Medscape. La presión escolar o académica durante la adolescencia, entendida como la percepción de demandas o expectativas externas desmedidas respecto del desempeño educativo, puede aumentar tanto la probabilidad de depresión como de conductas autolesivas en la transición a la adultez, señaló un estudio longitudinal en The Lancet Child & Adolescent Health sobre 4.714 adolescentes (mujeres: 57,8 %; hombres: 42,2 %) nacidos en Inglaterra entre 1991 y 1992 y evaluados a lo largo de siete años.
El equipo de investigación evaluó la presión académica percibida a los 15 años mediante un cuestionario de experiencias escolares y luego los síntomas de depresión mediante un cuestionario de estado de ánimo y sentimientos en cinco momentos entre los 16 y los 22 años. También valoraron la autolesión en cuatro momentos entre los 16 y los 24 años. Los resultados mostraron que cada aumento de un punto en una escala de presión académica a los 15 se vinculó con aproximadamente 25 % y 8 % mayor probabilidad respectiva de síntomas depresivos o autolesiones, incluso hasta los 22 o 24 años.
«Cierta presión para tener éxito en la escuela puede ser motivadora, pero demasiada presión puede ser abrumadora y perjudicial para la salud mental», comentó en The Guardian la autora principal, Gemma Lewis, Ph. D., epidemióloga psiquiátrica de University College London (UCL), en Londres, Reino Unido.
Una recomendación está dirigida al sistema educativo, incluyendo iniciativas para reducir el estrés de los exámenes, como «intervenciones que mejoran el aprendizaje socioemocional y las habilidades de relajación». También hay implicaciones en el ámbito de la consulta.
«Para el médico pediatra, especialmente en la atención integral del adolescente, resulta fundamental incorporar la evaluación del estrés escolar como parte rutinaria de la consulta, así como identificar señales tempranas, como cambios en el estado de ánimo, alteraciones del sueño, somatizaciones o disminución del rendimiento escolar para poder intervenir de manera oportuna al brindar psicoeducación a las familias, promover expectativas realistas, fomentar hábitos saludables y cuando sea necesario, derivar oportunamente a salud mental», sugirió el Dr. Jesús Hernández Tiscareño, médico adscrito al Hospital de Cardiología del Centro Médico Nacional Siglo XXI y al Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, ambos en Ciudad de México y miembro del comité editorial de Medscape en español.




