La próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ocurre en un momento particularmente complejo para la economía mundial. Las tensiones geopolíticas, la reconfiguración de las cadenas de suministro y la competencia tecnológica entre potencias han transformado la lógica del comercio internacional.
En este contexto, México inició un proceso de consultas públicas para definir su posición frente a la revisión del tratado comercial más importante de la región. El ejercicio incluyó mesas sectoriales con empresarios, representantes laborales, especialistas y autoridades de las 32 entidades federativas.
Durante la presentación de los resultados, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, subrayó que existe un amplio consenso nacional para mantener el acuerdo y fortalecerlo, al considerarlo el principal motor de integración productiva en América del Norte.
Sin embargo, más allá de la estabilidad comercial, el debate sobre el T-MEC se inserta en una discusión mucho más amplia: quién dominará las cadenas de valor de la economía del siglo XXI.
América del Norte frente al ascenso industrial de Asia
Uno de los mensajes más relevantes que surgieron de las consultas es que América del Norte enfrenta una competencia creciente de economías asiáticas que han acelerado su capacidad productiva en sectores estratégicos.
Países como Vietnam, Indonesia, Malasia y Tailandia han incrementado sus exportaciones industriales y atraído inversiones en industrias clave como semiconductores, electrónica, inteligencia artificial y manufactura avanzada.
Esta dinámica forma parte de una transformación estructural del comercio global impulsada, en gran medida, por la expansión tecnológica e industrial de China, que ha consolidado su papel como proveedor central de insumos estratégicos para múltiples sectores productivos.
De hecho, uno de los diagnósticos compartidos por los sectores consultados es que América del Norte mantiene una elevada dependencia de insumos provenientes de Asia, particularmente en áreas críticas como:
- precursores farmacéuticos
- componentes electrónicos
- insumos para la industria alimentaria
- materiales industriales especializados
Reducir esa dependencia se ha convertido en una prioridad estratégica para la región.
La seguridad económica como nuevo eje del comercio
Uno de los conceptos que comienza a dominar el debate internacional es el de seguridad económica.
A diferencia de la lógica tradicional del libre comercio, donde la eficiencia y los costos eran los principales criterios, el nuevo contexto global incorpora factores geopolíticos, logísticos y tecnológicos.
La pandemia, las tensiones comerciales y los conflictos internacionales demostraron que las cadenas de suministro excesivamente dispersas pueden convertirse en una vulnerabilidad.
En este escenario, el T-MEC podría evolucionar hacia algo más que un acuerdo comercial: un mecanismo de coordinación industrial regional.
La idea central es fortalecer cadenas de valor en sectores estratégicos, desde la industria automotriz hasta la electrónica avanzada.
Reglas de origen: el delicado equilibrio industrial
Uno de los temas más sensibles en la revisión del tratado será el de las reglas de origen, que determinan qué porcentaje de un producto debe fabricarse en la región para beneficiarse de aranceles preferenciales.
El objetivo es incentivar la producción regional, pero sin generar distorsiones que afecten la competitividad.
Un ajuste excesivo podría encarecer la producción; uno demasiado flexible podría permitir la entrada indirecta de productos provenientes de otras regiones.
Encontrar ese equilibrio será uno de los puntos centrales de la negociación.
México en el nuevo mapa del “nearshoring”
Para México, la revisión del tratado coincide con un fenómeno económico clave: el nearshoring, es decir, la relocalización de empresas que buscan producir más cerca del mercado estadounidense.
La combinación de cercanía geográfica, infraestructura industrial y acceso preferencial al mercado norteamericano ha colocado al país en una posición estratégica.
No obstante, especialistas advierten que aprovechar plenamente esta oportunidad requiere avanzar en varios frentes:
- mayor infraestructura logística
- inversión en innovación y tecnología
- desarrollo de talento especializado
- fortalecimiento del sistema científico y educativo
Sin estos elementos, el potencial del nearshoring podría quedar limitado a actividades de manufactura básica.
El reto de integrar a todo el país
Otro punto clave identificado en las consultas es la desigual integración productiva dentro de México.
Los estados del norte se encuentran profundamente conectados con la industria exportadora, especialmente en manufactura avanzada. En el Bajío se consolidó un corredor automotriz y agroindustrial, mientras que el sur del país mantiene una participación mucho menor en las cadenas de valor regionales.
Reducir esta brecha territorial será fundamental para que los beneficios del tratado se distribuyan de manera más equitativa.
Un tratado que define el futuro regional
A seis años de su entrada en vigor, el T-MEC enfrenta un desafío mayor: adaptarse a una economía global donde la tecnología, la innovación y la resiliencia productiva se han convertido en factores determinantes.
La revisión del acuerdo no sólo definirá las reglas comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá.
También marcará la capacidad de América del Norte para consolidarse como una región competitiva frente al dinamismo industrial de Asia y las nuevas configuraciones del comercio mundial.
Para México, el desafío es claro: transformar su integración comercial en una estrategia de desarrollo científico, tecnológico e industrial de largo plazo.


