En un momento clave para la economía y la innovación del país, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y el Fondo de Cultura Económica (FCE) firmaron un convenio de colaboración para impulsar la cultura de la propiedad intelectual entre niñas y niños mexicanos.
La iniciativa se enmarca en el lanzamiento del concurso nacional “Jugando, inventamos y creamos”, una convocatoria dirigida a niñas y niños de entre 6 y 12 años que busca acercarlos al mundo de la creatividad, la invención y la innovación.

Más allá de un certamen escolar, el proyecto plantea un objetivo más profundo: sembrar en las nuevas generaciones la conciencia de que las ideas tienen valor, generan conocimiento y pueden convertirse en motor de desarrollo social y económico.
El director general del IMPI, Santiago Nieto Castillo, explicó que esta iniciativa surge en un contexto estratégico para México, particularmente ante el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
El desafío, señaló, no se limita a cumplir compromisos comerciales internacionales, sino a construir una cultura social que comprenda y defienda la propiedad intelectual.
Y es que en México, muchas expresiones culturales y productivas —desde una artesanía hasta un platillo tradicional— representan formas de conocimiento que requieren protección. En un país de enorme diversidad cultural y biológica, la propiedad intelectual también se convierte en un mecanismo para preservar identidades y reconocer el trabajo creativo de comunidades y personas.
Innovación: el gran reto pendiente
A pesar de ser una de las principales economías del planeta, México enfrenta una paradoja.
El país es la duodécima economía del mundo, además de ser el principal socio comercial de Estados Unidos y mantener una estrecha integración económica con Canadá. Sin embargo, ocupa apenas el lugar 58 en el índice global de innovación.
Esta brecha revela un desafío estructural: la limitada conexión entre la educación, la creatividad y la innovación científica y tecnológica.
Para el titular del IMPI, una de las claves para revertir esta situación es acercar desde edades tempranas a niñas y niños a las disciplinas creativas y científicas, y reconocer el valor de sus ideas.
En este sentido, el concurso propone cuatro categorías que combinan creatividad artística y pensamiento innovador:
- Invención y desarrollo de marca
- Cuento corto o guion
- Narrativa de videojuego
- Letra de canción
Hasta ahora, 1,864 niñas y niños de todo el país se han inscrito, con una participación mayoritaria de niñas y una presencia creciente de comunidades indígenas, ya que la convocatoria fue difundida en cinco lenguas originarias.
La creatividad como patrimonio
El convenio con el Fondo de Cultura Económica busca también dar visibilidad a las ideas de las nuevas generaciones, incluso mediante posibles publicaciones que difundan los trabajos ganadores.
Más allá del premio económico —de 50 mil pesos—, el objetivo central es reconocer socialmente la creatividad infantil y fortalecer una cultura del conocimiento.
Porque en un mundo donde las ideas son uno de los recursos más valiosos, enseñar a las nuevas generaciones que la creatividad es parte de su patrimonio puede marcar la diferencia en el futuro del país.
Combatir la piratería, proteger la innovación
En paralelo, el IMPI ha intensificado acciones contra la piratería mediante operativos en distintos puntos del país.
De acuerdo con datos oficiales, se han asegurado más de 7.7 millones de productos ilegales, con un valor cercano a 932 millones de pesos, principalmente en sectores como textiles, juguetes, calzado y productos de belleza.
Estas acciones también responden a observaciones del reporte 301 elaborado por la United States Trade Representative (USTR), que identifica mercados donde la venta de mercancía pirata afecta la competencia y la protección de las marcas.
En el fondo, la discusión no se limita a un tema comercial. Se trata de defender la creatividad, el conocimiento y el trabajo de quienes innovan.
Sembrar innovación desde la infancia
En última instancia, iniciativas como este concurso reflejan una idea sencilla pero poderosa: la innovación no comienza en los laboratorios, sino en la imaginación.
Cuando una niña escribe una canción, inventa un objeto o imagina un videojuego, está dando el primer paso hacia un ecosistema de conocimiento que puede transformar al país.
Y quizá ahí esté la apuesta más importante: construir una generación que no solo consuma tecnología o cultura, sino que también la cree.




