La tentación de Trump por atacar México

Las recientes declaraciones de Donald Trump, en las que sugiere que Estados Unidos podría “atacar por tierra” a los cárteles del narcotráfico en México, reactivan uno de los debates más sensibles de la relación bilateral: la seguridad compartida frente al respeto irrestricto a la soberanía nacional.

“Hemos eliminado el 97 % de las drogas que entran por agua, y ahora vamos a empezar a atacar por tierra, en relación con los cárteles. Los cárteles están controlando México. Es muy, muy triste ver lo que le ha pasado a ese país. Los cárteles están operando y están matando a 250, 300.000 personas en nuestro país cada año”, dijo Trump ayer en una entrevista con Fox News.

Aunque analistas militares y diplomáticos coinciden en que una intervención terrestre estadounidense en México es altamente improbable, la sola mención no es menor. Además de que esta declaración adquiere otro sentido, luego de la reciente invasión y ocupación a Venezuela y la sustracción de su presidente en funciones Nicolás Maduro.  Y es que  en política internacional, las palabras también son acciones. Y cuando provienen del presidente de la principal potencia mundial, tienen efectos reales sobre la estabilidad regional, los mercados, la diplomacia y la percepción pública.

Desde Alcanzando el Conocimiento y desde el espacio informativo #ElRegresodeDonaldTrump consideramos que es indispensable leer estas declaraciones no solo como una amenaza operativa, sino como una estrategia discursiva. Trump vuelve a recurrir a un viejo recurso: externalizar un problema complejo, como el narcotráfico, para convertirlo en argumento electoral y geopolítico para intervenir a un país.  En este relato, con estas últimas declaraciones de Trump, México aparece no como socio estratégico, sino como territorio fallido que justificaría medidas unilaterales.

En Acapulco, donde se realizó #LaMañaneraDelPueblo de este viernes, se le pidió a la presidenta Sheinbaum que opinara sobre las declaraciones del presidente Trump.

Como lo ha hecho en varias ocasiones, la presidenta de México dijo que el mandatario norteamericano tiene una manera particular de comunicar y que le pidió al canciller, Juan Ramón de la Fuente entrar en contacto con Marco Rubio y de ser necesario, ella hablaría con Donald Trump:

“Por las declaraciones que ha hecho el presidente Trump en estos días, que consideramos que es parte de su manera de comunicar, le pedí ayer al canciller Juan Ramón de la Fuente que pudiera hacer contacto directo con el secretario del Departamento de Estado y, si es necesario, hablar con el presidente Trump para fortalecer la coordinación”.

Ante la insistencia de los medios de qué postura tomaría México si Donald Trump moviliza su flota a aguas nacionales, la mandataria respondió que hay coordinación y que prefiere no pensar en ese escenario:

“No queremos pensar en otro escenario, sino en una coordinación más estrecha en el marco de la defensa de la soberanía”.

La realidad es más compleja. El fenómeno del narcotráfico es transnacional, alimentado por el flujo de armas desde Estados Unidos, el consumo interno de drogas y una red financiera global que rara vez es mencionada en estos discursos punitivos trumpistas. Reducirlo a una solución militar simplista ignora décadas de evidencia que muestran que la fuerza sin cooperación institucional solo multiplica la violencia.

Para México, el mensaje es claro y delicado. El gobierno ha reiterado que no permitirá la presencia de tropas extranjeras en su territorio, marcando una línea roja histórica. No se trata solo de un principio jurídico, sino de una memoria colectiva: América Latina conoce bien las consecuencias de las intervenciones “preventivas” justificadas en nombre de la seguridad  durante todo el siglo XIX y XX.

El verdadero desafío está en otro nivel: cómo fortalecer la cooperación bilateral sin ceder soberanía, cómo construir inteligencia compartida, control de armas y estrategias de desarrollo regional que ataquen las causas estructurales del crimen organizado. Ese es el terreno donde debería concentrarse la discusión, no en amenazas que tensan innecesariamente la relación entre dos países profundamente interdependientes.

En el fondo, la retórica de Trump revela algo más profundo: la crisis del multilateralismo y el retorno de visiones unilaterales, donde el poder se impone al diálogo. Frente a ello, México está obligado a responder con firmeza, pero también con inteligencia estratégica, apostando por la diplomacia, el derecho internacional y el conocimiento como herramientas de defensa.

Habrá que estar muy pendientes a lo que sigue en un nuevo capítulo de este, #elregresodedonaldtrump  un regreso al poder que pone fin al multilateralismo, a la paz en la región y a la libertad y autodeterminación de los pueblos.

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