzando el Conocimiento sostenemos que el verdadero contrapeso al unilateralismo no es la confrontación, sino la inteligencia colectiva. Frente a la política del impulso, la política del saber. Frente al ruido, la evidencia. En ese terreno, el liderazgo de Claudia Sheinbaum no solo responde a una coyuntura internacional compleja: propone una forma distinta de ejercer el poder, donde el conocimiento no acompaña a la política, sino que la dirige. Puede ser la bisagra que una a América del Norte con América del Sur, en un tono pacífico y de comunicación constante.
La diplomacia científica por ahora puede ser una puerta para construir consensos diálogos, esquemas de cooperación que lejos de incendiar la región, colaboren a construir mecanismos de paz y de mejoras para la vida diaria.



