IPN cumple 90 años

El Instituto Politécnico Nacional (IPN) cumple 90 años como la casa de estudios que ha acompañado el devenir de México, con miles de egresados de sus aulas

Ingenieros, médicos, contadores, físicos, arquitectos, biólogos, bioquímicos, economistas, administradores y muchos más profesionales han recibido educación en el Politécnico, cuyo ingenio y esfuerzo en el sector público y privado ha contribuido a la construcción de la nación moderna que afronta los grandes desafíos nacionales y globales, con esperanza y un corazón teñido con los colores guinda y blanco.

Las familias mexicanas reconocen a la institución -llamada con cariño “Poli”-, por ofrecer una oportunidad de desarrollo personal y profesional a los jóvenes mexicanos y porque desde su fundación, el 1 de enero de 1936, ayudó, de la mano del entonces Presidente de la República, el General Lázaro Cárdenas del Río, al rescate de la industria petrolera y ahora con el apoyo de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, contribuye con sus profesionales a atender retos mayúsculos en materia de energía, medio ambiente, salud, educación, combate a la pobreza, economía y telecomunicaciones, entre muchos otros.

El Politécnico llega así a su 90 aniversario, bajo el liderazgo de su director general, el doctor Arturo Reyes Sandoval, como una institución con mayor presencia a nivel internacional, dando pasos firmes en los rankings globales, con fortaleza científica, con más unidades académicas, más innovaciones, más proyectos de investigación, más patentes y becas, más egresados de calidad, mayor infraestructura y, sobre todo, con una visión renovada y nuevos bríos, para atender los grandes retos del país.

Son muchas las historias éxito que han surgido en sus 93 unidades académicas, diseminadas en 24 entidades del país. Entre las familias mexicanas es muy común que alguno de sus miembros haya estudiado en el Politécnico. Ahora con una matrícula total -en sus tres niveles: medio superior, superior y posgrado-, que rebasa los 211 mil estudiantes, se consolida como uno de los pilares educativos del país y la institución líder en ciencia, tecnología e innovación de México.

En una gran cantidad de escuelas (de los niveles básico, medio y superior), centros de investigación y universidades del país, hay egresados politécnicos quienes imparten cátedra y comparten su conocimiento, para que las próximas generaciones tracen un futuro más promisorio para la nación. La construcción de presas, carreteras y puentes, además de la operación del sector petrolero y energético, las telecomunicaciones y los aeropuertos, no se podría explicar sin el trabajo y compromiso de los politécnicos.

Sin duda, el General Lázaro Cárdenas, Juan de Dios Bátiz (primer director), Narciso Bassols, Luis Enrique Erro y Carlos Vallejo Márquez (quienes concibieron el sistema de enseñanza técnica en los años treinta de siglo pasado), estarían orgullosos del crecimiento y los beneficios que el Instituto Politécnico Nacional ha generado para el país.

En estas nueve décadas, las marquesinas científicas en México y a nivel internacional han mostrado los nombres de destacados investigadores politécnicos, cuyo trabajo ha sido reconocido a nivel global.

Desde la televisión a color inventada por el ingeniero Guillermo González Camarena; la tinta indeleble creada por el profesor Filiberto Vázquez Dávila, con la que se han pigmentado los pulgares de los mexicanos o el Transferon, producto de muchos años de investigación de la doctora Sonia Mayra Pérez Tapia, que ayuda al tratamiento de diversos padecimientos autoinmunes, infecciosos, crónico-degenerativos y respiratorios, entre otros, son motivo del orgullo politécnico y ejemplo del nivel de investigación que se desarrolla en IPN.

A nueve décadas de su creación, la fuerza científica politécnica es más robusta y sus aportaciones son del más alto nivel. Uno de los logros más importantes es que esta casa de estudios tiene mil 680 científicos inscritos en el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI).

Además, el IPN cuenta con 29 científicos con la distinción de “Investigador Emérito” del SNII, reconocimiento que sólo se otorga a distinguidos creadores por su trayectoria sobresaliente y sus contribuciones fundamentales en la generación de conocimiento científico, humanístico y tecnológico.

En el último trienio, el IPN ha enviado a más de 3 mil estudiantes a las mejores universidades del mundo con su estrategia de Internacionalización, una de las líneas más importantes del plan de trabajo del doctor Arturo Reyes Sandoval, lo cual marca un hito en materia de movilidad académica, al fortalecer el liderazgo de esta casa de estudios a nivel global, para poner en alto a México en los campos de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Mención aparte merece el Programa de Brigadas Multidisciplinarias de Servicio Social a través del cual el IPN envía a los municipios más alejados y con mayores carencias a cientos de estudiantes de los últimos semestres de las carreras de medicina, ingeniería civil, arquitectura, sistemas computacionales y contaduría, entre muchas otras, para apoyar a quienes más lo necesitan.

Otros emblemas del IPN que a lo largo de 90 años se han forjado son el futbol americano con el equipo de las Águilas Blancas; la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional (OSIPN); Canal Once; Radio IPN; el Planetario “Luis Enrique Erro” y el Museo Tezozómoc, entre muchos otros, que seguirán siendo protagonistas en esta gran historia politécnica.

En el “Huélum” se sintetizan los anhelos y hazañas logradas por los politécnicos. Es el grito de la transformación y el alarido de la esperanza, para construir una nación más justa y competitiva.

Noventa años se puede decir fácil, pero la realidad es que implican desvelos, el sudor, el esfuerzo y el compromiso de miles de politécnicos, quienes no sólo llevan en su corazón el burro blanco junto con el engrane, la balanza y el matraz, sino también el águila y la serpiente, símbolo de unidad de todos los mexicanos.

Esta es una muestra clara de que, a 90 años, el IPN sigue más vigente que nunca. Y vamos por más… ¡Huélum!

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